Yaxchilán, escudo jaguar

Para llegar a la zona arqueológica de Yaxchilán, ciudad maya perdida en la jungla de Chiapas hasta el siglo XIX, es necesario cruzar el turbulento río Usumacinta en lancha. Este río de ríos es el más caudaloso de México y riega la reserva de la biosfera más grande de nuestro país, la Selva Lacandona, con 400 mil hectáreas de bosque tropical y 370 mil hectáreas de selva virgen. En este santuario el jaguar se mueve libre, crecen ceibas sagradas de hasta 50 metros de altura, y aún habitan los lacandones, pequeños hijos del sol.

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

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Una ciudad en la selva

El ajetreado trayecto dura aproximadamente una hora. A la izquierda, Frontera Corozal, a la derecha, Guatemala. En ambos lados del Usumacinta la selva es tan espesa que solo se distingue el verde de la floresta. Cocodrilos con sus fauces abiertas descansan en la rivera del río mientras que entre el ramaje alto de los árboles, como pandillas de camorristas, avanzan grupos de monos saraguatos.

La lancha atraca en un rústico muelle. Inicia el recorrido por la zona arqueológica de Yaxchilán, uno de los centros mayas más importantes del Período Clásico de esta civilización. Esta ciudad dominó la cuenca del Usumacinta, venció a Bonampak, y aliada con Piedras Negras y Tikal mantuvo una feroz rivalidad contra Palenque. Alcanzó su máximo apogeo y esplendor en el siglo VIII, bajo el reinado de Escudo Jaguar II, hijo de Pájaro Jaguar III y la Señora Pakal.

Escudo Jaguar II consolidó Yaxchilán como una importante ciudad-estado, incluso superando a Palenque, enfrentó y salió victorioso de una guerra civil, extendió sus fronteras, y su sucesor, Pájaro Jaguar IV continúo con su legado.

Jaguares celestes

Yaxchilán se encuentra rodeada de selva. Enormes ceibas y árboles de maderas preciosas crecen en la Gran Plaza de la ciudad, dividida en la Gran Acrópolis y la Pequeña Acrópolis. Para entrar a la Gran Plaza se accede por el Edifico 19, conocido como el Laberinto, una estructura compleja, maciza, con escalinatas, pasadizos, cámaras y niveles. Posiblemente, debido a sus dimensiones, este edificio fue utilizado por sacerdotes y gobernantes con fines rituales.

En esta zona arqueológica se han recuperado más de un centenar de monumentos escultóricos y estructuras que revelan el poderío de Yaxchilán entre los años 600 y 800 d.C. Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) coinciden que esta ciudad fue recinto de una élite, debido a recientes descubrimientos en la Pequeña Acrópolis, como joyería elaborada en conchas de moluscos provenientes del Caribe y el Golfo de Cortés.

Encontramos en Yaxchilán construcciones de carácter religioso, palacios, juego de pelota y templos, así como un gran número de estelas, relieves e inscripciones que han permitido una cronología de los gobernantes de esta ciudad. La mayoría de estos monolitos fueron erigidos por Pájaro Jaguar IV, preocupado por demostrar su linaje y derecho al trono, como se manifiesta en la Estela 11, donde se representa a Pájaro Jaguar IV intercambiando estandartes con su padre, Escudo Jaguar II.

Una de las estructuras más importantes en Yaxchilán es el Edificio 33. Este palacio es atribuido a Pájaro Jaguar IV, probablemente concluido por su heredero, Escudo Jaguar III. Este recinto se encuentra a unos 60 metros de altura, el ascenso por unas angostas escalinatas no es sencillo. El Edificio 33 tiene una altura de aproximadamente 13 metros, incluyendo la magnífica crestería, cuenta con tres entradas y tres dinteles, cada uno de estos representa a Pájaro Jaguar IV participando en ceremonias rituales. El palacio fue orientado astronómicamente para que durante el solsticio de verano, la luz del sol ilumine la escultura sedente de Pájaro Jaguar IV que se encuentra en el interior. Esta representación del soberano se encuentra decapitada. Una leyenda lacandona dice que cuando la cabeza regrese a su lugar, el mundo será devorado por jaguares celestes.

Además del Edificio 33, también son representativos el Edificio 6, llamado Templo Rojo, santuario en el que aún se celebran ceremonias indígenas, y el Edificio 21, por una estela con decoración de estuco en la cual fueron representados cuatro mujeres y un hombre, junto a un igual número de cabezas de serpiente donde emerge el rostro del dios Tlalóc, divinidad prehispánica relacionada con el agua. Yaxchilán, la ciudad oculta en la selva bajo un cielo dividido

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