El Tajín

El Totonacapan, palabra nativa que puede traducirse como “tierra de los tres corazones”, abarca una superficie de más de cuatro mil kilómetros cuadrados, extendiéndose a través de la Sierra Madre Oriental hasta el Golfo de México.

En el estado de Veracruz comprende una región que incluye la Sierra de Papantla y la planicie costera. Aquí viven más de 100 mil totonacos, luchando por preservar su cultura, costumbres y tradiciones ancestrales. Algunos especialistas ubican el origen de este pueblo en las costas del Golfo de México, otros en la Sierra Norte de Puebla. En el siglo IX, los totonacos edificaron la Ciudad Sagrada de El Tajín. La influencia de este gran centro ceremonial y político se propagó por el Golfo de México, la zona Maya y el Altiplano Central. La supremacía de Tajín, Ciudad del Dios del Trueno, comenzó a declinar en el siglo XII y la metrópoli sería abandonada en el siglo XIII.

Localizada accidentalmente a finales del siglo XVIII, descrita por Alexander Humboldt en el siglo XIX y explorada por Agustín García Vega y José García Payón durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, la Zona Arqueológica de El Tajín - capital política y espiritual del Totonacapan - se encuentra a tan solo unos 8 kilómetros del Pueblo Mágico de Papantla y a 17 kilómetros de la bulliciosa ciudad industrial de Poza Rica. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1992, El Tajín fue el centro urbano más importante de su época, alojando hasta 20 mil habitantes en su etapa de mayor esplendor.

El centro monumental de El Tajín ocupa alrededor de 1.5 kilómetros cuadrados, área en la que tenemos oportunidad de admirar más de 160 estructuras construidas con mampostería, en su mayoría templos, altares, juegos de pelota y palacios, además de grandes plazas acotadas por recintos y desniveles profusamente decorados. Complejos arquitectónicos importantes son la Plaza del Arroyo, Tajín Chico, la Pirámide de Los Nichos, el Juego de Pelota Sur, la Zona Central y la Gran Xicalcoliuhqui. En la entrada de la Zona Arqueológica recomendamos visitar el moderno museo de sitio, diseñado en 1995 por el arquitecto Teodoro González de León.

Seguimos un sendero hacia el sur de la antigua ciudad. Los cenzontles cantan en las enramadas cercanas. Atravesamos la Plaza del Arroyo, delimitada por cuatro basamentos y más adelante nos adentramos por un corredor flanqueado por muros hasta llegar a una de las construcciones más icónicas de El Tajín: la Pirámide de Los Nichos, ubicado entre dos juegos de pelota en la Zona Central. Se trata de un templo ceremonial integrado por seis cuerpos superpuestos, con más de 20 metros de altura y planta cuadrangular de 35 metros por lado. La estructura está adornada con vistosas xicalcoliuhquis o grecas - elemento arquitectónico distintivo de El Tajín, vinculado a Quetzalcoátl, el viento y el movimiento - y 365 nichos. Es posible que estos últimos hayan tenido relación con un calendario de carácter astronómico. Inmersos en una atmósfera selvática, imaginamos a los sacerdotes ascendiendo con sus ofrendas por la escalinata dispuesta en la fachada principal orientada hacia el este.

Próximo a la Pirámide de Los Nichos, y a un costado del Edificio 5 - sólida estructura que atrae la atención por sus característicos templos gemelos -, se encuentra el Juego de Pelota Sur, siendo el más importante de los 17 hasta ahora descubiertos, sus muros adyacentes se encuentran decorados con tableros que exhiben bellos relieves donde la temática predominante es alusiva a la práctica de este ritual. Si recargamos nuestro oído en las piedras, aún podemos escuchar el esfuerzo de los jugadores en la cancha.

Hacia el norte exploramos el Tajín Chico, aquí se construyeron el Juego de Pelota Norte, el más pequeño de la ciudad, el Edificio 1 - en su interior todavía se aprecian restos de murales y pinturas policromadas -, las casas de la clase gobernante y al poniente de la plaza, en la parte más alta, descubrimos el Complejo de las Columnas, palacio del rey Trece Conejo. En el noreste está la Gran Xicalcoliuhqui, una plataforma con dos juegos de pelota. Este conjunto arquitectónico con forma de caracol y 260 nichos, única en Mesoamérica, posiblemente esté relacionado con el culto a Quetzalcóatl.

Desde el año 2000, en la zona arqueológica se celebra Cumbre Tajín, evento en el que coinciden un orgulloso pasado, un presente moderno y un futuro promisorio. También es importante señalar el trabajo del Centro de las Artes Indígenas y el Parque Takilhsukut, a unos 10 minutos de El Tajín, para proteger el patrimonio cultural del pueblo totonaco. Recientemente la UNESCO reconoció esta labor, incluyendo el proyecto del Centro de las Artes Indígenas en la Lista Mundial de Buenas Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.

 

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Michael Peterson 

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