Monte Albán, montaña sagrada al pie del cielo

 Para llegar a Monte Albán, antigua ciudadela zapoteca, construida a más de 300 metros de los valles de esta tierra morena, es necesario subir por un sinuoso camino cuesta arriba que en ciertos tramos ocasiona vértigo. Durante el trayecto es difícil imaginar cómo los zapotecas consiguieron edificar este recinto sagrado que en su momento de mayor esplendor albergó cerca de 35 mil habitantes. Trasladar toneladas de cantera hasta las montañas debió ser una empresa enorme.

 Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

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 Monte Albán en el cerro del jaguar

Alrededor del siglo V a.C. Monte Albán se convirtió en uno de los primeros centros ceremoniales de importancia en toda Mesoamérica. Mantuvo una constante rivalidad con Dainzú en Tlacolula y Mogote en Etla, formó alianzas militares con Tomaltepec y Yagul ambas en los Valles Centrales de Oaxaca, así como fomentó relaciones comerciales con Teotihuacán, ciudad de los dioses en el Estado de México.

 Monte Albán dominó un extenso territorio que iba de los Valles Centrales de Oaxaca hasta las costas del Pacífico y Golfo de México. Para algunos especialistas, la decadencia de Monte Albán entre los siglos VII y IX está relacionada con la caída de Teotihuacán e intensas migraciones.

 Alfonso Caso, arqueólogo mexicano, encabezó las exploraciones realizadas en Monte Albán entre 1931 y 1958, investigaciones coronadas con el descubrimiento en 1932 de los tesoros en el entierro de la Tumba 7, entre los que destacan urnas funerarias, cráneos humanos recubiertos con turquesas y otros esculpidos en cristal de roca, tallas en hueso, jades, obsidianas, ámbar, perlas, adornos de oro y plata, objetos preciosos como la máscara del dios Xipe Totec y los pectorales del Dios de la Muerte y del Dios Sol. El hallazgo de la Tumba 7 en Monte Albán fue considerado uno de los más espectaculares del siglo XX. Estas piezas pueden ahora admirarse en el Museo del Convento de Santo Domingo en la ciudad de Oaxaca.

 Monte Albán, la ciudad de los hombres que vienen de las nubes

 La ciudad de Monte Albán, en el cerro del jaguar o el de las piedras preciosas, fue considerada como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Debido a la cantidad de descubrimientos funerarios y entierros, Monte Albán a menos de diez kilómetros de la ciudad de Oaxaca, ha sido considerada una necrópolis, un mausoleo monumental. Uno de los primeros vestigios que los visitantes encuentran a la izquierda de la Gran Plaza es el de un juego de pelota bien conservado con plataformas en forma de talud muy inclinado, donde se practicaba este ritual de dimensiones cósmicas; en esta zona arqueológica han sido descubiertos varias de estas estructuras ceremoniales, una de ellas con un tamaño de 45 metros de longitud. En el juego de pelota aún se escucha el eco de los guerreros impulsando una pelota hasta el cielo.

 La caminata por la ciudadela es un recorrido a través del tiempo, una época de grandes señoríos. La Gran Plaza, en la que se encuentran estructuras en los lados este y oeste, basamentos, escalinatas, columnas y grandes espacios abiertos, mide aproximadamente unos 400 metros de largo. Todavía es posible percibir los murmullos de una ciudad bulliciosa de artesanos y nobles.

 Al sur y norte de la plaza se encuentran dos magníficas plataformas. La plataforma norte destaca por su monumentalidad, robustas columnas y patio hundido con un nicho ceremonial. La plataforma sur se distingue por los relieves en su basamento como descripciones de campañas militares. Desde lo alto de esta estructura se puede admirar el relieve accidentado de Oaxaca. En la cúspide se siente el poder que ejercía Monte Albán. En la Gran Plaza, uno de los edificios que aún causa discusiones entre los investigadores es el denominado Edificio J con una peculiar forma de flecha. Algunos consideran que se trata de uno de los primeros observatorios astronómicos de la época prehispánica. Las huellas de los astrónomos zapotecas siguen imborrables en la piedra.

 Pero una de las estructuras que caracteriza Monte Albán es el Muro de los Danzantes. En esta galería se encuentran una serie de estelas que en un principio se identificaron con danzantes debido al dinamismo de los personajes representados en los relieves. Sin embargo, recientemente, se considera que en realidad se trata de jefes guerreros sometidos y mutilados por los zapotecas como una muestra de su incuestionable autoridad.

 Visitar Monte Albán es un viaje a través de las nubes. Espacio, luz y tiempo se vuelven tangibles. La piedra se perfila como un punto de encuentro entre la tierra y el cielo. Esto es Monte Albán, la ciudad-puerta entre los hombres y los dioses.

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