Imperio Maya

 La civilización maya se originó hace aproximadamente 3,000 años sobre la zona que hoy ocupan Guatemala, Honduras, El Salvador, y Belice. Siglos más tarde se abrió paso a través de esos territorios selváticos cruzando los ríos Grijalva y Usumacinta para establecerse en los actuales estados de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco, y Yucatán en el sureste de México. A lo largo de casi 2 milenios los mayas construyeron grandes ciudades, suntuosos templos, palacios y observatorios astronómicos, y crearon un vasto imperio que abarcó cerca de 400 mil km2 de territorio. Estudios calculan que en la época de esplendor, alrededor del 900 d.C., el imperio maya contaba con una población rural de 200 habitantes por km2 y en las ciudades unas 800 personas por km2. Esta extraordinaria civilización prosperó durante siglos, hasta que súbitamente, e inexplicablemente, se colapsó.

Michael Peterson, 1 Enero 2014

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 Los orígenes

 Algunos especialistas señalan que posiblemente una serie de migraciones de pueblos provenientes del Petén en Guatemala, donde se encuentran vestigios de ciudades como Nakbé, Mirador y Cival, dieron origen a la civilización maya. Estos grupos se establecieron en el sureste de México y en la Península de Yucatán. Esto explica las distintas tribus mayas, cuya principal diferencia es el dialecto, actualmente se conocen al menos 44 lenguas mayas. Las evidencias arqueológicas demuestran que desde hace unos tres mil años, los mayas comenzaron la construcción de recintos ceremoniales.

 En el llamado Preclásico Tardío (400 a.C. al 150 d.C.) los mayas se establecieron en sitios como Santa Marta, Chiapa de Corzo, Tonalá, Padre Piedra, e Izapa, en Chiapas; Edzná, Xicalango, Tixchel y Santa Rosa, en Campeche; Yaxuná, Ananceh y Dzibilchaltún, en Yucatán. En esta etapa, los mayas comenzaron un intenso comercio con otras poblaciones mesoamericanas y enfrentaron el poderío de Teotihuacán en el altiplano mexicano.

 Los reinos del jaguar

 En el Período Clásico (320 a 387 d.C.) la casta sacerdotal ejerció el poder político, económico, social y cultural. Sin embargo, existía una clase de nobles y guerreros que mantenía el control de las ciudades. Es importante destacar que los reinos mayas vivieron guerras frecuentes. En esta etapa se construyó Comalcalco y Tortuguero, en Tabasco; Palenque, Yaxchilán y Bonampak, en Chiapas; Tulum, Konhunlich y Cobá, en Quintana Roo; Becán, Edzná y Calakmul, en Campeche; Oxkintok, en Yucatán.

 Comalcalco es la ciudad maya más occidental, y fue construida con ladrillos unidos con una mezcla de estuco y conchas de ostión. Esta zona de Tabasco es una importante productora de cacao, cuyas semillas se utilizaron en el intercambio comercial de los pueblos prehispánicos.

 Por otro lado, Cobá, en el noreste de la Península de Yucatán, con una extensión de cerca de 100 km2, y con una población de alrededor de 70 mil habitantes, aumentó su poder político y económico para convertirse en el centro ceremonial más importante de esta época, y así controlar el puerto comercial de Xel-Há, donde llegaban mercancías provenientes de lejanas regiones como Petén y Belice.

Sin embargo, también en este período se encuentran los primeros indicios de constantes guerras. Como ejemplo es la evidente rivalidad entre Palenque, Yaxchilán y Bonampak en la selva de Chiapas. Pero estos conflictos se extendieron hasta el centro de México, desde donde Teotihuacán mantuvo cierto dominio sobre las ciudades mayas controlando el comercio del cacao por medio de la fuerza y la política. Por medio a esta influencia y posterior caída de Teotihuacán, sumada a impactos ecológicos, descontento social, rebeliones y competencia entre clases dirigentes, puede explicarse el colapso de los grandes sitios ceremoniales mayas entre los años 750 y 900 d.C.

 El sol se oculta en el gran Imperio

 En el Posclásico, entre los años 1000 y 1687, abandonados los centros ceremoniales, comenzó una etapa de constantes migraciones de grupos mayas influidos por los nahuas, como es el caso de los putunes o mayas-chontales del sur de Tabasco. Los putunes se establecieron al sur del río Pasión, en la desembocadura del río Grijalva y en el río Candelaria. Posteriormente construyeron puertos comerciales como Xcaret, Polé y Cozumel, en el estado de Quintana Roo.

 Los itzáes, una rama de los putunes, terminaron por controlar los puertos comerciales. Desde Polé, penetraron tierra adentro y conquistaron la región de Chichén, en Yucatán, en el 918. En este territorio levantaron Chichén Itzá. Hacia el 950, los itzáes eran los dueños de la región oriental desde Bacalar hasta Chetumal. En el año 1000, Chichén Itzá formó una alianza con Mayapán y Uxmal. Sin embargo, rivalidades internas provocaron nuevos conflictos. El auge de Chichén Itzá terminó abruptamente en el siglo XIII, los itzáes renunciaron a la ciudad y se internaron en el Petén.

Con el ocaso de Chichén Itzá, Mayapán alcanzó una supremacía que se prolongó hasta 1441. Más tarde, la península de Yucatán se dividió en varios cacicazgos, beligerantes unos contra otros. Así llegó a su fin la sorprendente civilización maya.

Los mayas y su visión del Universo

 Los antiguos mayas provocan fascinación y curiosidad por haber construido imponentes ciudades, con soluciones arquitectónicas novedosas para su tiempo, como la bóveda, y por desarrollar un cuerpo matemático, una compleja escritura jeroglífica y un sistema de medición del tiempo que aunaba el calendario solar de 365 días con precisas mediciones astronómicas.

Los mayas hicieron cálculos exactos de los períodos sinódicos de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, así como los períodos del sol y de la luna, y de estrellas como las Pléyades. Por otro lado, la Vía Láctea era parte central de la cosmogonía maya y la relacionaban con el Xibalbá. Estos conocimientos se encuentran detallados en el Códice Dresde, un auténtico tratado de astronomía.

Como el resto de las civilizaciones, los mayas tenían una visión particular del mundo que los rodeaba. Consideraban que el Universo estaba organizado en tres planos horizontales, donde habitan seres divinos, fuerzas sagradas y acontecen eventos míticos y reales.

Los tres planos de este Universo son la Tierra, lugar separado por árboles sagrados del cielo y del inframundo, destinado para los seres vivos y la humanidad. Los árboles sagrados se encontraban en los cuatro puntos cardinales y uno más en el centro, una ceiba, eje del mundo, cuyas raíces conectaban los nueve niveles del Xibalbá, y sus ramas los trece estratos en los que dividían el cielo.

El Xibalbá o inframundo era considerado el lugar en el que vivían los ancestros eternamente, y en el que desciende el sol para combatir a los Nueve Señores de la Noche o Bolontikú, dirigidos por el Descarnado o Ah Puch. Pero también en este plano tenían origen el agua y las semillas, elementos de vida. El Xibalbá era un sitio destinado al renacimiento.

Todos los días, la deidad solar vencía a las fuerzas del inframundo, entonces emergía nuevamente en el oriente para recorrer los trece niveles del cielo para iluminar a la humanidad. Así como el inframundo está gobernado por Nueve Señores, el cielo era residencia de Oxlahantikú, simultáneamente una y trece deidades. Los trece estratos del cielo eran resguardados por Itzamná, divinidad suprema que coincide con el sol en el cenit.

La visión del mundo de los mayas está escrita en el Popol Vuh, libro sagrado, recopilado en el siglo XVI, donde se narra cómo los dioses decidieron reunirse para crear el Universo: “Primero era mucho silencio, había mucha calma. No había nada que estuviera en pie en toda la tierra, solo existía el mar en reposo y el cielo apacible. Todo era oscuro, solo Tepeu y Gucumatz

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