Atzompa, el esplendor zapoteca

Oaxaca es el estado que alberga el mayor número de sitios arqueológicos en México. Ofrece más de cuatro mil excavaciones registradas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Entre las más destacadas internacionalmente figuran zonas como Mitla, y Monte Albán. Ahora la recién inaugurada Atzompa, antigua ciudad de nobles y sacerdotes, compite en importancia con otras como la majestuosa Chichén Itzá, en Yucatán.

Michael Peterson, 1 Enero 2014

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Revelando los secretos de Atzompa

El proyecto arqueológico de Atzompa, expresión pre-Colombina que traducida puede significar "en la cumbre del agua", oficialmente arrancó en el año 2007. Pero sus inicios datan desde mucho antes. Se remontan décadas atrás cuando Jorge Acosta, quien antes había sido miembro del equipo de Antonio Caso que descubrió los tesoros de la Tumba 7 de Monte Albán en 1932, comenzaba a explorar por su cuenta los palacios cercanos de esa secreta zona escondida entre arboles de guaje, pirules, zapotes y pochotles, y la frondosa jungla Maya.

Las ruinas de Atzompa en la cima del Cerro El Bonete, se localizan a 8 kilómetros al norte de Monte Albán, en el poblado de Santa María Atzompa cercano a la ciudad de Oaxaca. Esta población es famosa por sus fiestas de calendas, su alfarería de cerámica verde vidriada y grandes cazuelas de barro para festejos, que llaman apaxtles.

 Atzompa fue formalmente abierta al público después de seis desafiantes años de trabajos de rescate y restauración. Esta zona arqueológica es un componente urbano del majestuoso polígono de Monte Albán y constituye una joya cultural de incalculable valor histórico. Fue designada Patrimonio de la Humanidad en 1987, y recibe más de 700 mil visitantes al año.

Para la arqueóloga Nelly Robles García, egresada del INAH y doctorada en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, la gran importancia de Atzompa "radica en que, a través de su puntual trabajo de exploración, se alcanzan a comprender las razones del crecimiento de Monte Albán. Los hallazgos en Atzompa nos explican el alcance de la expansión y consolidación del sistema centralizado de control que Monte Albán ejercía sobre el resto de los sitios zapotecos en lo que hoy es Oaxaca. En la misma forma nos abre nuevas perspectivas de investigación para integrar al análisis espacial de la ciudad en sus distintas épocas".

Para desenterrar los secretos de Atzompa se requirió de la colaboración de entidades gubernamentales y privadas. El INAH invirtió 30 millones de pesos en exploración y trabajos de restauración, mientras que la Secretaria de Desarrollo Social (SEDESOL), a través de su programa Hábitat, proporcionó para la construcción de infraestructura 10 millones de pesos adicionales, de los cuales la Fundación Harp Helú contribuyó con el 30%.

Por su parte, el Gobierno de Oaxaca colaboró con la construcción de un camino, a un costo de 12 millones de pesos, y la Comisión de Derechos Indígenas (CDI) aportó con 1.5 millones de pesos para la construcción de un Museo Comunitario donde se albergan 140 piezas prehispánicas descubiertas en la zona.

El conjunto monumental de Atzompa, posiblemente fundado en el año 650 y abandonado en el 850, exhibe un núcleo dividido en cuatro terrazas principales. Dentro de la zona se han localizado y documentado 438 terrazas habitacionales, 30 montículos, 13 plazas, un adoratorio, y 3 juegos de pelota, uno de los cuales mide 45 m de largo por 22 m de ancho. Sus 2 palacios, la Casa Oriente y la Casa de los Altares, sus 8 unidades habitacionales y sectores de cantera de roca para la construcción del sitio, convierten este conjunto en el segundo más grande de los Valles Centrales.

El descubrimiento de un horno para cerámica y un complejo funerario zapoteco compuesto por tres cámaras mortuorias, también reveló importantes aspectos de la vida intima de sus habitantes. Una de estas recamaras se encuentra bellamente decorada con pinturas murales relacionadas con el juego de pelota. En el interior de las tumbas, además de valiosas ofrendas, urnas y vasijas, se hallaron los restos de un alto personaje.

El Entierro Real en Atzompa

El entierro acompañado de una ofrenda de un alto personaje zapoteca, fue descubierto por los arqueólogos que exploraban la tercera tumba de Atzompa, en la Estructura 6. Después del hallazgo de un complejo funerario inédito, compuesto por tres cámaras mortuorias, comparable con el recinto funerario de Pakal en Palenque, Chiapas, los investigadores consiguieron entrar al tercer sepulcro, donde encontraron una vasija roja con un rostro humano. A diferencia de otros espacios mortuorios vaciados o cancelados, este conservó restos humanos y una ofrenda en excelente estado.

La Cámara Uno, con una dimensión de 2.5 m de ancho por 1.80 m de altura en su parte más alta y 4.5 m de profundidad, cuenta con un techo abovedado construido con enormes lajas apoyadas sobre los muros. Estos muros de piedra careada presentan restos de estuco. Se encontraron nichos en cada lado de la bóveda.

Se trata seguramente de la cámara más antigua de la estructura funeraria, rellenada con capas intercaladas de tierra y piedras para conservar los elementos depositados. En el interior se encontraron restos óseos de vértebras, costillas, huesos de la mano, esternón, pelvis y cráneo, lo que sugiere que puede tratarse de un individuo adulto del sexo masculino.

Se halló también un cráneo fragmentado junto con un recipiente tubular negro y un cajete, colocados como ofrenda a un lado de la osamenta principal. En el fondo de la tumba se encontró una urna antropomorfa de barro, decorada con un personaje ataviado con orejeras y tocado. Esta pieza destaca porque permite apreciar el pigmento rojo que se usó para su decoración, posiblemente extraído del cinabrio o de la hematita.

Bajo el techado de losas de la Cámara Dos se descubrieron pinturas murales relacionadas con el juego de pelota. La delicada obra mural consta de una cenefa enmarcada por dos líneas en color azul que delimitan el espacio espiritual del juego de pelota, como representación sagrada del movimiento de los astros. Pequeños círculos blancos con puntos y líneas curvas representan la pelota que se utilizaba. Al fondo se aprecian glifos con la parte central parcialmente destruida. Los especialistas sospechan que se habría escrito el nombre del personaje que ocupó el sepulcro.

La tercera tumba fue edificada con bloques de piedra y se encuentra en un nivel más bajo. Muestra un techo-bóveda elaborado con losas recargadas en una especie de cornisa del muro. En el interior de la bóveda se encontraron vestigios de pintura mural y una laja de piedra que tal vez utilizaron como puerta al sepulcro.

En un principio la estructura solo contenía un sepulcro. Pero el crecimiento poblacional de Atzompa llevó a la construcción de otras dos tumbas. Una vez terminadas, sellaron el primer espacio y construyeron una escalinata de acceso a las cámaras posteriores. La trascendencia de este complejo funerario, con más de 1,100 años de antigüedad, reside en su proximidad con uno de los palacios más importantes de Atzompa, la llamada Casa de los Altares.

Zonas arqueológicas en Oaxaca

En el año 2012, se abrieron siete nuevas zonas arqueológicas en nuestro país. Pahñú, en Hidalgo; San Miguelito, en Quintana Roo; Tecoaque, en Tlaxcala; Lagartero e Iglesia Vieja, en Chiapas; El Córporo, en Guanajuato, y Atzompa, en Oaxaca. Estas zonas amplían el conocimiento que se posee sobre las culturas prehispánicas que poblaron México, y representan destacados destinos culturales que aprovechados adecuadamente pueden convertirse en motores para el desarrollo humano y social de sus comunidades.

En Oaxaca existen más de cuatro mil sitios arqueológicos, según datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Entre ellos destacan Monte Albán y Mitla, pero también de gran importancia son la recién inaugurada Atzompa, San José el Mogote, considerado uno de los asentamientos más significativos en el Valle de Etla, Yagul, en el Valle de Tlacolula; Lambityeco, en el sureste de Oaxaca; Zaachila, última capital de los señoríos zapotecas; Guiengola, centro político zapoteco en el Istmo; Cerro de la Camapana, en Suchilquitongo, y Dainzú, contemporánea de Monte Albán.

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