Fiestas de la Candelaria en Tlacotalpan

Por Alejandro Aguilar

Alegres fandangos y sones, pícaros decimeros y versadores, coloridas cabalgatas, deliciosa gastronomía tradicional y amenos paseos en lancha son solo algunas de las diversas posibilidades que se pueden disfrutar durante las Fiestas de la Candelaria en Tlacotalpan, Pueblo Mágico en el estado de Veracruz y Patrimonio de la Humanidad.

  

Como expresa Josefa Murillo en su poema “Contrastes”, oriunda de este pintoresco poblado, el gozo de saber hacia dónde nos dirigimos resulta en una promesa para los sentidos, mismos que se ven recompensados durante las celebraciones que tienen lugar del 31 de enero al 9 de febrero en honor de la Virgen de la Candelaria, patrona de Tlacotalpan.

Desde hace más de un siglo, habitantes y visitantes se dan cita el 31 de enero para dar inicio a las festividades con una cabalgata que parte de la entrada del pueblo en el Puente García. En sus inicios la cabalgata estaba integrada por los trabajadores de las diferentes haciendas que se reunían con los habitantes del pueblo para solicitar y agradecer a la Virgen de la Candelaria sus bendiciones. Ahora la cabalgata reúne principalmente niños y jóvenes que portan el traje de gala de los jarochos, siendo más de 200 jinetes los que recorren los barrios de Tlacotalpan.

Para las mujeres, lucir el vestido de jarocha es todo un ritual, transmitido de generación en generación. No se trata solo de vestirse para la ocasión. La jarocha es asistida para vestir cada una de las diferentes prendas que conforman el traje, incluyendo un delantal y rebozo, rematado con joyas familiares como anillos, collares, prendedores, un abanico, un camafeo y una peineta de carey con incrustaciones de oro y piedras preciosas. La peineta acompaña a un trenzado de cabello especial de origen indígena que recuerda y mantiene presente la mezcla cultural y de raza entre españoles, afroantillanos y los diferentes grupos indígenas de la región.

La música y las décimas son el sello de ésta región. Hay quienes sostienen que el “son jarocho” nace en las calles de Tlacotalpan. Durante estos días, se realizan encuentros de jaraneros, grupos musicales conformados por arpas o requintos, jaranas, pandero y charrascas. Los sones comienzan por la tarde y duran hasta ya entrada la madrugada. Entre grupo y grupo hacen su aparición decimeros y repentistas que deleitan a los presentes con versos dedicados a grandes personalidades del pueblo, a la vida, al amor y a la picardía mexicana. Los repentistas son improvisadores que componen décimas al momento, inspirados por lo que sus ojos y oídos perciben en el ambiente.

  

El primer día de febrero se caracteriza por los toros. Por la mañana diferentes pescadores libran una regata que cruza el río Papaloapan, el equipo ganador tiene el derecho de cruzar a los toros de una de las orillas del río y conducirlos hasta las calles del pueblo. Este año los toros fueron transportados en un enorme corral flotante sobre una panga, evitando así que el animal fuera maltratado como sucedía en años anteriores. Además, las actividades con los toros fueron supervisadas por veterinarios de la Secretaría de Medio Ambiente quienes se aseguraron que ningún toro resultara lastimado durante las celebraciones.

Para el 2 de febrero, Día de la Candelaria, las atenciones se las roba el paseo de la Virgen de la Candelaria. La patrona sale de la iglesia en una procesión por las calles del pueblo para ser llevada al “chalan”, una panga bellamente adornada con flores. Una vez arriba, la Virgen recorre el río Papaloapan escoltada por más de 50 embarcaciones. Visitantes, extranjeros, personas de comunidades cercanas, rezos y cantos la acompañan. La gente pide bendiciones, prosperidad y que el río no se desborde durante el año que comienza.

Ya en tierra, se puede disfrutar de la gastronomía típica del lugar: picaditas (tortilla pellizcada acompañada de salsa y guisos), mojarra frita, ropa vieja, chilpachole de jaiba, tortitas de tismiche (hueva pescado o camarón), una gran variedad de platillos con mariscos, tamal de masa con acuyo, dulces artesanales de almendra y leche, empanadas de guayaba, gorditas de anís, los tradicionales toritos (aguardiente con fruta de temporada), nanches curtidos, las nieves de coco o las glorias que son raspados con jarabes de fruta, plátano y leche condensada y el popo, una bebida fría espumosa de cacao son sólo algunas de las exquisiteces que ofrece la cocina tlacotalpeña.

Tlacotalpan es un destino que puede visitarse en cualquier época del año y disfrutar de sus casas con fachadas coloridas y soleados corredores para salir a refrescarse por las tardes. Sus calles nos regalan fandangos interpretados por  jaraneros y soneros reunidos alrededor de una tarima y sobre el tablado, las jarochas acompañan cada melodía con su característico zapateado y sus trajes llenos de color e historia. Cuna de Agustín Lara, uno de los grandes compositores mexicanos del siglo pasado, y de un gran número de poetas, compositores, soneros y jaraneros reconocidos a nivel mundial, Tlacotalpan  es un destino que nos toca el corazón y nos hace volver una y otra vez.

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