Montañas Sagradas

Tepoztlán, vocablo náhuatl que puede traducirse como "lugar del hacha de cobre" se encuentra a 74 kilómetros de la Ciudad de México y a 17 kilómetros de Cuernavaca, capital del Estado de Morelos. Es un refugio entre montañas sagradas. Los cerros, cuevas, cañadas y valles de este lugar aún son considerados residencias de los antiguos dioses.

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

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La montaña sagrada.

Los cerros de Tepoztlán se encuentran en la ladera sur de la Sierra del Ajusco. Los visitantes pueden practicar el senderismo por alguno de los caminos secretos que conocen bien los guías de la región. Una de las rutas recomendables es a través del Cerro de la Luz, llamado así por su característico brillo nocturno. Se trata de un ascenso entre encinos, brotes de orquídeas y amates centenarios, árbol endémico de la región, con el cual se elaboran hermosas piezas de arte.

A lo largo del camino nos encontramos con senderos que nos llevan entre la montaña, hasta llegar a un mirador a 1700 metros de altura , desde donde podemos apreciar el valle y los magníficos cerros, así como la pirámide construida en las alturas entre 1150 y 1350.

La pirámide del Tepozteco

El descenso a las escaleras que llevan a la pirámide dedicada a Ometochtli-Tepoztécatl, divinidad relacionada con la fertilidad y con el viento, es una aventura por una vereda angosta, atravesando corredores labrados por la naturaleza. El recinto no es muy grande, pero su arquitectura, decoración rupestre y lápidas resultan sorprendentes al pensar cómo hicieron los tepoztecos para erigir este santuario en lo alto de la montaña. Anualmente, cada 8 de septiembre, los habitantes de Tepoztlán presentan ofrendas en las cuevas cercanas para conmemorar una de sus fiestas más importantes: el reto del Rey Tepozteco, quien debió enfrentar a los caciques vecinos al tomar la decisión de convertirse a la religión de los conquistadores españoles.

Tepoztlán mágico

Desde la época prehispánica, Tepoztlán ha sido considerado un lugar donde se sanan el cuerpo y espíritu. Los soberanos mexicas acostumbraban bañarse en sus ríos y consultar a los chamanes tepoztecas. Esta tradición aún se conserva en pueblos como Amatlán, donde se pueden encontrar curanderos que continúan utilizando hierbas medicinales. Los senderos de Amatlán, cubiertos de amates y ciruelos, son considerados mágicos.

Leyendas y mitos abundan en cada uno de los barrios de Tepoztlán. Cada barrio se identifica con un animal protector, por ejemplo, San Sebastián, que cuenta con una hermosa iglesia del siglo XVI, recientemente remozada, es protegido por el alacrán. También se asegura que Tepoztlán ha sido refugio de revolucionarios, entre estos, Emiliano Zapata y Ernesto el Ché Guevara. Su atmósfera mágica y apacible ha seducido a intelectuales y artistas, como Carlos Pellicer, escritor tabasqueño, llamado el poeta de América, quien compró una casa en esta ciudad y donó su colección de arte prehispánico a la comunidad de Tepoztlán. Estas piezas forman ahora parte de la colección del Museo Carlos Pellicer, a espaldas de la iglesia de la Natividad, templo construido por los dominicos en el siglo XVI.

Entre orquídeas y bugambilias

La iglesia de la Natividad se encuentra en el corazón de Tepoztlán. Anualmente su entrada principal es renovada con murales elaborados con semillas diversas. La elaboración de estos murales puede durar semanas. El interior del templo dominico está decorado con hermosos frescos coloniales que describen la vida monacal. Además de la Natividad y San Sebastián, otro recinto religioso importante es la iglesia de La Santísima, construida por Martín Cortés, hijo del Conquistador. Este templo fue edificado en lo que era el patio de la casa del soldado español.

Tepoztlán, un oasis

Sin duda es esta atmósfera plena de magia, entrañable, donde las bugambilias florecen todo el año y las orquídeas abren en invierno, que ha seducido a los corazones enamorados en busca de un lugar propicio para unir sus vidas. Como en los bellos jardines de Casa Bugambilia. Tepoztlán es visitado por viajeros ansiosos de reencontrarse consigo mismos en un espacio de tranquilidad y reflexión. Hoteles como El Hostal de la Luz, clasificado como categoría especial, en Amatlán, y el Nilayam, con habitaciones temáticas, en Tepoztlán. En el primero se esmeran por sanar el cuerpo y el espíritu con métodos holísticos que incluyen desde un baño en temascal hasta una sesión de meditación yoga. En el segundo, el disfrute de un cuerpo renovado con tratamientos que pueden ir de un baño con chocolate hasta uno con vino. La mayoría de los hoteles de este destino cuentan con servicios modernos de spa. Tepoztlán es aventura, seducción, tranquilidad, un espacio sagrado entre las montañas. Un refugio entre bugambilias y orquídeas.

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