La parroquia de Santa Prisca, maravilla del barroco mexicano

La parroquia de Santa Prisca – patrona de las tormentas que detuvo con sus manos unos relámpagos que amenazaban con destruir el santuario, según cuenta una leyenda local – es una de las pocas construcciones coloniales que aún conserva su estructura original y ornamentos.

Actualmente se encuentra en proceso de restauración, debido a daños menores que sufrió en su estructura durante el sismo del 19 de septiembre de 2017; la recuperación podría durar un año y los especialistas estiman una inversión de ocho millones de pesos para concluir los trabajos.

La edificación de la parroquia en el pueblo de Taxco, en el norte del estado de Guerrero, fue financiada en su totalidad por José Borda y estuvo a cargo del arquitecto Cayetano Sigüenza. La construcción inició en 1751 y finalizó en 1758 – tiempo récord si consideramos las dimensiones del templo –.  El resultado fue, en palabras de Francisco de la Maza, “el ejemplo más completo del barroco mexicano. La única obra, entre las grandes creaciones del siglo XVIII, que permanece intacta y que fue terminada en la época con todos sus detalles”.     

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Lo primero que atraerá tu mirada serán las altas torres, profusamente adornadas, majestuosas desde cualquier ángulo del poblado; luego, la cúpula mayor, revestida con azulejos y exhibiendo una gran estrella en el centro, y la cúpula menor de la capilla de Jesús Nazareno. Tendrás que tomarte un tiempo para admirar el conjunto ornamental exterior de la portada principal: descubrirás escenas en relieve de la vida de Jesús, a los lados Santa Prisca y San Sebastián, flanqueando el pórtico San Pedro y San Pablo, y como remate, la imagen de la Inmaculada Concepción.

En el interior de la parroquia encontrarás altares dorados sobre cantera rosa y madera policroma que te conducirán hasta el retablo mayor, suma de toda la riqueza y magnificencia estética: en el centro la Inmaculada Concepción, Santa Prisca y San Sebastián, teólogos, santos, iconos papales y en la cúspide el Padre Eterno. Muy recomendable también es el órgano monumental con 250 flautas, único en el mundo, y contemplar los exquisitos retablos con hoja de oro – atribuidos a Vicente Balbás – que en su conjunto presentan una unidad para ilustrar sobre temas religiosos y bíblicos, y los óleos de  Miguel Cabrera, máximo exponente de la pintura barroca del virreinato.

 Por Eliseo Diego

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