Tlalpujahua; de la mina a las esferas

Tlalpujahua, ubicado en la zona montañosa en el oriente del estado de  Michoacán, a menos de dos horas de Morelia por la Autopista de Occidente y a casi tres horas de la ciudad de México por la Autopista Bicentenario-Atlacomulco, es uno de esos poblados difíciles de olvidar, no por nada fue nombrado Pueblo Mágico en 2005 y ahora forma parte de la Ruta Pueblos Mágicos Mineros, junto con Angangueo y El Oro.

 

Se distingue por sus calles empinadas, plazas como miradores, pintorescas casas, una vista con espectaculares paisajes boscosos y maravillosos  monumentos coloniales. Pasear por el pueblo y conocer sus sitios históricos nos regresa a un entrañable pasado.

Además ofrece actividades y atractivos para todos los gustos. ¿Te interesan los pueblos coloniales ricos en historia? ¡Visita Tlalpujahua! ¿Lo tuyo es la naturaleza y la aventura? ¡Tlalpujahua! ¿El arte? ¿La diversión? ¡Por supuesto, Tlalpujahua!

Su gente es amable y recibe a los visitantes con alegría. No es casual esta generosidad: la ayuda recíproca entre sus habitantes ha sido determinante para sobreponerse a catástrofes naturales – como la inundación de 1937 – y renacer de las ruinas muchas veces. A pesar de las adversidades, el pueblo fue alguna vez uno de los tres principales productores de oro a nivel mundial y actualmente es el más importante productor de esferas artesanales, una labor que cuenta con reconocimiento internacional.

Un mundo redondo y festivo

Desde su fundación en el siglo XVI, Tlalpujahua tuvo una vocación minera, pero en los primeros años del siglo XX esta industria cayó y parecía que el pueblo estaba destinado a desaparecer. Sin embargo en los años sesenta Joaquín Muñoz Orta regresa de los Estados Unidos, extrañando su terruño natal, e instala el primer taller de esferas artesanales.

Hoy en día, unas 400 familias se dedican a este trabajo con una producción anual que oscila entre 40 y 60 millones de piezas. Las esferas artesanales de Tlalpujahua son consideradas las más bonitas del mundo y se exportan a Estados Unidos, Canadá, Francia, Inglaterra y Singapur, y han adornado los árboles de Navidad de sitios tan emblemáticos como el Vaticano y la Casa Blanca.

Un sólo taller familiar elabora más de cien mil esferas artesanales y una de las principales fábricas más de 38 millones. Por eso, en los últimos meses del año, donde uno mire encontrará esferas navideñas: plateadas, rojas, verdes, estriadas, con caritas, aplastadas, en espiral, transparentes. ¡La imaginación de los artesanos no tiene límites! Una buena ocasión para admirar la variedad de estos adornos es la Feria de la Esfera en el Auditorio y explanada Hermanos López Rayón de Tlalpujahua, muestra artesanal que recibe a unos 500 mil visitantes entre los meses de octubre y diciembre. 

 

Visitamos el taller de la familia Valdés Mora para conocer el proceso de elaboración de las esferas – los talleres artesanales dedican ocho meses para la producción  de las piezas –. La fabricación de las esferas puede parecer sencilla, pero eso solo es apariencia. Se trata de un oficio que cuida hasta el más mínimo detalle: primero se calienta un tubo de vidrio – de aproximadamente un metro de largo e importado de Brasil, pues este material no se produce en México– el calor vuelve maleable el vidrio y se emplean segmentos del tubo original. El artesano manipula el tubo, consigue uno más angosto y lo corta de acuerdo al tamaño de la esfera que tiene en mente. Luego sopla por el otro extremo hasta conseguir una burbuja o la forma deseada. Todo el tiempo se mantiene bajo el calor la esfera y cuando está satisfecho deja enfriar la pieza El resultado es casi la esfera que conocemos y que adornará nuestro árbol navideño, sólo que completamente transparente.

Luego sigue el terminado en plata, etapa en que las esferas adquieren un acabado de espejo. Después se sumergen en agua caliente, aparte se prepara una solución con cloruro de plata. Las piezas se sacan del agua caliente y se depositan en la solución.

“Como las esferas están calientes, absorben la solución y quedan platinadas” nos explican. Ahora ya pueden pintarse. La pintura es a mano y los diseños son creados por los artesanos. Los trabajadores más experimentados pueden elaborar en un ratito hasta cinco esferas. La elaboración de las esferas artesanales conjuga habilidad y destreza, un espectáculo que atrae a los visitantes.

Pero no todo son esferas, los artesanos también trabajan delicados objetos de vidrio soplado para la ornamentación y el disfrute de la mirada. A decir verdad, no es fácil salir con las manos vacías de Tlalpujahua, pues sus artistas son diestros labrando cantera, moldeando el barro, tejiendo el popotillo, pintando paisajes valiéndose del arte plumario – arte de origen prehispánico – y diseñando bellas piezas de orfebrería.

 

 

Para visitar en Tlalpujahua

Recomendamos conocer la Mina Dos Estrellas – a principios del siglo XX fue la más importante productora de oro y plata del país – ahora convertida en Museo Tecnológico. En este lugar se conservan las edificaciones originales, cuenta con espacios recreativos, tiendas de suvenires y ofrece recorridos a las minas.  Tampoco puedes dejar  de conocer el Museo Hermanos López Rayón, el Parque Nacional Rayón o Campo del Gallo, el Santuario y Convento de Nuestra Señora del Carmen, el tradicional Barrio de El Carmen, el Templo de Tlalpujahuilla, la Presa Brockman y la Reserva de Biosfera de la Mariposa Monarca en Sierra Chincua, a poco más de 20 kilómetros del Pueblo Mágico de Tlalpujahua.

 

 

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