La blanca Mérida, crisol maya.

Mérida, capital del estado de Yucatán, ha consolidado su marca como destino turístico gracias a su cercanía a zonas arqueológicas como Chichén Itzá y Dzibilchaltún, espectáculos naturales como las colonias de flamencos en Ría Celestún, productos turísticos como la Ruta de los Cenotes y la Ruta de las Haciendas, la reciente renovación de su Centro Histórico, sede de eventos internacionales como el último Festival Internacional de las Luces (FILUX) y la estrategia de promoción con motivo de su nombramiento por segunda ocasión como Capital Americana de la Cultura.

El año pasado, Mérida – llamada la ciudad blanca por sus casas construidas con piedra caliza – recibió más de un millón 260 mil visitantes, atraídos por las recomendaciones de medios especializados como “The Guardian”, “Forbes” y “Lonely Planet” que la incluyeron en sus listas como uno de los destinos obligados para sus lectores en 2017, sin dejar de mencionar su galardón como el Mejor Destino Gourmet de México, otorgado por los Food Travel Readers Award. 

Actualmente, la capital yucateca cuenta con 17 hoteles nuevos y nueve en ampliación, ofertando mil 300 habitaciones adicionales que se suman a las más de ocho mil anteriores, y el próximo año inaugurará su nuevo Centro Internacional de Congresos en la Zona Hotelera, con una inversión de mil 200 millones de pesos, una superficie de 25 mil metros cuadrados, 55 mil de construcción, capacidad para atender a 500 mil personas y un cenote natural dentro del perímetro.

 

 

Descubriendo Mérida.

Iniciemos nuestro recorrido en la Plaza Grande de Mérida –  ciudad fundada en el siglo XVI por Francisco de Montejo y León –, refrescándonos primero con una deliciosa horchata de coco. Visitamos el Museo Casa Montejo, histórico monumento del siglo XVI, cuya fachada es una obra maestra del plateresco mexicano – desde 1981 forma parte del patrimonio del Banco Nacional de México –, seguimos hacia el Palacio de Gobierno, edificio del siglo XIX de estilo ecléctico clasista, decorado con murales de Fernando Castro Pacheco, uno de los más grandes artistas de Yucatán, y concluimos en la Catedral de San Ildefonso, la más antigua de México y la primera en toda América. Es importante señalar que el Centro Histórico de Mérida es el segundo más grande del país.

Descansamos un momento en uno de los jardines de la Plaza Grande. Luego del merecido break, experimentamos una de las formas más agradables para conocer Mérida: subiéndonos a una tradicional calesa. El trayecto inicia en la Calle 60 y se extiende hasta el Paseo Montejo, avenida principal con una extensión de más de cinco kilómetros.

Algunos de los lugares que se incluyen en este paseo son el Parque Hidalgo, frente al Templo de la Compañía de Jesús, a unos metros de la Plaza Grande y del bello Teatro Peón Contreras, el Parque Santa Lucía y el Parque Santa Ana, el primero dedicado a honrar a los intérpretes de la trova yucateca – todos los jueves se presentan serenatas en este espacio –, y el segundo se distingue por su peculiar iglesia y los tianguis artesanales y gastronómicos instalados en la plazuela.

Además de Santa Lucía, otro espacio en el que se respira el romanticismo de la trova yucateca es la Plaza Grande. Esta expresión musical interpretada generalmente por tríos – como “Los Panchos” o “Los Montejo” –, tiene sus orígenes en Cuba, celebra la belleza de la mujer y enaltece al amor. Su época dorada fue entre los años veinte y cincuenta, con inolvidables composiciones escritas por auténticos poetas como Guty Cárdenas, Ricardo López, Ricardo Palmerín y José Peón Contreras. Hoy, la trova yucateca es considerada un tesoro nacional viviente. Los invitamos para conocer un poco más de su historia, visitar el Museo de la Canción Yucateca en el barrio de la Mejorada, instalado en un bello edificio de principios del siglo XX e inaugurado en 1978.

El mercado del barrio de Santa Ana es una excelente opción para saborear la extensa gastronomía yucateca: la salsa de chile habanero con cebolla morada, la sopa de lima, la cochinita pibil, el frijol con puerco, los papadzules, el pan de cazón, los panuchos y los salbutes. ¡Y de postre unas Marquesitas! ¡Para chuparse los dedos!

La cocina yucateca se distingue del resto de la gastronomía mexicana por su sincretismo cultural, resultado del mestizaje entre mayas y españoles durante el periodo colonial. Esta afortunada particularidad y la conjunción en ollas y cazuelas de condimentos y especias como la pepita de calabaza, el orégano, la cebolla morada, la naranja agria, el chile dulce, la lima, el achiote, el chile xcatic, el chile habanero, el chile max y el cilantro, caracterizan ese sazón tan especial en la deliciosa comida de la tierra del faisán y del venado.

El calor aprieta y es buen momento para beber una Montejo bien fría – la Cervecería Yucateca, productora de esta cerveza, se fundó en 1900 y desde hace 32 años forma parte del Grupo Modelo que la comercializa en todo el mundo –. También recomendamos probar el Xtabentún, licor artesanal de origen maya.

El calesero continúa por Paseo Montejo, ubicado en el noroeste de la Plaza Grande. A finales del siglo XIX y principios del XX, Yucatán era un territorio próspero gracias a la explotación del henequén: “El Oro Verde”. Esta riqueza se expresó en los palacios y casonas construidas en esta avenida, como las Casa Gemelas, ambas idénticas y de estilo afrancesado, la Quinta Montes Molina, antes conocida como Villa Beatriz, y el Palacio Cantón, uno de los más hermosos edificios que se caracteriza por su arquitectura ecléctica estilo Beaux Arts, muy de moda durante la Belle Epoque en Europa y el Porfiriato en México – hoy alberga el importante Museo Regional de Antropología de Yucatán –. También nos encontramos con varios monumentos de personajes ilustres y terminamos en la Glorieta del Monumento a la Patria, obra del autor Rómulo Rozo Peña. Un altar esculpido en roca, símbolo de la mexicanidad del pueblo yucateco.

Aproveche, tome un taxi, siga por Ampliación Paseo Montejo hacia el norte, hasta el centro comercial Gran Plaza y visite el Gran Museo de la Cultura Maya, recinto inaugurado en 2012, construido con una inversión de 773 millones de pesos, cuenta con 17 mil 700 metros cuadrados y cuatro mil 650 corresponde a áreas de exhibición.

Ya por la tarde, nos integramos a un grupo para seguir la Ruta Nocturna de los Barrios de Mérida en Turibús – servicio solo disponible en este horario durante temporadas vacacionales –. El autobús turístico sale de la Catedral de San Ildefonso hacia los barrios de Santa Lucía, Santa Ana, la Mejorada, San Cristóbal, Ermita, San Sebastián y Santiago. El tour tiene una duración aproximada de dos horas y es una manera muy original de descubrir sitios mágicos y encantadores.

Por supuesto no podemos dejar de mencionar las jaranas y las vaquerías, las blancas guayaberas de lino confeccionadas en Casa Presuel, los coloridos ternos yucatecos, las hamacas, la exquisita filigrana y las artesanías populares que pueden adquirirse en el Mercado García Rejón. ¡Vivir Mérida es vivir México!

  

   

 

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