Casa de los Guerreros

Ulises Guzmán Rosales, 1 Enero 2014

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El Cerro de los ídolos y las águilas

En el oeste del pueblo de Malinalco, en las agrestes faldas del Cerro de los ídolos, se encuentra la entrada del Cuauhtinchan. Para este asenso, sugerimos ropa y calzado adecuados, y contactar a los Vigías del Patrimonio Cultural de Malinalco, certificados por CONACULTA, grupo que preserva y promueve el patrimonio cultural de este destino.

Para llegar a la zona arqueológica, subimos por una escalinata de piedra con 400 escalones, elevándose hasta una altura de más 120 metros. Nos abrimos paso a través de la floresta jaspeada con los colores dorados y ocres del otoño. Escuchamos los sonidos de los insectos de montaña. Durante la travesía descubrimos un par de miradores que nos ofrecen una espectacular vista de Malinalco. Vamos llegando a la cima, súbitamente nos encontramos ante las monumentales estructuras talladas en piedra.

En el pasado, el Cuauhtinchan era una escuela militar, centro sagrado, atalaya y aduana comercial. Este complejo ceremonial se distingue por conservar una de las construcciones prehispánicas más importantes del mundo: un templo monolítico conocido como el Cuauhcalli, Casa de las Águilas.

El Cuauhtinchan, construido en 1501 por el gobernante mexica Ahuítzotl, servía como puesto de vigilancia, debido a su posición estratégica que permitía observar todos los caminos que unían a las diferentes poblaciones con Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca. También funcionaba como centro de entrenamiento militar donde se formaban guerreros, en sus grandes explanadas los aspirantes practicaban combates y técnicas de guerra, mientras en otros recintos aprendían el arte de gobernar.

El Cuauhcalli es un templo trunco de trece escalones, enmarcados por dos alfardas de estilo mexica y techo de palma, el original estaba confeccionado con tallos de la flor de malimalli, nativa de la región. La fachada principal representa las fauces de una serpiente, custodiando la entrada dos esculturas, una simboliza un jaguar, antiguamente decorado con amarillo e incrustaciones de tezontle, y otra con la figura de una serpiente emplumada, y encima los restos de lo que fuera la representación de un guerrero. En el interior descubrimos cuatro asientos, uno con forma de águila en el centro y otros representando jaguares. Frente a estos se encuentra el cuauhxicalli, oquedad en la que se ofrecían presentes a Quetzalcóatl. En este recinto sagrado, eran preparados los guerreros en un ritual de iniciación. Frente al Cuauhcalli está una piedra gladiatoria, el Temalcatl, donde luchaban por su vida los guerreros capturados en batalla y el templo de Ometeótl.

Otra estructura importante es el Tzinacalli, espacio funerario, está dividido en dos habitaciones con techos muy altos. En la primera existía un mural prehispánico, descubierto en 1936. Esta obra representaba tres guerreros, dos de ellos caídos en batalla y uno más capturado por el enemigo. Desafortunadamente, debido a la humedad, no queda rastro del mural original. Esta cámara era usada con fines mortuorios. En la otra, encontramos una cavidad en el piso y dos bases de piedra, en este sitio acostumbraban incinerar una escultura de madera, que simbolizaba al guerrero muerto en batalla, adornada con los atavíos propios del rango.

Junto al Tzinacalli encontramos una construcción amplia, quizá utilizada como sala de guerra, debido a sus dimensiones y acústica, y observatorio astronómico, pues en el pasado contaba con dos techos separados que permitían la medición del tiempo y estaciones con el trayecto del sol en distintas temporadas del año. Terminamos nuestro recorrido. Iniciamos el descenso y nos parece escuchar el estruendo de las macanas con pedernales, empuñadas por los guerreros águila y jaguar, estrellándose contra los escudos adornados con plumas y piedras preciosas.

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