El encanto y magia de la bruma

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

La lluvia es furiosa cuando cae sobre Cuetzalan. Las gotas - gruesas, duras, pesadas - se precipitan como gemas destellantes. El agua corre por las rústicas y empinadas calles y baja, violenta como cascada, sobre las escalinatas de piedra. A este espectáculo de la lluvia brava y repentina los pobladores le conocen como opanate. La torrencial interrupción invita a refugiarse en uno de los cafés del pueblo y contemplar el predecible descenso de la densa neblina proveniente de las montañas. Poco a poco la bruma va cubriendo primero la herrería del kiosco, los tejados y balcones de las casas y luego la torre del reloj. El cerrado cielo brumoso termina por hacer invisible el alto campanario de la parroquia de San Francisco que domina la plaza central del pueblo de Cuetzalan, hasta quedar todo bajo un manto gris de niebla y lluvia que guarda una atmósfera mágica.

 

La lluvia es furiosa cuando cae sobre Cuetzalan. Las gotas - gruesas, duras, pesadas - se precipitan como gemas destellantes. El agua corre por las rústicas y empinadas calles y baja, violenta como cascada, sobre las escalinatas de piedra. A este espectáculo de la lluvia brava y repentina los pobladores le conocen como opanate. La torrencial interrupción invita a refugiarse en uno de los cafés del pueblo y contemplar el predecible descenso de la densa neblina proveniente de las montañas. Poco a poco la bruma va cubriendo primero la herrería del kiosco, los tejados y balcones de las casas y luego la torre del reloj. El cerrado cielo brumoso termina por hacer invisible el alto campanario de la parroquia de San Francisco que domina la plaza central del pueblo de Cuetzalan, hasta quedar todo bajo un manto gris de niebla y lluvia que guarda una atmósfera mágica.

Cuetzalan, atado de hermosas plumas granate

El pueblo de Cuetzalan, distinguido como Pueblo Mágico en el año 2002, se encuentra en la Sierra Norte del estado de Puebla, en el extremo sur de la Sierra Madre Oriental. Las elevaciones de este sistema montañoso alcanzan hasta los 2000 msnm. En la época prehispánica, la región formó parte del Totonacapan. Este legado se revela en la zona arqueológica de Yohualichan, explorada en los años veinte por el filósofo Vicente Lombardo Toledano y Alfonso Caso, descubridor de los tesoros de la Tumba 7 de Monte Albán en Oaxaca.

Yohualichan se encuentra a menos de 20 minutos de Cuetzalan. El nombre de este centro ceremonial totonaco, grupo indígena predomínate en este territorio y el norte de Veracruz, puede interpretarse como Casa de la Noche, fue construido alrededor del año 400 d.C. en una ladera. Dependiente de la ciudad de Tajín, capital del reino totonaco, Yohualichan pagaba un tributo a los mexicas del Imperio Azteca que consistía principalmente en plumas de aves, como el cuezali de plumaje cinabrio, muy parecido al quetzal con sus largas plumas verdes iridiscentes. Yohualichan comprende un juego de pelota y seis adoratorios con nichos, similares a los templos de Tajín. Los totonacos abandonaron este santuario hace unos 400 años.

Ciudad de café y orquídeas

La fecha coincide con la conquista de la zona de Cuetzalan, lugar de plumas carmines con vértices azules, por los Españoles en el siglo XVI. Durante el virreinato de la Nueva España, este pueblo se caracterizó por ser un importante centro económico y comercial. Aún se conservan costumbres indígenas como el uso del maxtahual, un tocado parecido a un turbante que ciñen las mujeres, y el quechquémitl o huipil, otra prenda práctica que cubre del frio y ayuda a cargar. Por otro lado, sobrevive el conocimiento y uso de la medicina tradicional y los habitantes de Cuetzalan siguen consultando a sus curanderos y hombres sabios sobre sus males.

La parroquia de San Francisco se construyó durante la dictadura de Porfirio Díaz, cuando inmigrantes de Italia y Francia se asentaron en esta región entre los siglos XVI y XVII influyendo la arquitectura y diseño del pueblo, como lo demuestra la parroquia, única por su luminosidad, ceras patronales e imágenes que portan orgullosas las vestimentas o elementos típicos de la región, o el actual Palacio Municipal, una copia del palacio de San Juan de Letrán en Roma, y el Santuario de Guadalupe o Los Jarritos, un templo idéntico a la catedral gótica de Lourdes en los Pirineos franceses.

El café arriba a Cuetzalan proveniente de Veracruz durante el siglo XIX. Los cafetales se dieron junto con orquídeas, bromelias y heliconas en el clima tropical húmedo y la altura de la montaña donde, junto con la prodiga tierra de la región, se dieron las condiciones ideales para un café de calidad gourmet. La importancia del café en la cultura de Cuetzalan se aprecia durante la Feria del Café y el Huipil, una fiesta que se celebra desde setenta años en Octubre.

Cuetzalan, además de ser un territorio propicio para el cultivo del café, se caracteriza por sus cascadas, manantiales y grutas. Existen más de 70 cascadas, entre las más importantes están las que se encuentran en San Andrés Tzicuilan, llamadas Las Brisas y El Salto, caídas de agua con más de 40 metros de altura; un gran número de pozas y manantiales sagrados, como el manantial conocido con el nombre de Tatiotxiualat, agua bendita por Dios, así como cerca de 10 kilómetros de galerías subterráneas. Grutas como Aventuras y Caracoles están abiertas al público para vivir la inusual experiencia que ofrece la espeleología. Cascadas, pozas y grutas se encuentran a no más de 15 minutos en vehículo de Cuetzalan.

No solo el agua abunda en Cuetzalan. En los bosques de niebla o mesófilos se refugian orquídeas como la Tempochocani, flor que llora junto al precipicio, de sublimes colores lilas y magentas, o la Coatzontecomaxochitl, flor cabeza de serpiente, forman parte de la singular naturaleza de este destino. Heliconias y bromelias florecen e inundan con sus tonalidades los parajes montañosos, rivalizando con los matices de cientos de mariposas. Otro de los habitantes de estos montes es la abeja melipona, endémica de Mesoamérica. Cuetzalan fue nombrado recientemente santuario de esta abeja, cuya conservación se realiza de forma artesanal.

Acompañado con un yolixpa de café o 13 hierbas, aguardiente tradicional, degustando un plato con acamayas, langosta de río, o una cecina ahumada con tlayoyos, especie de panecillos elaborados con masa de maíz, arvejón, hojas de aguacate y manteca de cerdo, se recupera el ánimo para seguir descubriendo los secretos ocultos bajo la bruma de esta ciudad, auténtico Pueblo Mágico de nuestro país.

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