Susurros del Pacífico

Oaxaca es magia. Hechizo milenario que se revela en sus montañas, valles, tradiciones, cultura y gastronomía. Oaxaca es música y color, alegría y hospitalidad, características que se expresan en sus fiestas, como los Lunes del Cerro, durante los festejos de la Guelaguetza. Esta es tierra de artesanos, del barro negro y huipiles multicolores. Pero además de su historia que nace en el oro de Monte Albán y en la corteza del tule, cuenta con playas vírgenes que esperan amorosos aventureros.

Héctor Contreras, 1 Enero 2014

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Este destino al sur de la ciudad de Oaxaca, a unos 290 kilómetros, recibe este nombre por una leyenda que narra la historia de una joven mixteca que se escondió en la selva, escapando de unos piratas. Un mar color turquesa baña las playas de Puerto Escondido, paraíso de surfistas, quienes se reúnen en playa Zicaleta. Los milenarios manglares de Lagunas de Chacahua son santuario de una variada fauna de aves exóticas y lagartos.

Otras playas de gran belleza son Carrizalillo, una bahía rodeada de un espléndido farallón, y Rocablanca, hábitat natural de pelícanos, cormoranes y gaviotas. En el pueblo de Puerto Escondido se pueden degustar platillos típicos de la región y adquirir piezas artesanales elaboradas con coral negro. Puerto Escondido cuenta con una infraestructura que incluye hoteles categoría Gran Turismo.

Entre Puerto Escondido y Huatulco, a 230 kilómetros de Oaxaca, se encuentra este pueblo de pescadores que evoca un mundo donde el tiempo se detuvo, donde el sol acuna el cielo y el viento produce susurros al pasar entre las hojas de las palmeras. En el siglo XIX, Puerto Ángel era un sitio en el que se comerciaban maderas finas y café. Ahora es un lugar en el que los visitantes pueden olvidarse del movimiento de los planteas, tumbados en una hamaca. El tiempo no existe en Puerto Escondido, es un espacio para la libertad.

A principios de los setentas, aún resonando los ecos de Woodstock y Ávandaro, decenas de hippies llegaron a Zipolite, a unos cuantos kilómetros de Puerto Ángel, en la llamada Costa Chica. Dos grandes peñascos limitan la playa. En Zipolite existe una atmósfera que invita al ocio. Cabañas y palapas ofrecen un sitio para disfrutar del oleaje del mar. Un atractivo adicional es la conocida Playa del Amor. Además se puede practicar el buceo y snorkel o caminar desnudo por la arena: Zipolite es la única playa nudista de México.

Otro destino de la Costa Chica es Mazunte, un ejemplo de cómo preservar el entorno y generar oportunidades en un sector tan importante como lo es el turismo. En las playas de Mazunte se encuentra el Centro Mexicano de la Tortuga, una de las principales reservas de protección de los quelonios en el Pacífico. Es un destino preferido por los jóvenes y los mochileros. Las playas de Mazunte, como las de todo Oaxaca, son un paraíso en espera de ser descubiertos. Vive Oaxaca.

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