Acuérdate de Acapulco

Antes de que Acapulco fuera uno de los principales destinos de nuestro país, conocido por algunos aventureros. Bohemios seducidos por sus majestuosos peñascos, playas con oleaje tranquilo, exuberante vegetación y pintorescas casas con rústicos tejados. 

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

Se trataba de un apacible pueblito de pescadores, un auténtico paraíso en el Pacífico Mexicano. Estos paisajes cautivaron a personajes como Carlos Barnard, quien en 1933 inició la construcción de El Mirador, el primer hotel de Acapulco.

El Mirador fue un verdadero reto arquitectónico, pues se edificó en los altos acantilados de La Quebrada. En sus villas, todas de blanco, rodeadas de buganvilias, descansaron personalidades como Agustín Lara y María Félix. Imaginamos al inmortal Flaco con la Doña, descendiendo las escaleras hasta la plaza de La Puerta del Cielo para contemplar el atardecer porteño. Ambos caminaron bajo la luna plena, tomados de la mano, dejando sus huellas en la arena de Caleta. Quizá se detuvieron y, mientras ella enjuagaba estrellas con agua de mar, Agustín tarareaba las primeras notas de María Bonita. Y por la noche, en La Perla, uno de los primeros night club de Acapulco, Agustín Lara tocaba el piano, hipnotizado por los enigmáticos ojos de María, sentada junto a él, luciendo sus hombros descubiertos.

En aquellos años, cuando todos se enamoraban con Bésame Mucho, surgieron hoteles emblemáticos como El Caleta, Papagayo, Casablanca, Los Flamingos y Boca Chica. Atraídos por la sensual magia de Acapulco, llegaron Johnny Weissmüller, el mítico Tarzán, y John Wayne, El Duque, junto con otras estrellas estadounidenses. Este grupo, conocido como La Pandilla de Hollywood, encontraron en la bahía un lugar ideal para escaparse, un refugio para alejarse de los reflectores y las multitudes que los veneraban.

No dudo que Cary Grant y Elizabeth Taylor, asiduos visitantes de las playas de Acapulco, disfrutaran de la privacidad que aún ofrece el hotel Boca Chica, representativo de los años cincuenta. Construido durante el glamur romántico de la bahía, este hotel conserva su atmósfera sofisticada, con acentos vintage. Recuperado por el Grupo Habita, Boca Chica mantiene intacto sus elementos arquitectónicos como la celosía y sus mosaicos. Abundante vegetación, una alberca con diseño clásico y un restaurante con una espléndida vista a la isla de La Roqueta, son algunos de sus atractivos. En este hotel boutique se puede vivir una experiencia única: zambullirse en su alberca de agua salada, pasar un día entero en el spa, o degustar los platillos diseñados por Keisuke Harada, incluyendo carne Kobe, acompañada con un exquisito sake.

El sabor acapulqueño, tropical y desenfadado, se revela en Los Flamingos, bella construcción que descansa en un acantilado con 150 metros de altura, escondite preferido de La Pandilla de Hollywood. En la terraza con palmeras, con una sensacional vista, se organizaban elegantes fiestas de blanco, animadas con orquestas, donde los caballeros asistían con trajes de lino y las damas vestidas de largo. Entre los espacios que recomendamos conocer, sugerimos La Casa de Tarzán, una singular habitación circular, y el mirador privado. Cuentan que en una ocasión en el bar del Flamingos, Weissmüller solicitó al cantinero una bebida servida en un coco. Así nació el Coco Loco, un golpe de pícara alegría costeña con ron, tequila, vodka, ginebra, mezcal, yerbabuena macerada y miel.

En los años sesenta se realizaron las Reseñas Cinematográficas de Acapulco. En las playas de Caleta, Hornos y Tamarindos, paseaban las mujeres de Federico Fellini: Claudia Cardinale, Anita Eckberg y Anna Magnani, exhibiendo un perfecto bronceado en diminutos bikinis. El jet-set internacional atiborraba centros nocturnos y discotecas como el Boom Boom y el Tequila Go-Go. En las barras se ofrecían margaritas y martinis.

En esta etapa de lujoso esplendor, con el Sonido Motown saturando la noche, nacen Las Brisas, al principio era un grupo de chalets y villas con albercas privadas. Ahora es uno de los hoteles más exclusivos de Acapulco. John y Jacqueline Kennedy, Frank Sinatra y la tripulación del Apolo 11, son algunos de sus huéspedes distinguidos. Es obligada una cena en el restaurante Bellavista, disfrutar de un cosmo en el Bar Sunsent, y asolearse en el Club de Playa Las Conchas. Los pequeños detalles, hospitalidad y servicio han hecho de Las Brisas uno de los hoteles más espectaculares de todo México. Los invitamos recordar y vivir con intensidad este Acapulco glamoroso.

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