Acapulco Bajo el Sol Porteño

"Acuérdate de Acapulco, María bonita, María del Alma; acuérdate que en la playa, con tus manitas las estrellitas enjuagabas".

 María bonita, canción de Agustín Lara

 

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Las imágenes que evoca la canción de Lara son aquello con lo que se tejen las leyendas y recuerdos de millones de visitantes de todo el mundo que viene en busca de relajamiento y diversión a este centro vacacional de categoría mundial en el Pacifico Mexicano. Pero Juan Rodríguez de Villafuerte, uno de los capitanes de Hernán Cortés que exploró las costas del actual estado de Guerrero, no podía imaginarlo cuando fundó en esta serena bahía del Pacífico, una metrópoli que después sería conocida como la Ciudad de los Reyes, ahora Puerto de Acapulco.

La Nao de China

Antes que las concurridas playas, antes que la vida nocturna de fama mundial y la impresionante infraestructura hotelera, Acapulco fue un importante puerto comercial durante el siglo XVI. Las naves mercantes que partían del Puerto de Manila, en las Filipinas, al Puerto de Acapulco, eran nombrados como el Galeón de Manila o Nao de China. Este viaje de varios meses a través del Océano Pacífico transportando especias, porcelanas, marfiles y otros productos del Oriente era tan difícil que solo se realizaba dos veces al año. La Nao de China anclaba en Acapulco para desembarcar sus mercancías que serian transportadas por tierra. Este comercio trajo prosperidad, pero también la constante amenaza de ataques piratas, y la construcción del Fuerte San Diego, baluarte que defendió durante siglos la bahía. Desde 1986 el Fuerte San Diego sirve como un museo en el que se exhiben colecciones relacionadas con el comercio virreinal.

Pausa, casi olvido

Debido a la Guerra de Independencia de1810, el comercio entre las Filipinas y el hasta entonces Virreinato de la Nueva España se suspendió de forma abrupta. La lucha entre insurgentes y realistas por controlar el Puerto de Acapulco provocó la interrupción de las comunicaciones entre la ciudad de México y la costa del Pacífico, y alteró las rutas comerciales con el Oriente. Tras el triunfo independentista en 1820, Acapulco fue relegado hasta casi el olvido.

Amar Acapulco

El final de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo renovada prosperidad y una creciente clase media en México deseosa de su propia Riviera. Y ¿qué mejor lugar que las cálidas arenas alrededor de la magnífica bahía que alberga el profundo azul del mar de Acapulco? La década de 1950 atrajo la atención de personalidades como el compositor Agustín Lara, quien durante su estancia en este destino en los años cuarenta escribió la canción María bonita. Hay quienes consideran que estos versos fueron inspirados en el amor que el poeta sentía hacia la actriz María Félix, otros dicen que está dedicada a una bailarina de nombre Estrellita.

La bahía también sedujo también a Germán Valdés Tín-Tán. El actor cómico de fama mundial mantuvo un intenso idilio con la bahía en la década de los cincuenta. Elvis Presley, el rey del rock and roll filmó en 1963 Fun in Acapulco, y el mítico Johnny Weissmüeller, Tarzán, vivió sus últimos años en una residencia que ahora es conocida como Hotel Flamingos, uno de los más hermosos de este paraíso. La historia de Acapulco está salpicada con las frecuentes visitas de Lana Turner, Elizabeth Taylor y Richard Burton y otras personalidades. Entre los sesenta y setenta, Acapulco fue el sitio preferido del Jet Set y las estrellas de Hollywood para vacacionar.

Acapulco de mis recuerdos

La bahía de Acapulco cuenta con más de siete kilómetros de playa. A fines de los años cuarenta, el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés, ordeno la construcción de la Avenida Costera Miguel Alemán, autopista que inicia en las concurridas playas de Caleta y Caletilla, en el Acapulco tradicional. En estas playas se ofrecen lanchas con fondo de cristal para recorrer la bahía hasta la isla de la Roqueta, conocida por los burros bebedores de cerveza. En Caleta y Caletilla se respira ese sabor costeño de un coco bien frio con ginebra, sobre una hamaca a la sombra. Caleta, y Caletillas, son las más antiguas playas de Acapulco, y aún es posible encontrar pescadores con sus redes típicas oreciendo la pesca del día.

Otro sitio famoso del viejo Acapulco es a La Quebrada, un escabroso farallón de más de 40 metros de altura donde desde 1934 se presentan clavadistas, quienes arriesgan la vida en cada salto, y son parte de la experiencia que hace una visita a Acapulco tan especial. La quebrada también se encuentra en la parte más añeja de la ciudad y muestra en la arquitectura de sus hoteles, restaurants, y edificios una atmosfera diferente, reflejo del brillo de épocas pasadas.

Acapulco lo tiene todo, desde un espacio en la arena para dorarse con el sol hasta una intensa y vibrante vida nocturna. Este destino del Pacífico mexicano vive, sonríe y baila sin descansar. ¡Acapulco nunca duerme!

 

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