Jorge Negrete, el charro inmortal

El público apuró al “cácaro”. Inició la proyección de Dos Tipos de Cuidado, estelarizada por Pedro Infante y Jorge Negrete. Una comedia ranchera que reunía a las dos figuras más emblemáticas de la Época de Oro del cine nacional. Los asistentes reían con las ocurrencias de “Jorge Bueno” y “Pedro Malo”.

Súbitamente, interrumpieron la exhibición y en la sala anunciaron la muerte de Jorge Negrete. Todos los cines en México suspendieron sus funciones en señal de duelo.

“Soy el charro mexicano, noble, valiente y leal”

Jorge Negrete, arquetipo del charro mexicano, nació en 1911 en la ciudad de Guanajuato, en una casa de la Plaza del Ropero. Actualmente en este lugar se observan una placa conmemorativa y una escultura del “Charro Cantor” sobrenombre que se ganó por la gallardía con la que portaba el traje charro y su excepcional voz. Algunos coinciden que sus mejores interpretaciones fueron con El Trío Calaveras: “Tres magníficas voces empastadas entre sí que ponían el adecuado contrapunto a la voz, bella de barítono, de Jorge”.

Creció en una etapa de gran inestabilidad política y social, la Revolución Mexicana; sin embargo, tuvo una estricta educación, aprendió varios idiomas y disfrutó de las tertulias familiares. Ingresó al Heroico Colegio Militar, graduándose como oficial de caballería. Esta instrucción castrense perfeccionó sus habilidades para montar a caballo, cualidad que sabría aprovechar en actuaciones como en El Peñón de las Ánimas, película en la que compartió créditos con María Félix.

Uno de sus pasatiempos favoritos era cantar en serenatas, afición que lo conduciría a su auténtica vocación. Se inscribió en la academia de José Pierson, maestro de personalidades como Pedro Vargas y José Mújica. Sería el propio Pierson, quien lo animaría a continuar con su carrera musical: Jorge comenzó a presentarse en teatros y programas de radio. Experiencias previas que le permitieron formar parte del elenco de la inauguración del Palacio de Bellas Artes en 1934.

En 1936, decidió probar fortuna en Estados Unidos. Sobrevivió con pequeños trabajos y presentándose en centros nocturnos. Consiguió una oportunidad para audicionar en el Metropolitan Opera House de Nueva York, pero solo le ofrecieron el puesto de suplente. Rechazó la propuesta y volvió a México.

Debutó en la pantalla grande en La Madrina del Diablo, posteriormente actúo en varias películas y en 1941 protagonizó ¡Ay Jalisco, no te rajes! cinta que catapultó su carrera: “El gran éxito de Jorge Negrete es por la necesidad de afirmación de una identidad de lo mexicano” señaló en una entrevista José Antonio Valdés, especialista en cine.

La boda del siglo

Jorge Negrete tuvo tres amores: Elisa Christy, Gloria Marín y María Félix. Quizá el más recordado fue el que mantuvo con la hermosa sonorense debido a que ambos eran los más grandes iconos del cine mexicano. Su relación empezó con el pie izquierdo en plena filmación de El Peñón de las Ánimas – en una conversación en 1991 con Verónica Castro y Jacobo Zabludovsky, María Félix confesó que entre ella y Jorge Negrete hubo una abierta enemistad –.

Tras diez años de no dirigirse la palabra, finalmente se dieron las condiciones para su reencuentro. Vivieron un intenso romance antes de anunciar su sorpresivo compromiso. El 18 de octubre de 1952 se casaron, la recepción para 500 invitados se realizó en la Hacienda de Catipoato en Tlalpan, al sur de la Ciudad de México. La llamada “boda del siglo” se transmitió por radio a toda Latinoamérica.

“México lindo y querido, si muero lejos de ti”

Jorge Negrete padecía un trastornó hepático, condición que lo obligó a internarse en un hospital capitalino. A pesar de las advertencias de sus doctores, aceptó viajar a Los Ángeles para presentarse en el Million Dollar Theater. Al descender del avión, asistió a una función de box en la que pelearía Raúl “Ratón” Macías. Al concluir el tercer asalto, Jorge avisó a sus acompañantes que no se sentía bien. Hospitalizado de emergencia, murió el 5 de diciembre de 1953.

Adolfo Ruiz Cortines, presidente de la República, envió un avión para trasladar el féretro a la Ciudad de México. Miles de admiradores se congregaron en el aeropuerto para recibir a su ídolo. El cortejo fúnebre recorrió las principales avenidas hasta llegar a la sede de la Asociación Nacional de Actores. Allí se le rindió un homenaje, después sería llevado al Panteón Jardín. El epitafio en su mausoleo fue escrito por Carlos Pellicer: “México lo sintió pasar como un canto a caballo”. Ese día, los mariachis callaron.

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