José Guadalupe Posadas, cien años de calaveras

En una vecindad de la calle Jesús Carranza, en el Barrio Bravo de Tepito, en la Ciudad de México, murió el 20 de enero de 1913, José Guadalupe Posada. Según testigos, la portera de la casona comenzó a gritar en los lavaderos “¡Se nos muere, don Lupe!”.

Michael Peterson, 1 Enero 2014

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El maestro Posada ya tenía varios días postrado en cama, algunos afirman que su estado era consecuencia de una parranda con aguardiente, hasta que finalmente falleció. Sus restos fueron enterrados en el Panteón de Dolores, pero nadie refrendó la perpetuidad y los restos de José Guadalupe Posada se trasladaron a una fosa común. Hasta la fecha no se sabe dónde quedaron los huesos del más importante grabador, caricaturista, e ilustrador de México.

Una vida nada fácil

José Guadalupe Posada nació en el barrio de San Marcos, en la ciudad de Aguascalientes, el 2 de febrero de 1852. Junto con sus padres y ocho hermanos, José Guadalupe tuvo una infancia difícil debido a los conflictos entre conservadores y liberales que incendiaron al país durante la Guerra de Reforma.

Después de aprender a leer y escribir, Posada ingresó a la Academia Municipal de Artes y Oficios en la ciudad de Aguascalientes. Años más tarde, en 1868, trabajó como aprendiz en el taller litográfico del maestro Trinidad Pedroza, quien lo instruyó en el grabado. Algunas de sus primeras caricaturas políticas durante esta etapa se publicaron en el diario opositor El Jicote.

En 1872, Pedroza y Posada instalan un taller de litografía en León, Guanajuato. En esta ciudad, Posada decide iniciar su propio negocio y se contrata como maestro del oficio en una escuela secundaria. Sus grabados ilustraban cajetillas de cerillos, documentos variopintos y libros.

Un año después, José Guadalupe Posada regresó a Aguascalientes, donde contrajo matrimonio con María de Jesús Vela en 1875. Al año siguiente compró la imprenta de su antiguo maestro Pedroza, continuó trabajando en León y colaborando con los periódicos La Gacetilla, El Pueblo Caótico, y La Educación. En 1888 publica una serie de grabados sobre la terrible inundación que devastó León. En ese mismo año, invitado por el abuelo del poeta Octavio Paz Irineo, Posada decide mudarse a la Ciudad de México.

Posada aprendió las técnicas del grabado en plomo y zinc en la Ciudad de México. Ahí colaboró con el panfleto La Juventud Libertaria, y con los diarios La Patria Ilustrada, El Monitor del Pueblo, La Revista de México, y otras 70 publicaciones. Su trabajo se caracterizó por su crítica mordaz a la sociedad porfirista y a la dictadura interminable de don Porfirio.

La Catrina de Posada

La obra de José Guadalupe Posada es un espejo de las contradicciones del México porfirista. Resulta paradójica la vigencia de sus caricaturas, pero esta característica se debe, sin duda, a la capacidad del artista de examinar su entorno social y político, y de plasmar con crudeza y humor las desigualdades de nuestro país a principios del siglo XX.

Aunque tan solo representan un porcentaje menor en su obra, las catrinas de Posada son el icono emblemático con el que se identifica al autor. La versión original se realizó en metal, posiblemente en 1910, con el título “Calavera Garbancera”. El apodo “garbancero” se le daba a las personas de sangre indígena que vendían garbanza en los mercados y renegaban de su propia raza, herencia, y cultura. La Calavera Garbancera es una dura crítica de los mexicanos que pretenden adoptar estilos de vida que no les corresponde.

El arte del grabado y la ilustración en México no podrían entenderse sin las aportaciones de José Guadalupe Posada. Reconocido por sus contemporáneos como precursor de la revolución plástica, su obra influyó en artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco, Pablo O’Higgins y Silvestre Revueltas. Posada logró, como ningún otro, inmortalizar personajes que representan a la sociedad de nuestro país en su conjunto. Las Calaveras, el asombroso Hombre Mosca, el dulcero, Chepito el Marihuano, El Ánima de Sayula y El Padre Cobos, son personajes que siguen entre nosotros, cien años después de la muerte de “Lupe” Posadas.

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