Día de Muertos en Michoacán: La Calaca me pela los dientes

En Michoacán, todos los poblados celebran el regreso anual de los difuntos con música de banda, mariachis, tambora y metales. Los cementerios se engalanan con arcos florales y se iluminan con cirios y veladoras, destellos inmóviles que danzan con singularidad. Ceras derramándose en la eternidad. 

José Antonio Ramírez

El frío nocturno se combate con charanda, tequila o café con su respectivo piquetito de ron. Los viejos recuerdan anécdotas, ejercicio de memoria perene. Los niños acompañan a sus padres, convirtiéndose en herederos de una tradición que nunca muere. Durante la Noche de Muertos en Michoacán, como diría Octavio Paz "todo es visible y todo es elusivo, todo está cerca y todo es intocable".

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En el estado de Michoacán las fiestas de muertos son una expresión inusual de magia, tradición, música, colores, sabores, alegría, nostalgia y jolgorio. Una de las prácticas más representativas de estas celebraciones es la velación en los camposantos, particularmente en la región lacustre como ocurre en la isla de Janitzio y en los pueblos rivereños del lago de Pátzcuaro.

Parafraseando al poeta Jaime Sabines, en Michoacán esperan que durante la Noche de Muertos, los difuntos se levanten, rompan sus lápidas y pregunten con alegría ¿por qué llora tanta gente?

Al vivo todo le falta y al muerto todo le sobra

Pátzcuaro huele a pino, oyamel, encino y cedro. Costumbres distintivas en Noche de Muertos son el altar y las ofrendas. El altar es un sitio sagrado que se levanta en el interior de la casa. Este santuario se adorna con papel de china picado y flores de cempasúchil y terciopelo.

Se colocan fotografías de los difuntos, cirios, incensarios donde se quema copal y ocote, cazuelas con comida, piezas de pan, frutos de la temporada, una jarra con agua o charanda – aguardiente de caña típico de Michoacán – cigarros y dependiendo de la actividad del fallecido se incluyen herramientas relacionadas con su oficio. Los altares son auténticas obras de arte efímero. De entre los altares destacan los que se alzan para conmemorar al Muerto del Año, es decir los difuntos que fallecieron el año anterior a la celebración.

Los habitantes de Pátzcuaro abren las puertas de sus hogares para compartir sus recuerdos con los visitantes. Ofrecen chocolate con agua, pozole batido y aguardiente a sus huéspedes. Una cena que se repite una y otra vez. En reciprocidad, los invitados deben llevar un obsequio para la ofrenda. Con pirékuas, canciones tradicionales purépechas, los moradores reciben a sus muertos que siguen un camino trazado con pétalos de cempasúchil hasta el interior de la vivienda. Comparten melancólicas sonrisas y nostalgias con sus difuntos.

Al fin que para morir nacimos

El lago de Pátzcuaro es un extenso espejo de agua tapizado con lirios, perfilado por musgos, líquenes, carrizos y chuspata o ixtle que crecen en sus orillas. En la distancia se observan los contornos de las islas de Janitzio, Pacanda, Jurácuaro, Yunuén, Tecuena y las gemelas Urandén.

Janitzio, escenario que aún evoca la enigmática mirada de María Félix interpretando a la pueblerina Maclovia, es una de las islas más famosas del lago de Pátzcuaro. Este sitio se distingue por la monumental escultura de concreto y cantera rosa de José María Morelos con el puño derecho levantado. En los restaurantes típicos se degustan platillos tradicionales como el pescado blanco y charales.

La velación de muertos es una de las expresiones más conmovedoras durante estas conmemoraciones. Los sepulcros son aseados y adornados con estructuras de juncos y flores los días 1 y 2 de noviembre. Entrada la noche se escucha el tañido de una campana colgante en la entrada del camposanto y los habitantes de Janitzio se reúnen con sus muertos. En la penumbra se instala una urdimbre de petate junto a las tumbas, donde descansa una ofrenda para los difuntos. Los pobladores de Janitzio encienden cirios y con oraciones y murmullos dan la bienvenida a los que se adelantaron en el camino.

Vamos a ver de qué tumba salen más muertos

Otros lugares de la región lacustre del lago de Pátzcuaro donde la velación de muertos es un espectáculo son Tzintzúntzan, otrora capital del reino purépecha, Ihuatzio, cercano a la zona arqueológica de las Yácatas, y Tzurumútaro.

Cada una de estas poblaciones celebra el regreso anual de los difuntos con música de banda, mariachis, tambora y metales. Los cementerios se engalanan con arcos florales y se iluminan con cirios y veladoras, destellos inmóviles que danzan con singularidad. Ceras derramándose en la eternidad. El frío nocturno se combate con charanda, tequila o café con su respectivo piquetito de ron. Se percibe al viento beber viento en su revuelo. Los viejos recuerdan anécdotas, ejercicio de memoria perene. Los niños acompañan a sus padres, convirtiéndose en herederos de una tradición que nunca muere. Durante la Noche de Muertos en Michoacán, como diría Octavio Paz "todo es visible y todo es elusivo, todo está cerca y todo es intocable".

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