¡Qué chula es la fiesta charra!

“¡Ay, qué rechula es la fiesta, la fiesta charra, fiesta del sol!” cantaba con su inconfundible voz la bella sonorense Beatriz Adriana. Recordé con alegría estos versos mientras admiraba boquiabierto el arrojo desbordado en el lienzo de Apan, en el estado de Hidalgo. La Charrería, considerada como el  deporte nacional por excelencia desde 1933 y ahora distinguida con el nombramiento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, nació en este poblado, cuyas vastas planicies antes estaban cubiertas por robustos magueyes.

La charrería es una tradición ecuestre que surge en el siglo XVI con el desarrollo de la ganadería y el trabajo cotidiano de los charros en la Región hidalguense de los Llanos de Apan – 250 mil hectáreas de praderas vírgenes que se extendían hasta los actuales estados de Tlaxcala y Estado de México –. La evolución de las técnicas traídas por los españoles para las faenas en el campo, la incorporación de indígenas y mestizos en las labores a caballo y la proliferación del ganado, dieron origen a las suertes charras.

En uno de los pocos testimonios sobre la primera charreada celebrada en México durante el siglo XIX, el Padre Vázquez de Santa Ana menciona que durante un jaripeo organizado por Eugenio Montaño en su hacienda de Apan “un tal Aguilera, picador del Virrey José de Iturrigaray, realizó por primera vez la bolera” – acción en la que el charro sujeta la cola del toro, la enreda en su pierna y derriba al animal –. La bolera, colear al toro, es considerada por los especialistas como la suerte inaugural en el arte de la charrería.

 

Por: Anne Marie Mesquida. 

Hoy en día, el deporte de la charrería se practica en el lienzo, espacio con gradas, arena con 60 metros de diámetro y una manga, o partidero, con otros 60 metros de largo. En cada charreada – que inicia con las calas y cierra con el paso de la muerte –, se enfrentan entre tres o cuatro equipos con un número de integrantes variable, pero también pueden competir en solitario para conseguir el reconocimiento de Charro Completo. 

Las nueve suertes que forman parte de la fiesta charra son: las calas de caballo, con las que se demuestra la educación del corcel – frenarlo con las riendas en una carrera desde el fondo de la manga, después siguen los giros completos, los medios giros y se finaliza con el cejeo, es decir, hacerlo caminar hacia atrás –; los emocionantes piales de yegua, suerte que consiste en lazar las patas traseras de una potranca, chorreando la reata; las colas, atrevida maniobra en la que el charro derriba a un toro, enredando la cola en su espinilla derecha;  jineteada de toro y terna en el lienzo, el charro doma a un toro, luego tiene que lazarlo por la cabeza y colocarlo en una trampa elaborada con la reata para derribarlo; jineteada de yegua, manganas a pie y a caballo en el lienzo, una de las suertes más vistosas, pues se tiene que amansar a una potranca, después el charro presume su habilidad floreando la reata – ya sea a pie o a caballo – para concluir tumbando a la yegua por sus patas delanteras, o manos; la charreada termina con el arriesgado paso de la muerte, suerte en la que el jinete muestra su pericia al cambiar de su montura a una yegua que corre a toda velocidad. ¡Un salto que quita la respiración!

 

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Por: Anne Marie Mesquida. 

Como parte de la fiesta charra se interpreta la “Marcha de Zacatecas”, himno nacional charro, al principio de la competencia y al finalizar las calas; y previo acuerdo de los organizadores de la charreada participan las escaramuzas, equipo de mujeres a caballo, ya sea antes de las suertes, en un intermedio después de las colas, o al terminar la charreada. ¡Por supuesto tampoco faltan la música del mariachi, la banda norteña, el pulque y el tequila!

Con respecto al atuendo charro, antes se usaba un vestuario muy parecido al de los chinacos, o cuereros, con el tiempo se fue adecuando a las necesidades; sin dejar de ser una vestimenta utilitaria, un auténtico charro siempre debe andar bien vestido: sombrero de palma, chaqueta corta de gamuza o cuero, pantalón sin bolsa trasera y corbata discreta de moño colgante. En otros eventos, los charros pueden utilizar un traje de media gala – sombrero de fieltro, chaqueta de gamuza o casimir, corbata elegante y pantalón con botonaduras de plata – o un traje de gala – estilo introducido por el emperador Maximiliano y que consiste en un traje oscuro, sombrero galoneado, pantalón con botonaduras de plata y corbata con finos bordados.

 

   

Por: Anne Marie Mesquida. 

 Y acerca de los caballos, los charros prefieren usar corceles criollos, de entre dos y siete años, corpulentos, de rápido viraje y con una alzada de aproximadamente 1.70 metros. Los cuarto de milla también son frecuentes en las charreadas por cumplir con estas características.

Es importante señalar que el deporte de la charrería es muy estricto en cuanto a sus reglamentos y se procura no hacer daño a los animales, recordemos que estas suertes tienen sus raíces en las faenas diarias en el campo: el arreo, el coleadero y el herraje.

Como dato de interés, actualmente la Federación Mexicana de Charrería cuenta con 1000 asociaciones nacionales y tiene afiliados a 15 mil charros y dos mil escaramuzas. ¡Viva el charro Mexicano! ¡Símbolo de nuestra identidad nacional!