Paraísos Indígenas, naturaleza y memoria

México participó con 106 expositores de 17 estados en la última Feria Internacional de Turismo de Madrid (FITUR 2018). Más de 100 destinos nacionales promovieron sus productos turísticos orientados a los segmentos de aventura, ecoturismo, rural y de salud y bienestar.

Uno de los momentos más esperados – además de los muy merecidos reconocimientos a Guanajuato, Guerrero, Morelos, Nayarit y Oaxaca – fue la entrega del Premio al Mejor Producto Turístico Activo en su Categoría Internacional, otorgado en esta ocasión a “Paraísos Indígenas”, programa creado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) que beneficia a más de siete mil 500 indígenas de 68 pueblos originarios de nuestro país.

Paseando entre nubes, navegando en el sol

Entre las actividades de la Feria de Turismo de Aventura México 2015 (ATMEX), organizada en Palenque, Chiapas, se presentó el programa “Paraísos Indígenas”: más de 100 centros turísticos escondidos en agrestes montañas, sumergidos en selvas exuberantes, o aislados en páramos surrealistas. Ubicados en lugares donde los dioses aún pasean entre las nubes, habitan cavernas y dormitan en antiguos adoratorios. Es importante señalar que estas empresas cuentan con certificaciones que avalan su sustentabilidad y cuidado del medio ambiente, así como pertenecer a organizaciones especializadas en ecoturismo y turismo de aventura.

“Paraísos Indígenas” son sitios en los que coinciden naturaleza, memoria y tradición en los estados de Baja California, Campeche, Chiapas, Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Veracruz y Yucatán. Aquí, las comunidades indígenas conservan, transmiten y comparten su herencia y conocimiento, intercambio cultural que nos permite valorar su sabiduría ancestral.

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En estos lugares tendrás oportunidad de convivir con lacandones y mayas en inhóspitas selvas en el sureste, totonacos en regiones como las Sierra Norte de Puebla y las planicies costeras en el Golfo de México, indómitos purépechas en el noroeste de Michoacán y en la rivera del Lago de Pátzcuaro, huastecos en la llanura y sierra potosinas, zapotecos en la boscosa Sierra Norte de Oaxaca, kumiai en el desafiante desierto bajacaliforniano, hñähñu, nahuas, mazahuas y otomíes en el centro de México.

Ahora, cierra tus ojos, imagina: después de instalarte en una cabaña, te reúnes con los ancianos y escuchas cómo los dioses crearon a los hombres, aprendes los cantos para invocarlos y ofreces copal para venerarlos; consultas curanderas y chamanes, mujeres y hombres que curan el alma con plantas medicinales y baños de temazcal; participas en fiestas, rituales y ceremonias con profundas raíces prehispánicas. Los danzantes en el atrio de la iglesia giran a tu alrededor y te contagian su trance hipnótico.

Otro día, muy temprano, desayunas en una rústica cocina, percibes aromas inconfundibles: el cacao y el café tostándose, el característico perfume de la vainilla y el ahumado del mezquite.  En el fogón, sobre un comal, tortillas blancas y azules hechas a mano; a un lado, chiles toreados y nopales. Te preparas un taco con platillos preparados en cazuelas de barro y elaborados con flores del campo, quelites, escamoles, chapulines y gusanos de maguey, y lo acompañas con frijoles de la olla – sazonados con ramitas de epazote –, queso fresco y una salsa molcajeteada. ¡Ricos sabores de pueblo!

Un poco más tarde, visitas talleres artesanales. Encuentras risueñas mujeres con el pelo trenzado – presumiendo sus huipiles y el quexquémitl – tejiendo grandes canastos, o usando el telar de cintura para confeccionar coloridas prendas, y artesanos trabajando con barro, tallando máscaras y juguetes de madera, labrando cantera y martilleando el cobre. Arte popular que se inspira en mitos remotos – como el empleo frecuente de la greca, representación atávica del dios Kukulkán –, y en aves de plumas preciosas, flores silvestres y el jaguar.

Tu experiencia continúa cuando retas los rápidos de un río, atraviesas una apacible laguna en kayak, descubres cascadas y bulliciosas colonias de pájaros, buceas en cenotes, exploras manglares, cabalgas en una playa solitaria, sigues un sendero que te conduce hasta un alucinante jardín de orquídeas y bromelias, vuelas en tirolesa, escalas paredes verticales, desciendes milenarias grutas, o recorres el desierto en cuatrimoto.

Y en este viaje de constantes hallazgos, también disfrutarás de zonas arqueológicas, monumentos coloniales, placitas soleadas, aguas termales y hermosos viñedos. ¡Emociónate y vive una inolvidable aventura en los “Paraísos Indígenas”!

 

Por Michael Petersen

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