Leyendas de Amor Mexicanas

Febrero 2018

Hay amores que trascienden el tiempo y espacio; historias de romances accidentales, prohibidos o trágicos, pero eternos. Te compartimos algunas de las leyendas de Amor más representativas de nuestra cultura, relatos que inspiraron tradiciones regionales.

 

 

Gonzalo Guerrero y Zazil Há, el primer amor mexicano

Cuanta la leyenda que en el año 1511 un joven marinero español de nombre Gonzalo Guerrero –quien era parte de una tripulación que fracasó en su expedición a las Indias-- naufragó en la Península de Yucatán, donde fue capturado por Mayas y convertido a esclavo.

Durante años trabajó bajo las órdenes de los caciques, sin embargo, poco a poco supo integrarse a la sociedad Maya. Su simpatía, lealtad y sus vastos conocimientos militares le ganaron la libertad y un rango dentro de su nuevo entorno, llegando a ser el brazo derecho del Rey de Chetumal.

Gracias a la cercanía con la realeza Maya, Gonzalo Guerrero conoció y se enamoró de la hermosa princesa Zazil Há. La confianza que había ganado el joven europeo con el Rey fue suficiente para entregarle su hija. Zazil Há y Guerrero se casaron y al poco tiempo tuvieron cuatro hijos, por lo que por muchos son considerados los “primeros mexicanos”, frutos del mestizaje.

Su posición de esposo de la princesa lo convirtió en Rey de Chetumal. El amor que le tenía Guerrero a Zazil Há y a su nueva patria fue tan grande que varios años más tarde moriría en las batallas contra los conquistadores españoles.

Hoy en día en la región Maya, Gonzalo Guerrero es considerado como el Padre del Mestizaje.

 

 

Maquech, la joya del amor eterno

Dentro del reino Maya, existía una hermosa princesa, Cuzán, quien fue comprometida por su padre, el Rey Ahnú Dtundtunxcaán, con el príncipe de la ciudad de Nan Chan, Ek Chapat, futuro señor del reino.

Cuzán no aceptaba la voluntad de su padre, pues estaba enamorada en secreto de un joven agricultor, Chalpol, quien sabiendo que se trataba de un amor imposible, todos los días la veía a escondidas.

Cuando el Rey supo que eran amantes, ordenó sacrificar a Chapol, pero el sufrimiento de su hija le impido hacerlo; así que el Rey pidió ayuda a los sacerdotes del pueblo quienes le aconsejaron convertir a Chapol en un insecto. Y así fue, entregado en forma de escarabajo a la joven desolada.

Ante la piedad que tuvo su padre, a Cuzán no le quedó otra opción que cumplir y cazarse con el príncipe Ek Chapat. Ello no le impido separarse de Chapol, a quien le juró amor eterno a pesar de su aspecto. Cuando Ek Chapat descubrió que el escarabajo era nada más y nada menos que Chapol, trató de aplastarlo pero sin éxito.

Debido a las intenciones de su esposo, a Cuzán se le ocurrió camuflajear a Chapol como joya, por lo que mandó al escarabajo a adornarlo con el mejor joyero, quien le colocó una cadena de oro y hermosos diamantes para que ella pudiera traerlo como accesorio y siempre cerca de su corazón.

Actualmente, el Maquech continúa los ternos de las mujeres yucatecas.

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Popocatépetl e Iztaccíhuatl

Los dos volcanes que adornan la vista de la Ciudad de México, guardan una de las leyendas más hermosas que existen.

Se dice que hace mucho tiempo, cuando los aztecas dominaban el Valle de México, el cacique de Tlaxcala decidió pelear por la libertad de su pueblo y empezó una terrible guerra entre aztecas y tlaxcaltecas.

La bella Iztaccíhuatl, hija del cacique de Tlaxcala, estaba enamorada del joven Popocatépetl, uno de los principales guerreros de este pueblo. Ambos se profesaban un amor inmenso, por lo que antes de partir a la guerra, el joven pidió al cacique la mano de su hija si regresaba victorioso. Este aceptó el trato.

Durante la espera, un hombre celoso y enemigo de Popocatépetl, buscó a Iztaccíhuatl para mentirle de que su gran amor “había muerto en el combate”. Al enterarse, la princesa lloró amargamente la muerte de su amado y murió de tristeza.

Cuando el valiente guerrero regresó con la victoria, supo de la triste noticia. Desconsolado, decidió honrar a su amada, mandando construir una tumba en una cima de una enorme montaña. Popocatépetl llevó a Iztlaccíhuatl hacía la cima, la recostó, le dio un beso y tomando una antorcha, se arrodilló frente a ella acompañándola en el sueño eterno. El humo cubrió sus cuerpos y lentamente se convirtieron en dos grandes volcanes.

Desde entonces permanecen juntos y silenciosos Iztaccíhuatl y Popocatépetl, quien a veces se acuerda del amor y de su amada; entonces su corazón, que guarda el fuego de la pasión eterna, tiembla y “arde de amor", lanzando fumarolas de humo.

 

El Callejón del Beso

En la capital del virreinal Guanajuato se respira un aroma de romance gracias una historia de amor y tragedia entre una joven española y un minero mestizo: la del Callejón del Beso.

Se dice que Ana, hija de un rico hacendado español, cayó enamorada de Carlos, un pobre minero que vivía en la casa al otro lado de un estrecho callejón. La cercanía de los balcones entre ambas casas permitía que los enamorados se vieran a escondidas del padre de Ana.

Durante uno de esos encuentros, el padre los sorprende al darse un beso y empuñando un cuchillo, de un golpe atravesó el corazón de su hija. Con el último hálito de vida, ella extendió su mano hacia Carlos, quien la besó en señal de amor eterno.

Hoy en día se dice, de acuerdo con la tradición, que las parejas que se besen en el tercer escalón de la escalinata que pasa bajo el balcón, gozarán de siete años de amor profundo.

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