¡La gran fiesta de los Parachicos en Chiapa de Corzo!

Chiapa de Corzo se encuentra a unos 15 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez. Fundada en el siglo XVI, esta ciudad creció en la rivera del Río Grijalva, alrededor de una robusta pochota. Este destino ofrece espectaculares escenarios naturales como el Cañón del Sumidero y monumentos coloniales como la Pila estilo mudéjar, o el templo de Santo Domingo de Guzmán.

 

Nombrado Pueblo Mágico en 2012, Chiapa de Corzo invita recorrer sus calles adoquinadas, degustar su gastronomía en la que descubrimos nuevos sabores con platillos típicos como la sopa de chipilín, el cochito horneado y el tasajo con pepita. En pintorescos establecimientos endulzamos nuestro paladar con frutas caramelizadas, o  nos refrescarnos con un pozol, bebida de origen prehispánico elaborada con maíz y cacao.

Del 15 al 24 de enero, los chiapacorceños celebrarán a lo grande Señor de Esquipulas, San Antonio Abad y San Sebastián.  Durante esas fechas, tropezaremos con los Parachicos, grupos de danzantes que bailan  en santuarios, calzadas y casonas.

Declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2010, los Parachicos se distinguen por conservar una tradición iniciada en 1711. Desde temprano, los danzantes se reúnen en la casa del patrón, o capitán. Todos usan una montera elaborada con ixtle, una máscara laqueada de madera con rasgos delicados y barba, imitando el rostro de los conquistadores españoles; el vestuario consiste en camisa y pantalón negros, cintas cruzadas en el  pecho, banda en la cintura o chalina engalanada con lentejuelas, sarape de saltillo sobre los hombros, y en la mano un chichín elaborado con un morro, o de hojalata con motivos religiosos  y florales, cuyo incesante sonido solicita parabienes y buenas lluvias.

El patrón se diferencia del resto  por su montera con guirnaldas y máscara de rústicas facciones, además trae consigo un chicote, una guitarra y una flauta de carrizo. Acompañado de un tamborilero, el patrón encabeza el mitote. Los danzantes bailan entre sones, evocando el ritual para alegrar al hijo enfermo de María de Angulo, leyenda que explica el origen de los Parachicos.

Seguidos por mujeres vestidas de Chiapanecas, los Parachicos gritan vítores a los santos, alabanzas rematadas con un sonoro “¡Muchachos!”. Entran a las casas con los portones abiertos, indicación de que uno de los santos venerados se encuentra en el interior. El patrón entra primero, toma del brazo al prioste o vicario, juntos caminan hasta la imagen que descansa en un altar profusamente decorado. Ambos, oran. Los Parachicos giran, alzan los brazos hacia el cielo, danzan y zapatean. Este rito de bendiciones se repetirá en cada domicilio. Sugerimos acompañarlos y bailar con ellos y recomendamos no perderse la Misa de Parachicos en Santo Domingo de Guzmán. Esta liturgia convoca a más de seis mil danzantes.


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