Zirahuén, espejo de los dioses

Naturaleza

De pronto, entre los árboles, se deja ver un gran lago que refleja los volcanes cubiertos de verde y el cielo azul; es el espejo de los dioses, es el lugar de aguas profundas, es uno de los lagos más hermosos de nuestro país. Es Zirahuén.

Enclavado en el centro de Michoacán, Zirahuén se encuentra en el campo más grande del Eje Neovolcánico de México. El Lago de Zirahuén, con sus más de 40 metros de profundidad, sus aguas transparentes y sus bosques, es mucho más que el espejo de los dioses, o el lugar de aguas profundas; es un lugar para vivir experiencias maravillosas.

Remata, de principio, una zona en la que se ubican tres Pueblos Mágicos: Pátzcuaro, Tzintzuntzan y Santa Clara del Cobre. Los dos primeros, además, ciudades fundamentales del pueblo purépecha. Visitar Zirahuén es, de entrada, una vivencia inolvidable. Un lugar para probar la gastronomía lacustre, recorrer sus senderos y, con suerte, ver un mapache, un armadillo, un tlacuache o un venado cola blanca, que forman parte de su fauna salvaje.

Si lo tuyo es la buena comida, junto al muelle puedes encontrar comedores para todos los gustos y todos los presupuestos. La especialidad es el pescado blanco, que aún existe en el lago y es endémico de ahí y de Pátzcuaro. También puedes optar por la mojarra o los charales fritos. Las quesadillas de huitlacoche, chicharrón, chorizo y flor de calabaza, siempre con queso por supuesto. Y cuando la comida es una aventura, puedes arriesgarte con los chayotes, los chiles rellenos, los nopales, las tunas y otras frutas y verduras cristalizadas a un lado del muelle privado.

Es que en Zirahuén hay dos muelles de los que salen lanchas para llevarte a recorrer el lago; uno es comunal y, el otro, propiedad privada. En este último hay que tener cuidado, las salidas son de puntualidad inglesa. Vale la pena ir a la bahía de Agua Verde: el agua es verde porque refleja la exuberante vegetación que rodea al lago.

¿Te gusta remar? Renta una lancha o un kayak. ¿Te gusta el bosque? Sube a un caballo, a una cuatrimoto o monta en bicicleta para explorar los muchos senderos flanqueados por bosques tupidos de encinos y pinos, con el gigantesco espejo de los dioses apareciendo por aquí y por allá entre el denso follaje

¿Lo tuyo es la aventura? haz el recorrido de tirolesas, dos de las cuales cruzan la bahía de ida y vuelta (son tres tirolesas y cinco puentes colgantes); la mayor, de ida, tiene una altura máxima de 45 metros y una longitud de 350. La de vuelta es más corta: 280 metros de longitud y cerca de 40 metros de alto.

Y si realmente te gusta el paisaje, la naturaleza y la tranquilidad, puedes alquilar una cabaña y disfrutar el fin de semana. Para ello tienes muchas opciones, según tu gusto y tu bolsillo, que se extienden a lo largo de la rivera. Las hay cercanas al pueblo de Zirahuén o a las comunidades ribereñas, y las hay en medio del bosque.

Hay dos formas de llegar a Zirahuén: la primera, más fácil, por la autopista Siglo XXI; la segunda, desde Santa Clara del Cobre, atravesando un camino empedrado y con carriles de adoquín, que pasa por huertas, granjas, caseríos y bosques.

En el pueblo, puedes visitar su plaza, que encierra el encanto de la provincia, y la parroquia del Señor del Perdón, cuyo principal atractivo es el ensamble de la madera para construir su techo en bóveda de cañón. Si pasas ahí la noche, con un poco de suerte podrías encontrarte a la princesa Eréndira convertida en sirena.

Por Arturo Familiar

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