El jaguar: linaje de reyes y sol nocturno

Fauna

 De presencia majestuosa y enigmática, el jaguar (Panthera onca) es el felino más grande de México y toda América.

 Texto y fotos de Salatiel Barragán

Es un animal muy fuerte, puede medir entre 2 y 2.5 metros de longitud y pesar hasta 150 kilos, luce piel llamativa de color amarillo pálido a café rojizo, rosetas distintivas de tonos cafés oscuros y manchas blancas en el pecho e interior de las extremidades – aunque con frecuencia se encuentran ejemplares melánicos totalmente negros –.

Sigiloso habitante de la selva, el jaguar es un depredador solitario de hábitos diurnos y nocturnos. Estos felinos sólo forman pareja durante la época de apareamiento, su periodo de gestación es de casi 100 días y nacen una o dos crías que la hembra cuida hasta por dos años. Transcurrido este periodo, los cachorros se independizan e inician su vida adulta que puede durar unos 20 años en estado salvaje. Posee agudos sentidos del oído y olfato, tiene una gran habilidad para trepar y nadar. Es un excelente cazador provisto de poderosas garras, fuerte mandíbula – su mordida es una de las más potentes – y agudos dientes; sin embargo, también es un oportunista, pues su dieta depende de la disponibilidad de presas. Es un animal muy versátil y adaptado a variados ecosistemas, desde las selvas húmedas hasta las zonas semiáridas, pero desafortunadamente en las últimas décadas se ha convertido en una especie amenazada, debido al deterioro de su hábitat – un jaguar al menos necesita entre 30 y 40 km2 para su sobrevivencia –, la caza furtiva y la competencia con el hombre.

El dios jaguar

El jaguar siempre ha inspirado veneración y temor. En el México prehispánico se creía que la nobleza descendía de su linaje y era considerado una divinidad protectora y propiciatoria: en el Golfo de México, los olmecas esculpían “hombres-jaguar” y pensaban que sus chamanes compartían su esencia espiritual con el felino; los mayas en la Península de Yucatán y sureste de nuestro país, lo llamaban “Balam”, el dios sol que se transformaba en jaguar para recorrer los senderos durante la noche; y en el Altiplano, los nahuas– según Fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino – lo reconocían como “noble y principesco; dueño y señor de los animales. Prudente, sabio y orgulloso”.

El jaguar fue representado en tumbas, tronos, frisos, códices, esculturas, estelas, dinteles y estructuras; los Guerreros Jaguar aztecas usaban atavíos que evocaban al gran felino y sus chimallis, o escudos, estaban adornados con su imagen; dientes y garras eran empleados por altos personajes como accesorios de poder y los chamanes se cubrían con su piel. Esta veneración aún persiste en las máscaras y danzas de los pueblos indígenas en la zona montañosa de Guerrero y en la Danza del Pochó en Tenosique, Tabasco.

La situación actual del Jaguar en México

Estudios de densidad y distribución geográfica advierten que el número de ejemplares de esta especie en nuestro país presenta una tendencia a la baja por la persecución, degradación del hábitat, escases de presas, avance de la frontera agrícola y ganadera, así como la destrucción de selvas y bosques. El Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) estima unos cuatro mil individuos en vida silvestre. Las poblaciones mejor conservadas se encuentran en la Península de Yucatán, Oaxaca y Chiapas, con alrededor de mil 800 ejemplares. En Sonora y Sinaloa podría haber alrededor de 400; en la costa media del Pacífico, en Nayarit, Jalisco y Colima, aproximadamente 300, y de Michoacán a Chiapas, 650.

Por otro lado, el 40% del hábitat del jaguar en México se ha perdido en los últimos 50 años. Se calcula que sólo en una sexta parte de nuestro territorio – unos 300 mil km2 – cuenta con las condiciones para la conservación del jaguar. Sin embargo, la mayor parte de esta superficie se encuentra fragmentada. Para determinar los patrones de desplazamiento de los jaguares, identificar sus áreas prioritarias y corredores biológicos, así como sus ciclos de permanencia en un sitio y el uso que le dan al hábitat, investigadores mexicanos emplean tecnologías como la telemetría y el foto-trampeo, o cámaras-trampa. Es alentador que, en algunas áreas protegidas existan proyectos que permiten su estudio y protección, para así rescatar de su posible extinción a este amo y señor de nuestras selvas.

 

 

 

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