Parque Nacional Uruapan, el paraíso del río que aún canta

Parque Nacional Uruapan

En la antigua piedra laja quedó grabada una huella, semejante a la silueta de una rodilla apoyada en la tierra; los lugareños dicen que se trata de la marca dejada por el mismísimo Lucifer, cuando huía apresurado, expulsado por fray Juan de San Miguel, a mediados del siglo XVI. Una leyenda repetida una y otra vez por los niños-guías del Parque Nacional de Uruapan, uno de los lugares más hermosos de Michoacán.

Arturo Familiar, 1 Enero 2014

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Pero esta historia del diablo expulsado del Paraíso, solo es una de los muchos cuentos tradicionales que se narran para amenizar el paseo. Este edén de agua y roca, protegido desde 1938, cuenta con un privilegiado microclima tropical y de montaña en el que habitan más de 89 especies de plantas y más de 180 de vertebrados, pequeños habitantes de la rivera del río Cupatitzio, el río que canta pirékuas, versos en purépechas con reminiscencias indígenas.

El Parque Nacional Uruapan

Originalmente, el Parque Nacional era parte de la Quinta Josefina, propiedad de una familia de hacendados, hasta que durante el gobierno de Lázaro Cárdenas se adquirieron estas tierras para beneficio de la nación. Años más tarde se construyeron caminos, fuentes y áreas comunes para los visitantes de esta reserva natural.

Desde 1979, este Parque Nacional es administrado por el Ayuntamiento de Uruapan. El santuario está dividido en dos áreas: la menor, y más conocida, es el área de paseantes. Esta sección es nombrada Parque Nacional Barranca del Cupatitzio, o área del río. Esta corriente es producto de las aguas subterráneas de la región. La segunda sección, la mayor, es el área de conservación o área de montaña, con 439 hectáreas.

En el sitio que nace el río Cupatitzio, uno de los ramales de la Cuenca del Balsas, se forma con el agua filtrada en la meseta, el manantial de la Rodilla del Diablo, bordeado por una exuberante vegetación. La corriente sigue su curso en declive hasta el Gólgota, una cascada con puente techado, continúa formando una serie de escurrimientos, llamados Yerba Buena.

A lo largo del curso del río que canta, encontramos fosas y fuentes con sonoros nombres purépechas: Julhiata (El Sol), Teshkukua (Arcoíris), Nana Kutzi (La Luna), y Janikua Tzitziki (Flor de lluvia). En el camino, los visitantes cruzan por puentes con nombres entrañables, como Puente de los enamorados, Puente del Recuerdo, y Puente de los recién casados. Unos kilómetros río abajo descubrimos el salto La Tzararacua, una imponente cascada con 60 metros de altura.

Otras caída espectacular dentro del parque es la llamada Velo de Novia, donde los paseantes acostumbran tomarse la foto del recuerdo. Durante el recorrido admiramos más cascadas como El Pescadito, Baño Azul y Corrientes de Eréndira.

La zona de río se distingue por su riqueza de flora y fauna; alberga un microclima que permite el crecimiento de plantas tropicales y es el hábitat de numerosas especies de anfibios y reptiles. Los paseos, por veredas empedradas, siguen el lecho del río, cuyo mayor caudal, y por lo tanto, espectacularidad, ocurre en los meses del verano, debido a la temporada de lluvias. Los invitamos a perderse entre el follaje, hipnotizado por el rumor del agua que cae sobre la piedra

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