El Cielo, hogar de especies entre el calor y el frío

El Cielo

…El Cielo, un lugar donde conviven plantas y animales del trópico mexicano y las zonas templadas de Norteamérica: son especies adaptadas al rigor del trópico húmedo en el noreste, que además, se considera el área con vegetación tropical más nórdica de México.

 

Salatiel Barragán, 1 Enero 2014

"…estaba cortando palmilla, cuando de pronto escuché el tronar de ramas secas y al voltear me encontré ante un jaguar de enorme tamaño, nunca había visto un animal de monte tan grande; estaba a casi 20 metros de distancia. Mis dos compañeros se habían alejado hasta un cerro cercano, al que no fui porque ya llevaba más de 30 kilos de hojas. Ellos lo vieron primero y gritaron que habían visto un tigre, pero no pude contestar porque me paralizaba el miedo; además pensé que me atacaría y sólo traía un pequeño machete. El jaguar avanzó un poco, pero al escuchar que mis amigos venían haciendo ruido, rodando piedras y quebrando ramas, saltó como 5 metros y despareció entre la vegetación..."

Mientras recorríamos El Cielo, Luis Martínez García, habitante de Gómez Farías y guía en la Reserva, me contó esta experiencia.

EL AMBIENTE: SELVAS Y BOSQUES EN COMUNIÓN

Para llegar al Cielo, se necesita realizar un recorrido mínimo de un día en vehículo alto, para así poder admirar lo mejor de sus atractivos y ecosistemas. Al empezar el ascenso, lo primero que vemos es la selva seca o subcaducifolia; pocos kilómetros adelante, en las tierras medias encontramos el bosque de niebla o mesófilo de montaña, y en las partes más altas nos rodean bosques de encinos y pinos; contrastante con la parte oriental donde sólo se desarrolla el matorral espinoso – xerófilo -. En menos de una hora, subimos desde los 200 hasta los 2,300msnm, lo abrupto del terreno hace patente la variación climática, lo que genera una alta biodiversidad debido a su topografía y ubicación geográfica.

Durante el trayecto nos sorprende la enorme riqueza vegetal, pues en pocos minutos las selvas tropicales, bajas y medianas, se mezclan con árboles de las tierras frías. Es una reserva con ambientes secos sólo por el norte y oeste, mientras por el sur destacan las selvas que reciben humedad de los vientos y temporales del Golfo de México, que al chocar con la barrera de serranías, las humedecen casi todo el año. Aquí predominan al menos tres climas: en las partes bajas la temperatura es cálida y tropical, en las medias el ambiente es menos cálido y más húmedo, y en lo alto de las montañas es templado. Así, en las tierras medias y altas, encontramos plantas que cubren a otros árboles y cada espacio lo ocupan bromélias, musgos, líquenes, orquídeas y lianas.

Al avanzar en la cima montañosa, vemos que la humedad y la niebla, han favorecido un ecosistema único: el bosque Mesófilo. Poco más adelante, encontramos el bosque mixto de pinos, encinos, alamillo y liquidámbar que se elevan más de 40 m al cielo. Aquí existen rarezas vegetales adaptadas al rigor climático como la Magnolia y el Podocarpus; en pocos kilómetros pasamos de las selvas a los bosques, y de seguir llegaríamos al matorral desértico. Para quien recorre este paraíso natural, existe la posibilidad de admirar animales raros como Oso Negro, Ocofaisán, Guacamaya Verde y todos los felinos existentes en el país, decenas de especies de mamíferos, más de 20 de anfibios, 60 de reptiles y más de 400 especies de aves residentes y migratorias.

SAN JOSÉ: PORCIÓN HABITADA EN EL SUR DE LA RESERVA

Después de avanzar durante casi 13 km por un camino de terracería en buenas condiciones, pasamos por la población de Alta Cima; a partir de este punto, el camino se torna más angosto y sólo pueden transitarlo vehículos altos o 4x4. Después de recorrer 20 km hasta lo alto de la sierra, llegamos a San José, una ranchería con una docena de casas, donde pudimos apreciar vestigios de tiempos pasados, pues entre las desnudas rocas quedan decenas de cabinas de antiguos camiones madereros: son reliquias de comandos de la Segunda Guerra Mundial, los camiones chicos eran Dodge Power y para los años 60 los camiones eran Diesel, más altos y grandes.

Cuenta nuestro guía Luis que, hace más de tres décadas eran el único medio de trabajo, pues su abuelo manejó uno de esos camiones, y dice que cuando llovía era difícil avanzar por los caminos madereros, porque iban cargados con troncos muy gruesos y pesados. Así, San José tuvo años de esplendor y auge, pues era el centro de reconcentración: contaba con pagaduría, cine y tiendas de raya; las quincenas eran días de plaza, llegaban vendedores, bajaban los troceros, los de aserraderos, y los de caminos que para hacer un kilómetro de brecha trabajaban 15 días con pico, pala, hacha y barreta, para tirar lo que estorbara, como en el famoso camino de los 10 millones.

Las casas de madera emplazadas a unos 1,500 msnm, destacan entre plácidos prados donde vagan libres borregos, caballos y otros animales domésticos. Sus habitantes gustosos preparan comida o sirven como guías para recorrer el área con los visitantes que llegan en los fines de semana y en épocas de vacaciones; desde aquí, es posible recorrer sinuosos caminos entre los bosques. Algunos atractivos cercanos son la Cueva del Agua, a 2 Km; la Cueva Infiernillo, a 4 Km, y la peculiar roca El Elefante a 6 Km, adelante del rancho La Gloria. Las caminatas permiten internarnos bajo esbeltos alamillos, encinos y robles, para descubrir cuevas, cañadas y arroyos o estructuras pétreas en plena sierra.

Cada sendero reserva sorpresas, los paisajes varían, la vegetación luce verdes infinitos y en los alrededores abundan sótanos y depresiones del terreno como Julilo, Agua Linda o la profunda Joya de Salas. Según algunos, en temporada de seca el clima es caluroso, la hojarasca tapiza el suelo y el ronroneo del jaguar ha sido escuchado en grutas donde llega a refugiarse. Las caminatas cortas, permiten observar la extracción de palmilla que según los lugareños, se exporta a los EUA para emplearse en colorantes para fabricar los Dólares. En San José, pudimos saborear el aguamiel extraído de sus escasos magueyes, y durante un día despejado, en la brumosa lejanía admiramos cómo surge majestuosa y solitaria la torre rocosa del Bernal de Horcasitas.

LA GLORA Y JOYA DE MANANTIALES: VALLES ENTRE CERROS

El camino que pasa por el centro de San José, continúa hacia La Gloria, que está 4 kilómetros adelante. Entre varios cerros, de pronto surge un pequeño valle que contiene casi una docena de casas hechas de madera; todo está rodeado por encinos cargados de bromélias con flores rojas. Aquí la mayoría de sus pobladores son hombres que se dedican al corte de palmilla. Seguimos y a menos de 2 km llegamos al Elefante, una formación rocosa espectacular parecida a este animal, por lo que atrae incontables visitantes que llegan para acampar y conocer los alrededores formados por bosques de pinos.

La terracería continúa y 6 km después está Joya de Manantiales, un paraje inmerso en un valle rodeado por elevados cerros, donde sólo se escucha el sonido del viento y el canto de las aves. Aquí, Gustavo Cuevas, nos guía por un sendero de casi 600 m hasta la gruta del Amarillo, que posee formaciones caprichosas y decenas de metros de profundidad, pero muy segura de visitar porque un comité de Manantiales la cuida para que nadie la dañe. Nos comenta que lo ideal es dedicar mínimo dos días a esta zona, pues existen más de 10 cuevas como: Joya del Agua, el Cedazo, el Murciélago y el Muerto, y también abundan cascadas y decenas de oquedades parecidas a cenotes.

Por el extremo opuesto de la ranchería, realizamos senderismo entre la densa vegetación de pinos, pasamos por un sitio donde instalarán un Orquideario con más de 30 especies de la región. La caminata de casi 4 Km ente troncos, arroyuelos y rocas, nos lleva hasta el Puente del Amor, un mirador que nos deleita con extensas tierras quebradas, que en la lejanía luce tierras brumosas que rodean a esta Sierra Madre. Es un lugar lleno de arroyos y cascadas de varios tamaños; por todos lados se escucha el sonido del agua, el canto de aves diversas y el repiqueteo de los pájaros carpinteros, y desde la copa de pinos frondosos, nos caen restos de piñas tiernas comidas por ardillas.

Con pesar dejamos El Cielo, una Reserva de la Biosfera creada en 1985 en el suroeste de Tamaulipas en gran parte de la Sierra Madre Oriental. El área cuenta con comunidades dispersas como San José, Alta Cima, La Gloria, Joya de Salas, Joya de Manantiales y Lázaro Cárdenas, que al inicio de los años 50 se fundaron alrededor de los grandes aserraderos. Hoy los bosques se han recuperado, existen facilidades para acampar, realizar recorridos hasta grutas desconocidas y formaciones pétreas, conocer rarezas vegetales y animales, al tiempo que los pobladores atienden al visitante en sus casas, lo que permite disfrutar de los atractivos cerca de cada poblado, y así admirar todas las bellezas naturales de estas tierras limítrofes entre el calor, el frío y el cielo.

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