En la fabricación de quesos es posible aprovechar por mayor tiempo las propiedades nutritivas de la leche. Leche que bien puede ser de oveja, vaca o cabra. Pastores, granjeros y monjes, estos últimos con una inclinación natural por la gastronomía, fueron haciendo pruebas hasta conseguir la variedad de quesos que ahora conocemos: suaves, picantes, cremosos o con aromas penetrantes.

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