La Colonia Roma, ¡Bienvenido al Barrio en la Ciudad de México!

Grandes Ciudades

Siempre me resulta emocionante platicar de mi barrio, pues la Colonia Roma es precisamente eso: un barrio emocionante. Desde que la conozco le caracteriza una elegante decadencia y la diversidad social que sólo puede encontrarse en una urbe tan cosmopolita como lo es la Ciudad de México. Y hoy, después de muchos años de amarla, escucharla y recorrerla todo el día, puedo asegurar que la mejor forma para descubrirla es caminarla.

Alonso Vera Cantú, 1 Enero 2014

Fotgrafía: Paulina G. Vallejo

bwd  Pág 1/3  fwd
colonia-roma-01.jpg
colonia-roma-02.jpg
colonia-roma-03.jpg
colonia-roma-04.jpg
colonia-roma-06.jpg

Hay que perderse en la Roma para internarte en sus calles más pequeñas y disfrutar las historias de sus vecinos, así como sus escenas cotidianas. A cada paso una sonrisa, y una experiencia nueva, ya sea una galería de arte, el taller de un artesano, la tertulia de un grupo de escritores o el ensayo de una banda musical. Todas las comidas y los idiomas del mundo pueden saborearse recorriendo sus avenidas arboladas o practicando el deporte favorito de los locales: sentarse a ver pasar en sus plazas Luis Cabrera y Río de Janeiro. El aroma del café y el pan recién hecho se mezcla con el incienso de las casas de meditación y el cigarrillo de los oficinistas. El bullicio del mercado, y las risas de los niños al salir de la escuela conviven con el murmullo del agua de sus fuentes y el grito de vapor del carro donde lleva su carga el camotero. Los coches, las bicicletas y los transeúntes de debaten el derecho de vía por esas calles abombadas y sus banquetas sin basureros. Sus fachadas majestuosas y diversas portan las cicatrices de un sin fin de terremotos y hundimientos.

La Colonia Roma fue fundada sobre lo que fuera el barrio prehispánico de Aztacalco, en una esquinita de la Gran Tenochtitlán donde abundaban los árboles de sabino y las garzas blancas. Dicho barrio tenía su centro en lo que hoy llamamos la Romita, la mamá de la Roma. Sus vecinos tienen varias generaciones, y la capilla que hoy es dedicada a San Judas Tadeo recuerdo siglos de orgullo y tradición. De hecho, se cree que Real de Romita obtuvo su nombre pues las vistas de antaño le recordaron al primero de sus párrocos su visita a la capital italiana. Hoy se sirve allí el más rico pozole con todo el arte y el folclore urbano.

Sin embargo, la colonia Roma que hoy reconocemos fue fundada en 1902, cuando Walter Orrin compró los “Potreros de Romita” y nombró sus calles en honor de las ciudades donde tuvo éxito el circo del cual era dueño. Y así, junto con la familia Lamm, de origen norteamericano, se desarrolló ésta zona ubicada entre el centro histórico y la vecina Hacienda de la Condesa de Miravalle, hoy en día fraccionada como la Hipódromo y la Condesa.

Debido a sus innovaciones urbanísticas, como los camellones y el drenaje, así como por su arquitectura moderna de estilos afrancesados como el Art Nouveau, pronto se consagró como una de las colonias más elegantes y solicitadas entre las luminarias del siglo XX. En sus calles vivieron Fidel Castro y Álvaro Obregón, Carlos Fuentes y Leonora Carrington, el Padre Pro y William Burroughs.

Hoy en día la Roma está de moda en México y el mundo. Buena parte de las propuestas gastronómicas, artísticas y sociales que ponen en alto el nombre del país se cocinan detrás de sus fachadas. Y la revitalización que vivimos es resultado de la alquimia entre los bajos precios y el ambiente decadente de finales de los años ochenta que atrajo primero a los artistas, quienes encontraron un refugio óptimo para la creatividad, la innovación y el (re)encuentro.

Cuando vengas a la Colonia Roma trae contigo una sonrisa sincera y prepárate para vivir una experiencia única. Ven a tomar un café y a perderte por sus calles para encontrarte con las más originales tiendas y galerías. Visítanos de noche y disfruta una cena exquisita, así como de su ambiente bohemia bebiendo un cóctel de autor o un sabroso mezcal. Explora más allá de la arteria conformada por las calles de Álvaro Obregón y Orizaba, y atrévete a platicar con sus vecinos para que te compartamos una extraña sugerencia de viaje que, como dice Kurt Vonnegut Jr., son lecciones de baile de Dios. Así pues, bienvenido al barrio

Visita Nuestra revista"Edición/Otoño"

Suscribase a nuestro Boletín

Reserva tu viaje