La Huaca, el rescate en el Puerto de Veracruz

El México moderno es un país multicultural y multiétnico, donde inmigrantes de diversas nacionalidades se suman a sus raíces indígena, española, mestiza, y africana. Esta última es poco conocida, en parte debido al bajo número de negros esclavos que fueron introducidos en México durante la época colonial.

Abigail Ramos de Asís, 1 Enero 2014


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Algunas estimaciones ponen el número en 200 mil esclavos traídos en barcos que seguían una ruta por el Atlántico hasta las islas del Caribe. Se trataba de un comercio infame de seres humanos capturados en la costa este de África, en lo que hoy es Senegal, Guinea, Sierra Leona, y Liberia. Estos esclavos se establecieron principalmente en los estados de Veracruz, Oaxaca, y Guerrero. En contraste con otras poblaciones de esclavos Africanos como en Cuba y Brasil, los negros en México no pudieron mantener sus creencias y tradiciones como consecuencia del férreo control español, y el mestizaje.

Azúcar amarga

En 1519 los españoles trajeron los primeros esclavos africanos a México para trabajar en los campos y las minas. Entre 1618 y hasta 1750 en Veracruz, los esclavos fueron usados en las haciendas cañeras de Córdoba, apuntalando así el crecimiento de la industria azucarera. Pero a diferencia de otras ciudades del Nuevo Mundo, los negros en México gozaban de protección jurídica bajo una serie de códigos que reglamentaban la relación entre esclavo y amo. El ejemplo más sobresaliente es el caso de Las Siete Partidas, cuerpo de leyes atribuidas al rey Alfonso el Sabio, donde se establecían las obligaciones tanto del propietario como del esclavo. Las Siete Partidas prohibía matar o mutilar al esclavo, garantizaba una alimentación adecuada, otorgaba al esclavo el derecho de comprar su libertad, y el derecho a casarse incluso contra el deseo del amo.

Otra diferencia importante fue que los esclavos en México nunca aceptaron esta humillante condición, como lo reflejaban las fugas masivas y las numerosas revueltas. De estas rebeliones o cimarronadas – los esclavos que huían a la montaña eran llamados cimarrones – resulta significativa la encabezada en 1570 por el esclavo Gaspar Yanga, conocido como el Príncipe, quien junto con otros esclavos se estableció en Omealca, a las faldas de la Sierra de Zongolica, en Veracruz.

La feroz resistencia de Gaspar Yanga consiguió frutos cuando en 1608 llevó a los españoles a firmar un convenio que reconocía la libertad de todos los negros fugados hasta esa fecha, y a constituir un pueblo independiente conocido como San Lorenzo de los Negros. Actualmente, desde 1976, se celebra en este sitio el Carnaval de la Negritud, para recordar al caudillo negro. Dos siglos más tarde, con la Guerra de Independencia de 1810, negros e indígenas consiguieron su libertad y el derecho de decidir su propio destino.

Azúcar amarga

Le influencia negra en Veracruz se manifiesta en platillos como el mogo mogo, preparado con plátano macho molido, ajo y carne de puerco; en la voluptuosidad de sus mujeres, en el ánimo de sus hombres, en su alegría, música y baile. Un rincón de México vive esta "cuarta raíz" con una tradición de 300 años: La Huaca, en el Puerto de Veracruz. La Huaca es un barrio del antiguo Veracruz, levantado por 500 esclavos y mulatos en la rivera del río Tenoya. Las rústicas casas con tejados y tapancos interiores fueron construidas con los restos de naufragios durante el siglo XVII.

A finales del siglo XVIII, La Huaca se convirtió en el barrio de los pescadores, jornaleros, cargadores, pregoneros, lavanderas, artesanos, músicos e inmigrantes que se ganaban la vida con su esfuerzo. Sus habitantes combatieron a los norteamericanos en la ocupación de 1914. En sus patios y callejones se cantó y bailó por primera vez los ritmos caribeños de la rumba, las cuerdas del son, las percusiones del guaguancó, y los compases del danzón cubano. Música que seduce, enamora, acaricia y abraza.

La Huaca fue visitada por grandes artistas como los Cubanos Benny Moré, y Dámaso Pérez Prado. Junto con Toña la Negra, descubierta en este mismo lugar por el inolvidable Agustín Lara, estos músicos encontraron inspiración en sus plazas y salones. Desde el 2006, la Universidad de Veracruz y el gobierno municipal realizan trabajos para conservar el patrimonio cultural e histórico de La Huaca. Recientemente se rehabilitaron las fachadas de las casas, se adoquinaron las calles, se instaló alumbrado, y se restauraron monumentos para recuperar este espacio que nos recuerda la herencia negra en la cultura Mexicana.

San Andrés Tuxtla y el aroma del tabaco

El tabaco es un producto originario de América. Los pueblos primitivos consumían tabaco en forma de zumo, polvo, pasta, humo, tisana o fumándolo por la nariz, auxiliándose de un artefacto parecido a una cerbatana. Mayas y aztecas usaban el tabaco en la celebración de sus rituales, fiestas y celebraciones.

Cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, los pobladores fumaban, masticaban, comían, bebían e incluso untaban tabaco en sus cuerpos. La variedad utilizada por los mayas fue comercializada en Europa, gracias a dos compañeros de Cristóbal Colón, Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre.

Posteriormente, por órdenes del rey Felipe II, llegaron a España las primeras semillas de tabaco. Estas simientes fueron plantadas en una región conocida como Los Cigarrales, en Toledo. El consumo de tabaco en forma de rapé se extendió en las cortes europeas.

Actualmente, el cultivo del tabaco se encuentra limitado a algunas regiones de Asia y América. En el mundo solo existen dos zonas con las condiciones adecuadas para conseguir tabaco de calidad excepcional: Vuelta Abajo, en Cuba, y San Andrés en la Reserva de Los Tuxtlas, en el Golfo de México.

La Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, es una región montañosa de casi 2500 kma, localizada en el sur del estado de Veracruz, rodeada por la Llanura de Sotavento. En esta zona pueden encontrarse elevaciones de hasta 1700 msnm, lagos, cascadas, ríos, arroyos y litorales. Debido a su clima tropical y lluvioso, la vegetación exuberante es común en este territorio.

En la Sierra San Martín de Los Tuxtlas se encuentra el pueblo de San Andrés. Uno de los principales pilares económicos de esta localidad veracruzana es el cultivo del tabaco y la elaboración de puros.

Las variedades de tabaco que se cosechan en San Andrés son Jaltepec o Negro San Andrés, Habano y Sumatra, este último es usado como cubierta de los puros. El cultivo del tabaco es muy preciso para conseguir un producto de calidad internacional.

Las semillas de tabaco con depositadas en recipientes cónicos para que germine directamente sin trasplantar. La siembra de riego es en los meses de febrero y marzo, mientras que la de temporal es en los meses lluviosos de mayo y junio. La temperatura óptima para el cultivo varía entre los 18 y 28 grados centígrados durante el crecimiento.

Con la variedad Negro de San Andrés, a los 45 o 55 días, la planta es capada, quitándole los cogollos o brotes para que alcance un mejor desarrollo, consiguiendo con esta práctica entre 18 y 20 hojas por mata. Cada planta de tabaco llega a medir hasta tres metros.

Los colectores de las hojas de tabaco son hombres experimentados que saben cuál es el momento indicado para cortar las hojas que se convertirán en puros de tabaco, maduro claro y maduro.

Las hojas cosechadas son llevadas a galeras o casa de tabaco para su secado. Las hojas son colgadas en travesaños y conforme van perdiendo humedad se aproximan al techo del almacén. Este paso exige un estricto control de la humedad dentro de la galera.

Concluido el secado, se procede a la fermentación. En este proceso, las hojas de tabaco se atan en gavillas o trojas y se apilan. Dependiendo si el año ha sido muy seco o muy lluvioso, las pilas de tabaco serán más o menos altas, y requerirán de un menor o mayor tiempo de fermentación. Al terminar este paso, las hojas de tabaco son embaladas y añejadas para su posterior selección.

Las hojas se seleccionan por tamaño, color, grueso, textura y forma en tres categorías principales: capas, tripas y bandas. En esta industria se aprovecha de cada mata de tabaco un 95% de las hojas cosechadas, elaborando al menos unos 18 puros. En esta parte del proceso son verdaderos expertos los que aportan con su talento para realizar una mezcla perfecta de tabacos.

Ahora toca el turno a los roladores o torcedores. Estos artesanos aprendieron este oficio de enrollar puros desde niños, y se enseña de generación en generación. El torcedor extiende la hoja que cubrirá el puro, la capa, sobre una mesa de ébano, alisa y corta los bordes con sus manos. Después enrolla la tripa con cuidado, la mide y coloca dentro de la capa, confeccionando el cañón. Termina pegando la cabeza y el pie de la capa con una goma. Cada rolador enrolla alrededor de 70 puros al día.

Finalmente se coloca un anillo distintivo en los puros, se seleccionan por tonalidades y se colocan en cajas de cedro. La conservación del producto terminado se realiza en bodegas donde es cuidada la temperatura y humedad.

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