Los pantanos de Centla

Tabasco no solo posee el 35% del agua de México, sino también se ha convertido en un importante destino turístico que ofrece maravillosas zonas arqueológicas, actividades ecoturísticas y espectaculares paisajes de ríos y lagos con exuberante vegetación y una gran diversidad de fauna y flora, lo que le ha ganado el calificativo de “El Edén”.

 En esta ocasión exploramos uno de los humedales más grandes de México: la Reserva de la Biosfera-Pantanos de Centla, ubicada al noroeste de Villahermosa, a no más de hora y media en carretera.  Recomendamos hospedarse en la capital de Tabasco y conocer el Andador Turístico, pasear por el Lago de las Ilusiones, o maravillarse con la espléndida vista del Mirador en la Torre del Caballero.

Muy temprano puede abordar un autobús o taxi y dirigirse a Centla – voz proveniente del náhuatl, traducida como “En el Maizal”–. Aconsejamos realizar su tour con los guías y embarcaciones en la Estación de Servicio Muelle Tres Brazos, cooperativa local. Es importante utilizar bloqueador solar, gafas oscuras, gorra o sombrero durante el recorrido, pues la temperatura promedio en la zona es de 32º C.

Los Pantanos de Centla son un auténtico paraíso con más de 300 mil hectáreas distribuidas entre los municipios de Centla, Jonutla y Macuspana: extensa área que representa el 12% de la superficie total de Tabasco. La importancia natural de estos pantanos, únicos en Mesoamérica, sería reconocida con el nombramiento de Reserva de la Biosfera en 1992. En los humedales crece y palpita un  complejo ecosistema que se relaciona en armonía con rústicas comunidades.

Por Humberto Alemao Luna

Iniciamos nuestro viaje en el Uyotot-Ja – La Casa del Agua, fundada en 2002 – complejo integrado por viveros, cinco palafitos elevados a unos dos metros de altura y un museo con tres salas en las que se concientiza sobre los valores ecológicos, económicos y sociales de los pantanos a través de módulos interactivos. Dentro del recinto seguimos un sendero interpretativo con unos 700 metros que conducen hasta una torre de observación con 20 metros de altura, ideal para apreciar un fragmento del panorama de la reserva: el espectáculo de la migración estacional de las aves y la unión de los brazos de agua de los ríos Usumacinta, Grijalva y San Pedro.  

Salimos de La Casa del Agua y abordamos un bote en el muelle. El costo y duración de los recorridos varían de acuerdo con su duración, pueden ser de una hora y media hasta cuatro horas. Nosotros decidimos  una ruta de 24 kilómetros, incluyendo estrechos canales y la zona de manglares, además de las playas Miramar, Azul y Pico de Oro, todas muy recomendables para asolearse y relajarse.

Nuestro guía nos explica la contribución de los humedales para la riqueza pesquera de las costas de Tabasco, Campeche y Yucatán, así como su relevancia ecológica como retenedores de mantos acuíferos y amortiguadores de los impactos de los fenómenos naturales. En otras palabras, los pantanos son el equilibrio de un enorme ecosistema.

Nos refresca la brisa del Grijalva y descubrimos con asombro la presencia de diversas especies que conviven en la región: sigilosos jaguares, grandes iguanas, tortugas blancas, serpientes bejuquilla y nauyaca, caimanes e imponentes cocodrilos que pueden medir hasta seis metros de longitud. Desde el follaje somos observados por grupos de curiosos monos saraguatos y cerca de nosotros una nutria americana se alimenta despreocupada.

El avistamiento de aves es otra actividad en los pantanos. Con nuestros binoculares seguimos el vuelo de un águila pescadora con su presa del día, en la ribera se alimentan cigüeñas jabirú y garzas tigre, martinillos y cardenales anidan en las ramas. Los pobladores de Centla se preocupan por conservar los hábitats naturales y zonas de anidación, recomendando a los visitantes no perturbar a las aves.

      

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Por Humberto Alemao Luna

Una mención especial merece el trabajo de la comunidad en la preservación de especies ribereñas como el pejelagarto – un pez de origen prehistórico y emblemático de la región – y la reproducción en granjas de mojarra y robalo.

Continuamos con nuestro viaje y llegamos a los manglares. Existen cuatro variedades en los pantanos que llegan a medir hasta 10 metros de altura: mangle blanco, mangle rojo, botoncillo y mangle prieto. Adentrarse en los manglares es sumergirse en un mundo aislado y silencioso en el que se escucha el canto de las aves, el zumbido de las libélulas  y el croar de pequeños batracios. Experimentamos esa conexión con la naturaleza que solo se vive cuando nos sentimos vulnerables y seducidos al mismo tiempo.

Regresamos por los canales, tapizados con lirios, cuyas flores son utilizadas en la medicina tradicional, y admiramos los paisajes selváticos característicos del sureste, donde predominan altas palmeras, ceibas y zapotes. 

Concluimos en Arroyo del Tabasquillo, un pequeño restaurante que se encuentra cerca del muelle. Nos reciben con hospitalidad y probamos la cocina típica de Centla: deliciosos caldos, guisos y cocteles elaborados con pescados y mariscos frescos. Sugerimos acompañar su platillo con una cerveza bien fría y los invitamos saborear el pejelagarto asado, platillo emblemático de Tabasco.

 

¡Para chuparse los dedos!

 

 

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