El Oasis de Edward James

En la década de los cuarenta, mientras el mundo experimentaba los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el aristócrata Edward James, poeta Escocés, heredero de una gran fortuna, mecenas de artistas de la estatura de Dalí, Magritte y Picasso, llegó a México en busca de un lugar para construir su visión personal del Edén. Durante su estancia en la ciudad de Cuernavaca, en el estado de Morelos, Edward James escuchó sobre un pueblo llamado Xilitla, famoso por sus orquídeas, en la Huasteca Potosina, y también conoció a Plutarco Gastélum Esquer, telegrafista y exboxeador. Ambos se hicieron amigos e iniciaron juntos una serie de travesías por todo el país. En 1945, durante una de estas aventuras, encontraron Xilitla.

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

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Constructor de sueños

Edward James se enamoró de esta pacífica y sencilla población. Amante de la naturaleza, llegó a Xilitla en busca de orquídeas salvajes. Seducido por la exuberante vegetación, decidió quedarse y comenzó a comprar propiedades. Compro, hasta adquirir poco más de cuarenta hectáreas en la zona del río Huichihuayan, un sitio de incomparable belleza y grandes caídas de agua. Y en este sitio selvático, húmedo y de neblina constante, Edward James construyó un santuario surrealista conocido como Las Pozas, nombrado así por las nueve represas que existen en el lugar.

Inicialmente, Edward James pensó en una reserva natural para cultivar orquídeas y proteger animales en peligro de extinción. Crío guacamayas, loros, periquillos, ocelotes y reptiles. Pero a principios de los sesenta, una helada sin precedentes destruyó su plantación de orquídeas. Fue entonces que Edward James decidió construir su jardín secreto.

Una casa con alas

Aprovechando el magnífico escenario natural, Edward James edificó un espacio escultórico lleno de magia donde plasmó sus sueños y obsesiones. Cerca de cuarenta estructuras de concreto, varilla, laja y ladrillo se edificaron sobre quince hectáreas. Cientos de albañiles, carpinteros, y trabajadores se esforzaron por más de treinta años para materializar las insólitas ensoñaciones surrealistas de Edward James, asistido por Plutarco Gastélum y el maestro artesano José Aguilar.

Las estructuras no tienen un fin utilitario. Columnas y pilastras orientales con forma de pistilos y capullos de orquídeas, lotos y bromelias que no sostienen nada; escaleras y corredores que conducen a ninguna parte, y tallas de piedra dispuestas de forma caprichosa; ventanas con arco apuntado de estilo gótico, paredes que semejan murallas de bambúes, y habitaciones sin techo ni muros. Musgo y líquenes, follaje y cascadas mimetizan las estructuras volviéndolas parte de la selva.

Un camino rústico de laja conduce hasta el anillo de brillantes. Serpientes, dragones y arpas ofrecen la bienvenida. Las manos de un gigante proporcionan sosiego para iniciar el viaje. Una fuente de colores brillantes evoca una orquídea. Un refugio en el que hace años desplegaban sus alas guacamayas y loros. Más adelante otro en el que descansaban tigrillos. Un puente inconcluso indica el sitio del templo con dos columnas, cuyas escaleras se dirigen al infinito. En el patio de los peristilos un estanque donde antes habitaban tortugas. El pasillo de orquídeas llega hasta una impresionante caída de agua conocida como El General donde el constante sonido del agua invita a la contemplación.

Frente a la cascada, un Partenón. La mirada se pierde en los detalles de este jardín escultórico. Las Pozas es un santuario en el que las visiones aladas de Edward James empezaron a cantar.

Un castillo en Xilitla

Esta casona, ahora conocida como Posada El Castillo, fue construida en los años cincuenta por Plutarco Gastélum. En este lugar cuya arquitectura combina estilos colonial, victoriano y mudéjar, vivió Edward James. Por sus pasillos luminosos se escuchaban sus pasos. En el amplio comedor organizaba tertulias a las que asistían sus amigos, como la pintora Leonora Carrington. En una de las habitaciones dibujaba sus fantasías en cientos de bocetos. Descansaba en el pórtico mientras alimentaba sus guacamayas.

Actualmente, Posada El Castillo, administrada por Gabriela Gastélum, es un hotel que ofrece a sus huéspedes un ambiente singular. Cuenta con ocho habitaciones, alberca, salas de esparcimiento y una atmósfera de inusual tranquilidad. Junto a la posada se encuentra el restaurante El Museo, un espléndido lugar en el que se exhiben piezas de los moldes que se utilizaron en la construcción del Jardín de Edward James. Además, El Museo ofrece una espléndida carta con platillos de la nouvelle cuisine mexicana.

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