Las paredes de la ciudad y sus colores

La Ciudad de México es una mina de oro en cuanto a cultura, arte e historia. Caminar por sus calles resulta un estímulo constante para los sentidos: desde el aroma de los antojitos en la esquina, el guitarrista que depende de nuestra simpatía, hasta la obra maestra que observamos en las paredes públicas de artistas desconocidos. Estos son nuevos talentos que siguen con convicción una tradición expresiva que echó raíz hace muchas lunas en México.

Janna Alcaraz, 

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Con ayuda de un solo hashtag y los ojos de miles de usuarios se creó un mapa fotográfico con obras de arte callejero realizadas en toda la Ciudad de México y el país.

Los aztecas fundaron la ciudad e implementaron la expresión visual a través de la iconografía. Esos símbolos de vida diaria, política y espiritualidad no cesaron de existir tras ser conquistados por los españoles, al contrario, evolucionaron y persistieron con los siglos; crecieron en tamaño con los grandes muralistas, o se convirtieron en juegos de palabras y movimientos con los pachucos. Siempre encontraron paredes vacías que anhelaban una voz.

La Ciudad de México tiene el mayor número de museos por habitante en el mundo, pero en esta ocasión, salimos en busca de arte no confinado en grandes espacios, con cámara en mano y dedo nervioso. Nuestra primera misión, encontrar murales o graffitis artísticos. Cabe mencionar que el movimiento street art o arte urbano es global y va en ascenso, pero México tiene la peculiaridad de contar con la riqueza histórica del arte popular, lo cual ha provocado que se realicen murales a mano y con gran detalle, a diferencia de Europa, donde predominan los esténciles.

Empezamos en Avenida Reforma con dirección al Centro Histórico. Reforma es una famosa avenida llena de lujosos edificios y oficinas: no es el primer lugar en el que uno pensaría encontrarse con un graffiti. Llegamos a las instalaciones del periódico Excélsior en Bucareli y Reforma, conocida popularmente como La Esquina de la Información. Aquí admiramos dos espectaculares murales uno frente al otro: una escena surrealista y llena de colores en la que vemos el interior de un hombre, frente a la imagen de una joven con grandes ojos tristes que nos dice: “El pasado puede ser un regalo para nuestro futuro”. El tamaño de estas obras en medio de altos edificios las hacen difíciles de fotografiar y obligan a disfrutar el momento, la belleza y el mensaje.

Los artistas siempre han tenido una responsabilidad social, la cual incluye expresar inquietudes colectivas a través de un lenguaje universal. Hay dos tipos de graffitis: los que fueron comisionados o permitidos por los dueños de un edificio, y los que aparecen de la noche a la mañana y no tienen ningún tipo de permiso ni garantía de vida. Estos últimos son efímeros y solamente pueden prolongar su vida de manera virtual.

Conforme nos acercamos al Centro Histórico, descubrimos numerosos graffitis y murales que inquietan nuestros dedos y presionamos constantemente el disparador de la cámara. Imágenes que representan míticos personajes, similares a dioses urbanos, defensores de los buenos y jueces de los deshonestos. Con cada paso, hallamos otros tipos de arte urbano y reconocemos la evolución del arte en las paredes hacia al arte corporal.

Seguimos y disfrutamos en el camino de músicos, malabaristas, comediantes y bailarines. Pero es en Francisco I. Madero donde realmente se vive el impacto de estas presentaciones callejeras. Esta calzada adoquinada, paso peatonal que conecta la Alameda y el Palacio de Bellas Artes con el Zócalo, es muy transitada y el lugar perfecto para que los artistas expongan sus habilidades. Encontramos aquellos que son ágiles con la palabra y envuelven con historias contadas con picardía, utilizando voces que solo los citadinos entienden. Pasamos frente a estatuas vivientes con llamativos maquillajes que sin mover un músculo narran un suceso y cautivan miradas. Escuchamos la hermosa voz de una mujer vestida con ropajes típicos y coloridos, interpretando en su propio estilo canciones tradicionales y vemos cómo un pachuco sacude sus pies y caderas al son de la música en un icónico baile.

Las diferentes expresiones artísticas de la ciudad son absorbidas por nuestros sentidos y crean una experiencia única e individual. Cada acto artístico es testigo y reacción directa a la situación actual de nuestro país. Se puede entender muy bien a una sociedad con tan solo estudiar su arte. Les recomendamos tomarse un día completo para recorrer las calles a pie o pedaleando en bicicleta y descubrir los tesoros artísticos de esta talentosa ciudad.

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