Mata Ortiz y sus poetas alfareros

 Por Michael Peterson

“A finales del siglo XIX, el ingeniero y empresario estadounidense Frederick Stark Pearson fundó el aserradero más grande del mundo en el noroeste de Chihuahua. Para transportar la madera, construyó en 1909 una estación de ferrocarriles junto a las vías del tren proveniente del pueblo de Madera. La comunidad que se formó alrededor fue nombrada Estación Pearson, hoy Mata Ortiz” explica mi guía con ese característico acento que distingue a los chihuahuenses, gente hospitalaria, cordial y muy trabajadora.

 

Llegando a Mata Ortiz, a unos 35 kilómetros de Nuevos Casas Grandes, imagino a los primeros habitantes levantando rústicas casas de adobe con vigas y techos de madera. Muy temprano, quizá cuando aún se escuchaba el silbato de la locomotora, recorrían las cortinas de sus ventanas para contemplar el amanecer. Más tarde, mientras los hombres trabajaban en las sierras mecánicas traídas por Stark Pearson, los niños se divertían escondiéndose en los pastizales que colindaban con el Río Casas Grandes o subiendo al Cerro del Indio.

En la recepción del Hotel Posada Adobe Inn, único en el poblado, espero mi habitación con un sotol en la mano – el sotol es un exquisito aguardiente tradicional elaborado con una agave silvestre que solo crece en Chihuahua –. El ama de llaves se acerca y empieza a contarme cómo el movimiento revolucionario de 1910 obligó el cierre del aserradero. Los trenes dejaron de pasar y el pueblo parecía condenado a desaparecer. Testigo silencioso de aquellos duros años sería la antigua Estación Pearson, monumento a la persistencia y esperanza de esta localidad rodeada por agrestes montañas cobrizas.

“El talento, curiosidad e intuición de Juan Quezada Celado, galardonado en 1999 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, cambiaron el destino de Mata Ortiz, ahora es uno de los centros artesanales más importantes en el norte de México y reconocido a nivel internacional” continúa mi guía, luego de despedirnos del ama de llaves y comenzar nuestro recorrido.

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Desde muy pequeño, Juan Quezada Celado manifestó su gusto por pintar y esculpir. El mismo maestro cuenta que en cierta ocasión se encontraba en uno de los montes cercanos para cargar leña y dentro de una cueva descubrió un entierro prehispánico y algunos restos de cerámica realizadas por los alfareros de Paquimé, importante zona arqueológica próxima a Mata Ortiz. Inspirado por estos bellos fragmentos de vasijas, empezó a trabajar y experimentar con pastas de arcilla, recuperando técnicas ancestrales durante el proceso: Modelar sin torno, pulir con piedra y usar pigmentos naturales para decorar cada pieza con intrincados diseños geométricos conocidos como mimbres o paquimés.

En 1976, el trabajo de Quezada Celado atrajo la atención del antropólogo y coleccionista de arte Spencer MacCallum, quien promovió su trabajo con exhibiciones en galerías de los Estados Unidos. Durante una subasta en San Francisco, una de sus piezas se cotizó en 600 USD – actualmente sus obras se valúan hasta en 1000 USD –. Entusiasmado por el éxito de su trabajo, compartió con generosidad sus conocimientos y propuso al resto pueblo dedicarse a la alfarería. Así comenzó el Milagro de Mata Ortiz y la fama de sus poetas artesanos.

Visité los modestos talleres familiares, algunos organizaban demostraciones para los turistas, las tiendas y el Mercadito Pearson. Confirmé el Milagro de Mata Ortiz, pues este laborioso trabajo artesanal contribuyó en el resurgimiento de la comunidad y la manutención de más de 500 familias que desde hace 50 años se dedican a la alfarería. Las finas y delicadas vasijas y ollas elaboradas por los ceramistas de este enigmático poblado son consideradas por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) como ícono de la cultura popular de México.

Por cierto, en la reciente visita del Papa Francisco a Chihuahua, estado incluido en su primer viaje pastoral a nuestro país, uno de los obsequios que recibió fue una vasija de Mata Ortiz, obra del artesano Jesús Octavio Silveira Sandoval: Una pieza de 48 centímetros de altura decorada con un retrato del Pontífice y una representación del Espíritu Santo engarzado con elementos decorativos que distinguen a estas obras de arte. 

Debido a su cercanía, recomiendo las opciones que ofrece Nuevo Casas Grandes para hospedarse y descubrir Mata Ortiz. Aproveche su estancia, conozca el taller y galería del maestro Juan Quezada Celado, ubicado frente a la Estación Pearson, explore el Cerro del Indio y la zona arqueológica de Paquimé, Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1998. Además sorpréndase con el Museo de las Culturas del Norte, proyecto arquitectónico de Mario Schjetnan, galardonado con el Gran Premio Latinoamericano de la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires en 1995, y aventúrese en arroyo de los Monos; ya de regreso a Nuevo Casas Grandes no pierda oportunidad de internarse en la Ex Hacienda de San Diego y admirar la arquitectura de las colonias mormonas de Juárez y Dublán. ¡Chihuahua se vive a lo grande!   

 

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