La Ruta de los Tarahumaras

Recientemente la Secretaría de Turismo (SECTUR) lanzó un programa que comprende 10 rutas turísticas con el objetivo de promover destinos poco conocidos pero llenos de magia y cultura. Estas rutas son La Ruta del Vino y el Acuario del Mundo, trayecto que recorre Baja California y los valles vitivinícolas; La Magia de las Tradiciones y la Naturaleza, un atractivo recorrido por el estado de Michoacán; Del Valor Universal, travesía por la historia de México en el Bajío;

 El Arte del Tequila y la Música Bajo el Sol, alegre travesía por el estado de Jalisco; Las Bellezas Huastecas, aventura en la selva de las Huastecas; Los Mil Sabores del Mole, ruta que comprende el corazón de México; El Misterio y Origen de los Mayas, extraordinario recorrido por la península de Yucatán; El México Virreinal, trayecto por los estados con asombrosos monumentos coloniales; El Encuentro Fascinante entre la Historia y la Modernidad, travesía por el norte de México; y Los Tarahumaras Milenarios, recorrido que explora las majestuosas Barrancas del Cobre, sistema de cañones cuatro veces más grandes que el Cañón de Colorado, una travesía que inicia en el Puerto de Mazatlán, en el estado de Sinaloa y concluye en la Sierra Tarahumara.

Los rarámuris, hijos del sol

Los tarahumaras o rarámuris son nativos del estado de Chihuahua. La palabra rarámuri puede traducirse como "los hijos del sol", o "los hombres de los pies ligeros" como referencia a la inagotable fortaleza de este pueblo. Algunos especialistas consideran que los rarámuris se establecieron hace unos 15 mil años en la sierra del norte, pero es hasta el siglo XVII que este pueblo asilado es descubierto por misioneros jesuitas. Guerras de conquista y colonos fueron empujando a los rarámuris, quienes se adentraron en regiones inaccesibles para mantener su ancestral modo de vida.

Los rarámuris son altos y espigados. Sus ojos son de intensa mirada oblicua. De pómulos salientes, nariz y labios anchos. Brazos y piernas son largos. Su constitución atlética les permite recorrer largas distancias, haciéndose famosos por su resistencia en carreras de grandes distancias. También se distinguen por sus vistosas vestimentas, cobijas y la koyera, una banda que usan alrededor de la cabeza.

En la sociedad rarámuri, la familia es fundamental. Generalmente son familias pequeñas, debido a lo inhóspito y abrupto de la zona en que residen. Construyen sus viviendas con troncos de árboles o adobe y se establecen cerca de arroyos o en las mesetas. Otros prefieren ocupar cuevas. No acostumbran ningún tipo de mobiliario. Desde muy pequeños, los rarámuris son enseñados a responsabilizarse del ganado y cosechas. Las niñas y jóvenes rarámuris nunca exponen su cuerpo desnudo, incluso casada jamás se quita el vestido. Los ancianos viven en casas separadas, pero los hijos proveen alimento a los ancianos. Los muertos son incinerados en cavernas y se realizan elaborados rituales mortuorios. Uno de los principales valores de este grupo indígena es el respeto a las personas y la naturaleza.

La vida de los rarámuris es sencilla. Uno de los sucesos de mayor trascendencia es el matrimonio. Durante las tesgüinadas, reuniones que convocan a los miembros de la comunidad, surgen relaciones donde con frecuencia es la mujer quien toma la iniciativa para interesar a los hombres. Los matrimonios se celebran en domingo, en la casa del gobernador o siríame, hombre sabio, frente a todas las familias, siguiendo sus tradiciones milenarias.

Los rarámuris son sumamente religiosos. Sus ceremonias se organizan en torno a los cantores o maynates y rezadores, quienes conducen las ceremonias con el sonido de sonajas y bules. En los rituales rarámuris es usual el consumo de tesgüino, aguardiente local, y el peyote como alucinógeno sagrado. En estos rituales participan chamanes y sanadores, guardianes de las tradiciones. Los rarámuris han conservado a través de los siglos sus antiguas costumbres con insólita firmeza. Evidencia lo anterior las festividades de Semana Santa, periodo en el que se conmemora el martirio, muerte y resurrección de Jesús. La Semana Santa rarámuri es un acontecimiento alucinante, visto por muy pocos y lleno de misticismo.

La Ruta de los Tarahumaras Milenarios es una oportunidad única para acercarse a los rarámuris, sus tradiciones, danzas, magia, mitos y rituales. En un viaje a través de las Barrancas del Cobre, a bordo de El Chepe, cruzando los majestuosos paisajes de los cañones, los visitantes descubrirán un universo donde todo es sol, todo es luna.

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