Oaxaca

Un recorrido turístico por las calles de la ciudad de Oaxaca puede resultar una verdadera experiencia sensorial. Reconocida como uno de los destinos coloniales más bellos de México, y designada en 1987 como patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la ciudad de Oaxaca es un lugar que ofrece zonas arqueológicas como Monte Albán, templos, conventos, palacios y monumentos de estilo barroco del siglo XVI, edificios neoclásicos, coloridos mercados, una gastronomía única, y fiestas patronales como Las Calendas, La Guelaguetza y La Noche de Rábanos.

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

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La Verde Antequera

Fundada en el siglo XV, la mayoría de las estructuras en esta bella ciudad fueron construidas con cantera verde extraída de yacimientos cercanos. Su trazo urbano fue comisionado a Alonso García Bravo por el conquistador Hernan Cortes. Esta metrópoli llena de historia cuenta con algunos de los monumentos más excepcionales de barroco colonial como el que fuera Convento de Santo Domingo con sus retablos de oro, y donde ahora se exhibe una de las colecciones más completas de los descubrimientos realizados en la famosa Tumba 7 de Monte Albán. Este espacio también alberga la casa de cultura y un jardín botánico con más de 7 mil especímenes nativos sobre dos hectáreas. El atardecer ofrece el mejor momento para apreciar este recinto, cuando se pueden distinguir todos los detalles de la fachada barroca.

Otro santuario importante es la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, templo señorial de estilo barroco con un lujoso portal de cantera labrada. Este monumento es una de las expresiones más destacadas de la arquitectura religiosa virreinal. Además del Ex Convento de Santo Domingo y la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, destacan las iglesias de San Felipe Neri, San Juan de Dios, San Agustín y el Convento de Santa Catalina de Siena, hoy Hotel Camino Real.

Colores en Oaxaca

En portales y plazas orientadas con la intención de que el sol ilumine puertas y ventanas coloniales, se escuchan las voces de un pasado vivo. Gente animada pertenecientes a los diversos grupos indígenas que habitan la región como son amuzgos, chinantecos, chontales, mixtecos, y zapotecos caminan por las calles cubriéndose del sol con sombreros de palma, y las mujeres embozando sus rostros con coloridos rebozos, y vistiendo huipiles, gabanes, y prendas tradicionales que dan muestra del talento oaxaqueño, así como de la imaginación y creatividad manifiesta en textiles, orfebrería, alfarería y cerámica, talabartería, cestería y tallas en madera. Estas piezas únicas, elaboradas con técnicas milenarias, son fácilmente identificadas en el Mercado de Artesanías, donde tres décadas de tradición hacen posible encontrar artículos de las distintas regiones de Oaxaca: Valles Centrales, Mixteca, Cañada, Papaloapan, Sierra Norte, Sierra Sur, Istmo, y Costa.

Los sabores de Oaxaca y el mezcal

La gastronomía de nuestro país fue nombrada por la UNESCO en 2010 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y dentro de la cocina mexicana, la oaxaqueña ocupa un lugar destacado. Las famosas tlayudas con tasajo, cubiertas con el conocido queso de hebra, los aromas de sus chiles, la hoja santa, el totomoxtle y los chapulines. Pero son los moles, negro, amarillo, coloradito, verde, chichilo, rojo y estofado, el platillo que mas distingue a la tradición culinaria oaxaqueña. Restaurantes recomendables para degustar los sabores de esta tierra son Catedral y La Casa de la Abuela.

Entre las bebidas tradicionales se encuentra el téjate, elaborado con cacao. Pero la más importante es el mezcal, aguardiente preparado de forma tradicional. El mezcal se extrae cocinando, fermentando y ahumando las piñas de los agaves tobalá y espadín. Desde 1995 el mezcal cuenta con Denominación de Origen, otorgada por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Sugerimos el restaurante Casa Oaxaca para degustar las distintas variedades de mezcal.

La Guelaguetza, la gran fiesta de Oaxaca

Cada año en el mes de julio, en el Cerro del Fortín, se presenta La Guelaguetza, la gran fiesta oaxaqueña. Los orígenes de esta festividad se encuentran en el México prehispánico, pues esta celebración rendía culto a Centéotl, diosa del maíz. Actualmente, durante el Lunes del Cerro, coinciden todos los grupos de las siete regiones, y ofrecen un espectáculo con sus danzas y música tradicionales. Esta fiesta expresa el espíritu generoso, amable y hospitalario de los oaxaqueños.

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