Cuernavaca, ciudad de conquistadores

Malcolm Lowry, novelista inglés, vivió una temporada en el Hotel Casino de la Selva, sitio entrañable del que ahora solo se conservan sus históricos murales, seducido por el embrujo de la ciudad de Cuernavaca, capital del Estado de Morelos. Esta experiencia inspiró a Lowry para escribir una de las obras literarias más importantes del siglo XX: Bajo el volcán.

Esteban Raymundo González, 1 Enero 2014

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Pero el encanto de Cuernavaca también sedujo a personalidades como la inolvidable María Félix, diva de la época de oro del cine mexicano, Leonora Carrington, una de las artistas surrealistas más importantes de nuestro país, el emperador Bhumibol Aduljadej de Tailandia, el sha de Irán, Mohammad Reza Pahlevi, y Timothy Leary, uno de los defensores del uso de psicotrópicos durante la Psicodelia en los años sesenta.

Cuernavaca, ciudad de conquistadores

Hernán Cortés vence a los caciques de la región y conquista Cuauhnáhuac, ciudad fundada por los tlahuicas, cuyo nombre puede interpretarse como lugar junto a los árboles, en 1521. Subordinada del Imperio Azteca, Cuauhnáhuac era considerada en ese entonces un vergel por su clima y variedad de flores. Después de someter a Tenochtitlán, Cortés se establece en la ahora llamada Cuernavaca y construye en 1526 un palacio sobre las ruinas del Tlatlocalli, un edificio donde se recibían tributos.

El Palacio de Cortés es uno de los monumentos novohispanos más antiguos que se conservan en México. El cuerpo principal del orgulloso palacio se edificó con dos amplias galerías, de cuatro arcos en sus dos niveles en la parte occidental y grandes habitaciones cubiertas de tapices en las alas norte y sur. El castillo contaba con bellos patios, cuadras para los caballos del conquistador, bodegas, hermosos huertos y un muro con almenas y torreones. En la capilla del palacio se encontraba una cruz de oro y plata. Con el tiempo, la fortaleza fue usada como herrería, taller textil, cuartel militar y cárcel, José María Morelos y Pavón, héroe de la Independencia de México, sería uno de los prisioneros en estas celdas. A principios del siglo XX se promovió la conservación del monumento. Actualmente alberga el Museo de Antropología de Cuernavaca.

La catedral de Cuernavaca

Un grupo de frailes franciscanos se estableció en Cuernavaca a principios del siglo XVI. Estos religiosos iniciaron la construcción de un monasterio integrado por una muralla, un atrio, una capilla abierta consagrada a San José para los indígenas, donde se encuentra una pintura que recuerda el linaje espiritual de San Francisco, y un templo dedicado a la Asunción de la Virgen María. Las obras concluyeron alrededor de 1574. En el siglo XVII se sumaron dos capillas y altares laterales. Tiempo después se incluyó una bóveda y una torre. Posteriormente, al pie de la torre se instaló un reloj, obsequio del emperador Carlos V de España. Es a finales del siglo XIX que esta parroquia es denominada catedral. En los muros de este monumento colonial aún se conservan frescos que describen el martirio de San Felipe de Jesús. Otros lugares de interés dentro de la catedral son la Capilla de la Santa Cruz, la Capilla de los Dolores, la Capilla del Carmen, la Capilla de la Tercera Orden y el Templo de Nuestra Señora del Carmen.

El emperador hechizado

Después de su arribo a Veracruz en la fragata Novara en 1864, Maximiliano de Habsburgo, emperador de México, inició un recorrido por el territorio ocupado. Uno de los escoltas del soberano le informó de la existencia de un sitio de encanto y recreo en Cuernavaca: el Jardín Borda, actual sede del Instituto de Cultura de Morelos. Este lugar fue residencia de José de la Borda, hombre acaudalado, quien financió la construcción del templo de Santa Prisca en Taxco, Guerrero, joya de la arquitectura barroca del siglo XVIII.

La arquitectura del santuario es sobria y exquisita. Se distinguen estilos arquitectónicos como el galante versallesco, aplicaciones y decoraciones estilo mudéjar y atisbos del barroco italiano. El primero se observa en el escalonamiento de los jardines, idéntico a los prados franceses. Las fuentes y el pórtico evocan nostalgias árabes y transportan a los patios de la Alhambra en Granada, España. Desde los miradores del jardín se contemplan la barranca de Apatlaco y la Sierra de Chichinauhtzin.

En 1866, Maximiliano de Habsburgo y la emperatriz Carlota Amalia visitan este recinto. El emperador describe de esta forma sus primeras impresiones: "El jardín de viejo estilo está atravesado por magníficas enramadas oscuras cubiertas de rosas siempre en flor. Innumerables fuentes, bajo las espesas copas de los naranjos y los mangos seculares, refrescan el ambiente. Sobre la terraza que corre a lo largo de nuestros cuartos y que cubre el mirador, están nuestras cómodas hamacas y mientras pintados pajarillos nos cantan canciones, nos mecemos en nuestros sueños". Es comprensible la fascinación de Maximiliano pues se trataba de un hombre culto, interesado en la botánica, la arqueología y la historia.

La pareja imperial, debido a la inestabilidad política que sufría el país, decide pasar la mayor parte de su tiempo en Cuernavaca. Durante una de sus habituales cabalgatas, Maximiliano descubre en el barrio de Acapatzingo, un sitio ideal para construir una villa que será bautizada como El Olindo. En este refugio, el emperador plantó árboles frutales y, según algunos rumores de la época, cortejó a una de sus amantes, Concepción Sedano, la célebre India Bonita. Aún se conservan en este recinto, la Casa Grande de la hacienda y el Pabellón de los emperadores. También es importante visitar la Capilla de San Miguel Arcángel. Ahora la otrora villa real hospeda el Jardín Etnobotánico, el Museo de Medicina Tradicional y oficinas del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Además de estos atractivos coloniales e históricos, Cuernavaca ofrece zonas arqueológicas como Teopanzolco, maravillas naturales como la cascada El Salto de San Antón con más de 40 metros de altura y una intensa vida nocturna.

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