Antiguo Colegio de San Ildefonso, espacio para la cultura y el arte

Visitar el Antiguo Colegio de San Ildefonso en el Centro Histórico de la Ciudad de México es sumergirse en nuestro orgulloso pasado colonial, presentarse a una cita con el arte de todo el mundo y descubrir los albores del Muralismo Mexicano, movimiento estético que unió identidad y modernidad, impulsado por José Vasconcelos. Acompáñenos en un interesante recorrido por este recinto fundado por los jesuitas en el siglo XVI y que posteriormente sería sede de la primera Escuela Nacional Preparatoria hasta 1978.

El edificio del Antiguo Colegio de San Ildefonso se encuentra en Justo Sierra, entre las concurridas y vibrantes calles de República de Argentina y El Carmen, seguro transitadas en más de una ocasión por un preparatoriano llamado Octavio Paz, quien en sus años de estudiante se soñaba como poeta y revolucionario. En sus amplios patios aún se escuchan los pasos sosegados de los jesuitas y sus discípulos siguiéndolos en pequeños grupos, ávidos de conocimiento. También resuena el eco de las botas del Regimientos de Flandes y de las tropas estadunidenses y francesas que ocuparon sus espacios como cuartel militar.

Los orígenes del Antiguo Colegio de San Ildefonso, uno de los principales centros educativos de la otrora Nueva España, los encontramos en el Colegio Chico, ahora Museo de la Luz,  cuya fachada barroca presume un nicho con la Virgen del Rosario tallada en bello mármol de Tecali – sobre esta observamos un relieve en cantera con San José sosteniendo en sus brazos a Jesús niño –. El pórtico ha experimentado varias intervenciones y reconstrucciones, una de estas últimas se debe a Pedro de Arrieta a principios del siglo XVIII. Arrieta fue el arquitecto del Templo de la Profesa y del Templo de Santo Domingo entre otras obras en la Ciudad de México.

En el Cubo de la Escalera del Colegio Chico tenemos oportunidad de admirar los murales realizados entre 1923 y 1924 por el temperamental David Alfaro Siqueiros, como El Llamado a la Libertad y El Entierro del Obrero Sacrificado: “su obra es un reflejo de las tradiciones indígenas y populares: manos trabajadoras labrando la tierra, niños en el regazo de su madre, expresiones de fuerza, lucha y victoria impregnada de simbolismo y significado en un contexto político, social y cultural generadas por diversas líneas que crean dinamismo en la figura y sensación de movimiento”.

Continuamos en el Colegio Grande que se distingue por sus espléndidos relieves en mármol con San Ildefonso recibiendo la casulla de manos de la Virgen y el Escudo Real de Castilla y León. Nos detenemos para apreciar el armonioso conjunto de tres niveles y dos áreas: una correspondiente al periodo barroco con tres patios, apacible espacio de mampostería con arcadas sobre pilastras, fachadas recubiertas con tezontle y marcos y cornisas de chiluca, y otra al sur con una fachada inspirada en el siglo XVIII, dos pequeños patios y el Anfiteatro Simón Bolívar, edificio anexo de estilo neoclásico que alberga el primer mural del maestro Diego Rivera: La Creación, realizada en 1922.

Diego Rivera empleó en este trabajo, una técnica conocida como encáustica – resina de copal emulsionada con cera de abeja y una mezcla de pigmentos fundidos con fuego directo –. La Creación es “una composición con marcada influencia bizantina en la que convergen cualidades estéticas del ímpetu inicial de Rivera y cualidades filosóficas alentadas por el pensamiento de José Vasconcelos”.  Como dato anecdótico, la obra de Diego Rivera fue cuestionada y criticada, incluso una muy joven Frida Kahlo y un grupo de estudiantes molestaban y arrojaban objetos al pintor mientras trabajaba en el mural.

En el Colegio Grande y en los tres niveles del patio principal nos sacude y conmueve la obra de José Clemente Orozco, muralista que a través de su arte reveló la trágica condición humana. No olvidemos que vivió en carne propia la Revolución de 1910, junto con Siqueiros. En la planta baja se encuentra una de las obras más representativas y estremecedoras de Orozco: La Trinchera (1926) una composición en la que predominan los claroscuros y el rojo. Este mural expresa la tensión, la fuerza y el dolor de la lucha revolucionaria en tres hombres que se desploman sobre una piedra que sirve de parapeto

Además de los tres grandes del Muralismo Mexicano, también participaron en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, Jean Charlot (Masacre en el Templo Mayor), Fernando Leal (La Fiesta del Señor de Chalma), Fermín Revueltas (Alegoría de la Virgen de Guadalupe) y Ramón Alva de la Canal (El Desembarco de los Españoles y la cruz plantada en tierras nuevas).

Recomendamos adentrarse en el Antiguo Colegio de San Ildefonso y conocer espacios como el Generalito que conserva la magnífica sillería del coro tallada en madera de nogal del Templo de San Agustín y óleos realizados por Miguel Cabrera, máximo exponente de la pintura barroca del virreinato, y José de Alcíbar, artista representativo de la segunda mitad del siglo XVIII; la majestuosa Capilla del siglo XVIII; y la Sacristía en la que se pueden apreciar dos grandes lienzos de Francisco Antonio Vallejo, cuya obra se inserta en el último periodo del barroco mexicano.

Desde su inicio como recinto cultural y museístico en 1992, con la exposición México, esplendores de 30 siglos, el Antiguo Colegio de San Ildefonso ha recibido siete millones de visitantes y presentado exposiciones como la muestra Reflex, de lo ordinario a los extraordinario, de Vik Muniz, recorrida por más de 57 mil personas en 2008, y las esculturas hiperrealistas de Ron Mueck en 2011 que dejaron sorprendidos a más de 400 mil espectadores.

Aprovechamos para invitarlos a la exposición Obras Maestras del Museo Nacional de China: más de 150 obras entre óleos, aguadas, grabados, esculturas, papel recortado, marionetas de teatro de sombras y máscaras. La muestra permanecerá en las salas de exhibición del Antiguo Colegio de San Ildefonso hasta el 19 de febrero del 2017.

 

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Por Marisol Hernández Brito 

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