Guty Cárdenas y la canción yucateca

La trova yucateca, o canción yucateca, es una expresión musical de raíces mestizas, amorosa poesía inspirada en la mujer

, la belleza y el amor correspondido o no. ¿Quién no ha disfrutado de una serenata en el Parque de Santa Lucía, en la blanca ciudad de Mérida? ¿Quién no tiene un entrañable recuerdo cuando un trío interpreta “Nunca”?

 

Este género romántico surgió a finales del siglo XIX y principios del siglo XX; sus orígenes se encuentran en el bolero cubano y el bambuco colombiano: “La canción es una de las manifestaciones de mayor genuinidad del alma yucateca, expresión que tiene la particularidad de ser típicamente criolla. Particularidad de la canción yucateca es la hermosura y corrección literaria de su texto”.

Uno de los máximos exponentes de la inconfundible trova yucateca es el compositor, intérprete y talentoso guitarrista Guty Cárdenas, quien nació en Mérida en 1905, en el seno de una acaudalada familia productora de henequén. Vivió en una casona en el centro de la capital yucateca y todos los testimonios coinciden en que era un joven espigado muy inteligente y aficionado a los deportes – incluso jugó en el equipo de béisbol veracruzano “Águilas”: sus amigos siempre le recordaban lo bien que se veía con la gorra y cómo saltaba de alegría cuando bateaba un jonrón –. Pero su verdadera pasión era la música: cautivado por trovadores de su época, como Ricardo Palmerín y José Domínguez, aprendió a tocar piano, saxofón clarinete y guitarra, esta última, instrumento preferido de Guty.

Una de sus primeras composiciones fue “Flor” – con letra de Juan Antonio Pérez Bonalde y Diego Córdoba –, tema inspirado en un efímero amor de juventud, ese amor inocente e ingenuo que todos hemos experimentado en alguna ocasión. Más adelante, de 1924 a 1932, escribió más de 200 canciones entre las que destacan auténticas joyas de la trova yucateca, sones, guarachas, boleros, tangos, bambucos y rancheras.

Guty Cárdenas residió por un tiempo en la Ciudad de México, debido a sus estudios profesionales. Al terminar su carrera en contabilidad, regresó a Mérida, entregó el título a sus padres y se dedicó a su verdadera vocación: la música. Formó un grupo de trovadores que se presentaba en el Parque Santa Lucía, llevaba serenata a las muchachas y frecuentaba un cafecito en la Calle 60 – frente al Parque Hidalgo –, sitio en el que se reunían poetas, bohemios y soñadores. En 1927, conoció en una tertulia al famoso compositor Ignacio Esperón “Tata Nacho”, al caricaturista Ernesto García Cabral, al periodista Manuel Horta y al pintor Roberto Montenegro – invitados a participar en el carnaval de la ciudad –. Los persuadió de dejar el hotel en el que se hospedaban y alojarse en su casa. Así nació una muy buena y larga amistad entre Guty y “Tata Nacho”.

“Tata Nacho” – quien se convirtió en su principal promotor – convenció a Guty Cárdenas de volver a la Ciudad de México y probar suerte con sus composiciones. Debutó en el restaurante “El Retiro”, durante la celebración de un aniversario más del periódico “Excélsior”. Posteriormente compitió con el bolero “Nunca” – con letra de Ricardo López Méndez e interpretada por el trío Garnica Ascencio – en el “Concurso de la Canción Mexicana”, organizado en el Teatro Lírico. Esta participación significó el despegue de su trayectoria como compositor: al año siguiente, 1928, firmó un contrato en Nueva York con la Columbia Phonograph Company, realizó una gira por los Estados Unidos, cantó en la Casa Blanca, trabajó en Hollywood y se casó con la estadounidense Anne Patrick.

Una anécdota curiosa es que, aunque poseía una espléndida voz, Guty nunca consiguió superar el pánico escénico – pues temía equivocarse en algún momento de su actuación –; así que antes de salir y complacer al público, o hablar en un micrófono en la cabina de una estación radiofónica, se tomaba un café bien caliente y una copa de coñac para tranquilizar sus nervios. Quizá, después de descansar la copa coñaquera sobre algún mueble de su camerino, arreglaba su bigote y giraba inquieto el anillo de oro con su nombre y el escudo de Yucatán grabados.

En 1932, luego de cantar “Diles a tus ojos”, discutió con un parroquiano y murió de forma abrupta en el “Salón Bach”, cantina ubicada en la Calle Madero en la Ciudad de México. Tenía apenas 27 años y estaba por estrenar sus más recientes composiciones: “Caminante del Mayab”, “Yucalpetén” y “Xtabay”. El funeral se realizó en el Panteón Francés; como homenaje póstumo, Pedro Vargas interpretó “Nunca” y Alfonso Ortíz Tirado “Rayito de Sol”.  En 1958, los restos de Guty Cárdenas fueron exhumados y trasladados a su querida Mérida. Actualmente reposa en una de las criptas del Monumento a los Creadores de la Canción Yucateca y año con año se entrega la “Medalla Guty Cárdenas” para reconocer la labor de compositores y trovadores de la canción yucateca.

También recomendamos visitar el Museo de la Canción Yucateca, instalado en 1978 en una casona del Barrio de La Mejorada en la ciudad de Mérida. En este recinto se exhiben objetos personales y una estatua de bronce del inmortal Guty Cárdenas.

Por Sergio Carlos García Contreras

 

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