Arte popular de Yucatán: Memoria y tradición

Texto y Fotos: Marco González Pacheco

Las técnicas, colorido e historia de las maravillosas artesanías mexicanas han logrado seducir a un sin número de paisanos y visitantes extranjeros durante muchos años, además de formar parte esencial de la identidad de pueblos y ciudades de toda la nación y, sin duda alguna, símbolo de las diferentes costumbres y tradiciones que alberga nuestro México.

En el sureste del país, en Yucatán, existen ejemplos de este arte popular, memoria y tradición que se expresa en la cotidianidad de Mérida, ciudad capital, y en los pintorescos poblados de la región del Mayab.

 

Una buena hamaca para descansar

Las hamacas yucatecas se utilizan tanto en los grandes y lujosos resorts como en las sencillas casas de los barrios en Mérida. Las hamacas surgen hace aproximadamente unos 1000 años, eran elaboradas por los mayas con una fibra tejida, extraída de la corteza de un árbol llamado Hamak.

Las cómodas hamacas actuales son entramadas pacientemente con cuerdas de algodón, material utilizado por los artesanos en años recientes. Los tejedores de hamacas emplean grandes bastidores perpendiculares, unidos por largueros. Se coloca el hilo y se teje con una lanzadera de madera o hueso. Durante el proceso – que puede durar de uno a tres días – la urdimbre pasa por arriba, debajo y cruzando para dar origen a la trama característica de una hamaca. La calidad de las hamacas depende del proceso de urdimbre, número de hilos y calidad del material con el que se producen.

Las hamacas de lino o hilo fino de henequén son las más finas en Yucatán, se pueden adquirir en el municipio de Chemax, ubicado a unas dos horas de Mérida, y en los alrededores de la ciudad de Valladolid, ambos en el oriente del estado. Estas tradicionales hamacas son fabricadas con fibra de henequén y pueden caber dos personas cómodamente.

 

Oro Verde: el henequén de Yucatán

Desde la época prehispánica, los mayas trabajaban el henequén, especie de agave considerado sagrado por este gran pueblo. Según la leyenda, un sacerdote de Chichén Itzá enseñó a los pobladores cómo utilizar el henequén para elaborar sacos, bolsas, jarcias, hamacas cordones y otros artículos.

El uso de la fibra de henequén continuó incluso después de la Conquista y posteriormente – durante el siglo XIX – el cultivo del henequén para obtener la fibra de soskil o sisal, tuvo gran auge, convirtiendo el terreno de la península yucateca en uno de los más ricos con la producción del 90% de sogas y bolsas en el mundo. Se calcula que se cultivaron más de 400 mil hectáreas en los primeros años del siglo XX y la exportación de henequén alcanzó las 210 mil toneladas, esto produjo un ingreso de 80 millones de pesos en oro.

Movimientos sociales como la Revolución Mexicana de 1910, el cultivo del henequén en otras partes del mundo y la invención de  fibras sintéticas hicieron que decayera la demanda y producción de este material. Aún se conservan 400 haciendas henequeras en Yucatán, monumentales testigos de aquel glorioso pasado.

El henequén (Agave fourcroydes lemaire) es una agavácea que puede tener un diámetro de hasta tres metros y una altura de poco más de dos metros. Vive aproximadamente 25 años y es hasta los ocho o 10 años que logra sus mayores pencas de las cuales se extrae su fibra para la creación de diferentes productos debido a su dureza y resistencia. También es utilizada en diferentes artesanías tales como hamacas, tapetes, prendas de vestir y bolsas entre otras.

La guayabera yucateca

Uno puede imaginar a los grandes hacendados recorriendo sus extensas plantaciones de henequén, cubriéndose del sol con un sombrero Panamá y usando una fina guayabera de lino o seda, una camisa elegante, fresca y cómoda.   

El intenso comercio entre Cuba y Yucatán trajo consigo el uso de una prenda conocida como yayabera. Esta costumbre es atribuida a Pedro Mercader Gausch, quien decidió confeccionar la camisa con diseños alforzados, dos bolsas delanteras superiores con tapas y botones, anchas bolsas inferiores y en color blanco. Nombró a esta camisa de vestir como guayabera.

En el siglo XIX la demanda de las guayaberas tuvo una gran alza por lo que también hubo un incremento en el número de fábricas, muchas instaladas en Mérida, conocida como la Capital Mundial de la Guayabera. Una de las fabricas más importantes es Guayaberas Cab empresa que ha elaborado diferentes modelos para presidentes y distintas personalidades.

Para elaborar una guayabera los artesanos primero marcan en la tela las guías para después cortarla y empezar a hacer las alforjas – ornamentos verticales que van al frente de la camisa – distintivas de la guayabera, a continuación se unen las mangas con el torso. Si la guayabera lleva bordados se hacen a mano, posteriormente se hacen los ojales y por último se montan los botones que pueden ser de diferentes materiales como concha nácar e incluso plata en las más finas.

 

Filigrana de oro y plata

Durante el siglo XVI, junto con los conquistadores españoles, llegaron maestros orfebres que comenzaron a trabajar en la elaboración de objetos cotidianos como cubiertos de plata y ornamentos eclesiásticos como cálices, incensarios y candelabros. Más tarde, los artesanos confeccionaron alhajas y toda clase de joyería en plata y oro. Una de las especialidades de la orfebrería que terminó por perfeccionarse en Yucatán fue el arte de la filigrana, es decir, la fabricación de joyas utilizando frágiles hilos de plata y oro.

Sin duda, una de las expresiones más bellas de la orfebrería yucateca son los rosarios de cuentas huecas o de coral engarzados en filigrana. Además de los rosarios, también se elaboran pendientes, arracadas, collares, anillos y prendedores en forma de roseta.

El terno yucateco, símbolo de la cultura del Mayab

El terno es el atuendo de fiesta de las mujeres en Yucatán. El terno, como su nombre lo indica, consta de tres piezas elaboradas en algodón: jubón, huipil o kub y fustán.

El primero es un cuello cuadrado, sobrepuesto al huipil, se trata de una pieza bellamente decorada con motivos bordados. El huipil es un vestido cuadrado, unido lateralmente dejando espacio para brazos y cabeza, que cubre el cuerpo de la mujer hasta media pierna. La parte inferior está decorada de igual forma que el jubón con vistosos bordados.

Por último, el fustán, es un medio fondo rizado que se ajusta a la cintura, debajo del huipil, llega a cuatro dedos de los tobillos y es decorado con encaje y bordados. El bordado se puede hacer de diferentes tipos, el más complicado es el punto de cruz, elaborado a mano. Los bordados se combinan, en ocasiones, con la técnica de "manicté" (del maya xmanikté): calado o deshilado a mano para formar figuras o flores mediante amarres.

 

 

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