Antes de entrar a misa, las mujeres cubren la cabeza con el rebozo. En la plaza una chica cortejada muerde con coquetería los rapacejos, bajo la sombra de los sicomoros. En mercados o tianguis, las mujeres cargan en esta prenda mestiza frutos cultivados en nuestras fértiles tierras. Otras llevan a sus niños en la espalda o los acunan en este manto como un cielo jaspeado, mientras cocinan junto al fogón, recogen leña o lavan en la rivera del río.

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