La China Poblana, Identidad mexicana

El atuendo tradicional de la china poblana incluye una blusa blanca con labores de deshilado y bordado de seda, y chaquira con motivos geométricos y florales en colores vivos. La blusa es escotada y muestra una parte del cuello y de su pecho. Además, traen sobre sus hombros un rebozo, que bien puede ser de seda o de bolita. La china complementa su indumentaria con oropeles y joyas que adornan orejas, el pecho descubierto y sus manos.

En el año de 2009 un grupo de personas integró el Comité Pro Día de la China Poblana, con la finalidad de establecer una fecha conmemorativa para rememorar, estudiar y difundir el valor histórico y cultural de Catarina de San Juan, la mítica China Poblana. Este grupo consiguió que se declarara el 9 de septiembre como día de la China Poblana. Durante esta celebración se organizarán desfiles, actividades artísticas y culturales en honor de esta figura femenina que simboliza la identidad nacional.

La invención de Catarina de San Juan

Cuenta una leyenda que don Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués de Gelves y Virrey de la Nueva España entre 1622 y 1624, solicitó traer de las Filipinas una jovencita oriental que estaría bajo su servicio, para poseer algo tan hermoso como “los papagayos en su jardín”. Un ambicioso mercader de la Nao de China, con la intención de cumplir el deseo del Virrey, consiguió una princesa del reino del Gran Mogol, una niña de nombre Mirra.

En el trayecto rumbo a Manila, Mirra fue raptada por piratas y llevada a una provincia en el sur de la India. Mirra logró escapar de sus captores y se refugió en una misión jesuita, donde fue bautizada con el nombre de Catarina de San Juan. Tras numerosas vicisitudes, Catarina llega finalmente al puerto de Manila y, junto con el mercader, zarpó hacia la Nueva España.

Después de desembarcar en Acapulco, ya camino a México, el codicioso mercader recibió una propuesta del capitán Miguel de Sosa, quien vivía en Puebla: le ofrecía por la chinita diez veces más que lo pactado con el Virrey Carrillo de Mendoza. Así, Catarina se quedó en esta ciudad con remates de Talavera.

El capitán Miguel de Sosa y su esposa terminaron por adoptar a Catarina. Los vecinos estaban asombrados con la belleza de la chinita y sentían cierta curiosidad por su forma de vestir, pues Catarina continuaba utilizando el sari, un lienzo de seda ligero, que usaba para cubrirse. Este manto posiblemente dio origen al traje de china poblana. Unos pocos años después de su llegada, don Miguel de Sosa murió, dejando en su testamento la orden liberar a Catarina.

Catarina fue acogida en un convento donde, se dice, comenzó a tener visiones de la Virgen María y el Niño Jesús. La chinita Catarina murió el 5 de enero de 1688 a la edad de ochenta y dos años. En la actualidad, el Templo del Espíritu Santo, o de la Compañía, en Puebla, es conocido como La Tumba de la China Poblana, pues en la antesala de la sacristía, empotrados en una pared, reposan en una cripta los restos mortales de Catarina de San Juan.

Para la investigadora e historiadora Oralia Cerón, la leyenda de la China Poblana sigue siendo un misterio. “Hay muchas corrientes sobre el origen de la china, hay otra en la que se habla de la tradición oral y versa sobre un personaje que existió en la Puebla del siglo XVI, hay quien dice lo contrario y que las chinas eran personajes que se les denominaba a mujeres de pueblo, son muchas teorías”.

La china poblana, embajadora de México

El traje de china poblana evolucionó con el tiempo. En la Colonia, las sayas encarnadas fueron muy populares en materiales como rasos, satén y brocados para las aristócratas, y otros textiles para las mujeres del pueblo. El adorno con lentejuelas fue empleado en largos lienzos a base de retículas, sobre todo para faldas, que se elaboraban con un tipo de lana ligera denominada castor, por la semejanza que tiene con la suavidad del pelo de este animal, según indica la Real Academia de la Lengua Española.

Las apreciadas chaquiras, también llamadas abalorios o chinitas, se importaban de Oriente y de la isla de Murano, en la costa de Venecia. Bordados de flores y otros ornamentos que procedían de la tradición indígena y oriental adornaron las blusas de algodón blanco y raso de seda.

La investigadora Teresa Castelló Yturbide señala que a principios del XIX, debido a lo angosto de la tira, el castor se hilaba en telar doméstico, y se teñía con grana que en la mayoría de los casos era roja. Para conseguir el largo deseado de la falda se le agregaba una franja de raso en un tono contrastante. Debajo de ésta se utilizaba al menos una enagua que terminaba enpuntas enchiladas, es decir un ribete de picos.

El atuendo tradicional de la china poblana incluye una blusa blanca con labores de deshilado y bordado de seda, y chaquira con motivos geométricos y florales en colores vivos. La blusa es escotada y muestra una parte del cuello y de su pecho. Además, traen sobre sus hombros un rebozo, que bien puede ser de seda o de bolita. La china complementa su indumentaria con oropeles y joyas que adornan orejas, el pecho descubierto, y sus manos.

En 1894, siendo Presidente Porfirio Díaz, se lanza una convocatoria para elegir los trajes distintivos de México, y resulta ganador en la categoría masculina, los arreos del charro de Jalisco, y en el caso de la mujer, la famosa china, ya con lentejuela y motivos de flores. El traje típico apareció por primera vez el 18 de septiembre de 1896 y fue diseñado por Pedro Rincón Gallardo.

Posteriormente, el General Álvaro Obregón, presidente de México entre 1920 y 1924, decretó que la imagen del charro y la china poblana fueran representativas de nuestro país. La china poblana se convirtió en símbolo de la feminidad mexicana.

En la difusión del traje de china poblana como elemento de identidad nacional, se han sumado celebridades de nuestro país y extranjeras: la Marquesa Calderón de la Barca, sus ministros imploraron que no utilizara el colorido atuendo por temor a las murmuraciones; la bailarina rusa Ana Pavlova, quien con zapatillas de ballet y el vestido tradicional ejecutó el jarabe tapatío; las divas de la pantalla grande y de las artes escénicas como María Conesa, Mimí Derba, María Caballé, Lucha Reyes y María Félix; además de cientos de niñas que visten aún el atuendo en la fiesta del Corpus Christi y en los bailes escolares del 16 de septiembre.

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