¡Alebrijes!: fantasía y seres mitológicos en el Arte Popular Mexicano

La imaginación de la humanidad a lo largo de los siglos ha sido ilimitada al momento de desplegar su inventiva para crear seres fantásticos. Criaturas imaginarias han sido parte de casi todas las civilizaciones. Los pueblos han creado un mundo de figuras míticas inspirándose en la fauna que los rodea. Muchos de estos mitos se han transmitido oralmente, otros por bestiarios medievales que describían animales tanto reales como imaginarios.

 En el caso de México la mayoría de estos mitos han sido trasmitidos por la tradición oral; un ejemplo de ello son las sirenas, damiselas acuáticas caprichosas, apasionadas, todopoderosas y despiadadas, que bajo un canto armonioso, y una apariencia tierna y débil, esconden debajo un demonio. Por ejemplo, en Metepec (Estado de México) se cuenta la leyenda de la Tlanchana; su nombre proviene de tiempos remotos y se deriva de tres voces del náhuatl: atl, agua; tonan, madre; chane, ser o espíritu mágico.

Existen otros relatos de seres sobrenaturales que genéricamente se les llama nahuales, los cuales siguen vigentes hasta nuestros días. En todo México existen varias clases de seres míticos como los chanes en Guerrero, los chaneques en Veracruz, los chuleles en los Altos de Chiapas y los aluxes en la región del Mayab.

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Por Sendy Castillo Castillejos/ MAP

¡Alebrijes! ¡Alebrijes!

Los artistas populares no han sido ajenos a estas creencias y en algunas ocasiones también reflejan en sus obras a estos seres míticos, dotándolos de los atributos que imaginan o por relatos  y leyendas que conocen. Sin duda, los conceptos diabólicos y nahualescos han servido de inspiración para los artistas populares. Un ejemplo muy claro de ello son los artesanos del barro y los Alebrijes, figuras consideradas como animales fantásticos, originarios de México; conjunción de lo real y lo imaginario que funde caprichosamente diferentes criaturas en un sólo cuerpo que representa una propuesta estética y a la vez simpática, derivada de la combinación de formas y colores.

Existen varias versiones acerca de su verdadero origen, la más difundida es la de los Linares, que según cuentan sus descendientes; Pedro Linares, cartonero radicado en la Ciudad de México, enfermó de gravedad escuchando en sus delirios la exclamación de estas criaturas: “¡Alebrijes! ¡Alebrijes!” comenzando así su tradición familiar.

Otra versión es la de la familia Jiménez, quien afirma que desde 1927 cuando Manuel Jiménez era un niño, tallaba en madera figuras con una navaja en sus tiempos libres mientras trabajaba en el campo; tiempo después comenzó a venderlas en casas de Oaxaca y en 1957, un norteamericano conoció su trabajo y le dio la oportunidad de llevarlo al extranjero.

Por Sendy Castillo Castillejos/ MAP

Una versión más habla sobre el pintor mexicano José Antonio Gómez Rosas, apodado “El Hotentote”, que en su paso por la Academia de San Carlos, en donde se organizaba anualmente un baile de máscaras, se le pidió una serie de telones, por lo que encargó a su cartonero Pedro Linares que hiciera una nave y un Alebrije. Ante esta petición Linares le preguntó al pintor cómo hacerlo, a lo que este le contestó: “toma un Judas, y ponle cola y alas de murciélago”. En las pinturas de “El Hotentote” frecuentemente aparecen figuras zoomorfas y fantásticas, en las que se combinan partes de reptiles, aves, anfibios, insectos y mamíferos, al igual que diferentes épocas y estilos.

Dado que la cartonería es un oficio originario de la Ciudad de México, también se piensa en la posibilidad de que, debido a la influencia del barrio chino y los dragones de esta cultura, surgieron los Alebrijes.

No es posible precisar cuál es el origen real, ya que como hemos visto los seres fantásticos no son exclusivos de alguna civilización o época. Lo importante es que al día de hoy los Alebrijes son una artesanía que fascina y sorprende tanto a nacionales como extranjeros.

Los Alebrijes se fabrican en dos ramas artesanales, principalmente en cartonería, que es representativa de la capital del país y madera tallada, en San Antonio Arrazola, Oaxaca.

¡La obra de nuestros artesanos se valora cuando se conoce: Ven al MAP! 

 

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