El traje charro, orgullo mexicano

El charro es el símbolo nacional, orgullo montado a caballo, con sombrero de ala ancha y cuatro pedradas, corbata de lazo al cuello, sarape de Saltillo al hombro, reata a un costado, armado con pistola, machete y espuelas, una guitarra como compañera. Siempre preparado para lazar un novillo o una yegua arisca. En el campo se escucha su canto, entonando los versos de José Alfredo Jiménez. El charro es el espíritu de un México alegre, valiente y siempre vivo. Ser charro es ser mexicano.

Salvador García Hernández, 1 Enero 2014

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El traje charro, atuendo nacional, ha ido evolucionando. Sus inicios los encontramos en la ropa sencilla de los arrieros y en las vestimentas de faena de los chinacos, quienes lo mismo contrabandeaban con tabaco o entregaban la vida, defendiendo los principios libertarios de los insurgentes durante la guerra de Independencia de 1810.

Las características principales de la vestimenta de los chinacos eran un sombrero de copa baja, con ala ancha y toquilla gruesa; camisa clara con cuello, mangas amplias con puños; calzón de populina blanco con pliegues, adornado con orilla de encaje y pantolanera por encima del calzón, prenda de tela resistente o gamuza, con aletón, resaque de tela a los lados del pantalón, y una abertura a lo largo de la pierna. Se trataba de una vestimenta propia para las labores del campo.

En 1864, tras la intervención francesa en México, comienza la aventura imperial de Maximiliano de Habsburgo y la emperatriz Carlota. Fue el emperador Maximiliano quien influenció de forma determinante, la manera de vestir de sus súbditos mexicanos, dando su toque personal a este atuendo de faena de los chinacos.

El traje charro se enriqueció con la elegancia del emperador. Las prendas se confeccionaron en telas finas, se incluyeron elementos como las botonaduras de oro y plata, alamares de hilo de oro en el aletón; se adornó el sombrero y se combinó con los detalles de la cabalgadura, modificando la montura hasta entonces utilizada, al elaborarse la silla de montar con pieles u herrajes ricos en oro y plata. Estas aportaciones marcaron la línea del actual traje charro.

Hoy en día, el traje charro está reglamentado por la Federación Mexicana de Charrería, organización con más de 70 años de tradición. Las variantes que pueden presentarse en el diseño del traje charro son de acuerdo a la ocasión. Esta el traje de faena que se caracteriza por la sencillez de sus adornos que sólo pueden ser de gamuza, cuero o hueso. Se usa camisa estilo pachuqueña o de cuello doblado, siempre en color blanco o hueso. Los botines deben ser del color del cueraje de la silla, es decir, miel, café o bayo.

El traje de media gala, adornado con seis mancuernas de plata en el pantalón y seis en la chaquetilla, además de un broche.

El traje de gala que lleva botonadura completa en el pantalón y chaquetilla y botines negros. El traje de gran gala, confeccionado en gamuza o casimir, se distingue con un broche y hasta seis mancuernas en mangas, botonadura completa en el pantalón cachiruleado, es decir, engalanado con grecas, todo en colores sobrios. El traje de etiqueta, elaborado en casimir negro, botonaduras completa de plata y revolver con cachas de plata o nácar y dragona. Los colores permitidos para el traje charro son el café, azul oscuro, marrón y verde seco. El traje negro está reservado sólo para ceremonias.

El charro es el símbolo nacional, orgullo montado a caballo, con sombrero de ala ancha y cuatro pedradas, corbata de lazo al cuello, sarape de Saltillo al hombro, reata a un costado, armado con pistola, machete y espuelas, una guitarra como compañera. Siempre preparado para lazar un novillo o una yegua arisca. En el campo se escucha su canto, entonando los versos de José Alfredo Jiménez. El charro es el espíritu de un México alegre, valiente y siempre vivo. Ser charro es ser mexicano.

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