México visto desde el cielo: ¡Pies para qué los quiero si tengo alas pa´vo.

Parapente

Frida Kahlo escribió la famosa frase en su diario de 1953, un año antes de morir, sobre una acuarela en tonos ocres cuyo dibujo representa un pie depositado sobre el otro, refleja el carácter indómito y apasionado de la pintora mexicana, ícono de las mujeres libres. Los límites físicos que Frida sufrió no marcaron su imaginación ni su espíritu, siempre a la vanguardia de la experimentación en las artes y la vida.

Frida representa el espíritu vivo en los mexicanos que cada vez gustan más de los deportes extremos por aire, tierra o agua. Los múltiples ecosistemas del territorio nacional han permitido el desarrollo del turismo de aventura así como la práctica aficionada o especializada que, incluso, ya son consideradas celebraciones de la vida cotidiana con valor emocional tales como un cumpleaños o una boda.

Los cielos azules o grises del otoño a la primavera son los mejores para las prácticas deportivas extremas en el aire. Las corrientes de aire suelen ser tranquilas y la presión atmosférica es previsible según las instituciones nacionales encargadas del monitoreo del clima. Para abandonar el suelo y abrir los brazos hay prácticas populares como el paracaidismo, el salto o caída libre, el vuelo aerostático y el ala delta o parapente.

 Por Marlene Diveinz 

En abril y antes de cumplir 42 años me lancé del paracaídas. Debo decir que vivo de forma simple. No manejo un automóvil, me caigo de la bicicleta cada vez que hago el intento y, por supuesto, jamás me había subido a un ente volador hasta que, por azares del trabajo, me lancé al aire desde una avioneta Cessna que volaba sobre el lago de Tequesquitengo, en Morelos. Apenas había espacio para mi colega periodista, el piloto y por supuesto, nuestros respectivos instructores.

“¡La que entrevisto soy yo!”, le dije a Diego, mi instructor de paracaidismo. Quizá estaba tan nerviosa que me preguntó algo más que mi nombre, edad y por qué deseaba lanzarme del paracaídas. Fui de las últimas de un equipo de periodistas que cubría el lanzamiento de un vodka francés. Ya tenía los arneses puestos, había tomado nota de los pasos a seguir apenas alcanzáramos más de 2000 pies de altura y no sabía si rezar o reír. En segundos perdimos tierra y alcanzamos la altura necesaria. Era nuestro turno.

“Pie derecho. Luego el pie izquierdo. Te lanzas. Estoy a tus espaldas”, dijo el instructor, Diego. Es un reto poner un pie sobre la nave en movimiento que semeja el vuelo de un pato salvaje. Una cosa es contemplar el vuelo de mi ave favorita y otra ser el vuelo. Albert Einstein decía que el tiempo es relativo, pero los segundos de caída libre adquieren otra dimensión. “Ya puedes gritar”, dice Diego. “Abre tus brazos, ahora. Un brazo, el otro. Respira. ¡Quítate los lentes! ¡Siente!”. 

Confieso que deseo permanecer en el aire. Diego me ha cedido los controles del paracaídas. A la izquierda, a la derecha, bitácora de vuelo. Jalar la correa de uno u otro lado permite una dirección determinada por el viento. El lago de Tequesquitengo refleja el azul soleado sobre nuestras espaldas. Es tiempo del descenso. Sé, que aunque insista en unos segundos más, es imposible. Una nunca sabe la acumulación de grasa en tan pudenda parte, hasta que pies arriba y sin un rasguño, las posaderas besan el suelo. Es el aterrizaje. Confieso que he vivido, como Pablo Neruda. “¡Gracias, Diego! ¡Aquí estamos!”.

Alas pa’ volar: Data

Paracaidismo. Cuando la avioneta o el helicóptero alcanzan los 13 mil pies de altura (estándar internacional), el usuario salta en una caída libre durante unos segundos mientras se abre el paracaídas para garantizar un descenso suave. Debe ser acompañado por un instructor calificado, excepto si el practicante tiene certificación. Se puede realizar en Morelos o Hidalgo, o bien, sobre los mares de Sinaloa o Quintana Roo.

Globo aerostático. Cuando los hermanos Montgolfier elevaron una bolsa esférica llena de aire caliente en 1783 nunca imaginaron que sería una de las prácticas más celebradas de las sociedades contemporáneas. El Festival Internacional del Globo, en León, Guanajuato, es el más famoso del país ya que cada año y durante cuatro días los amaneceres de noviembre se iluminan con el fuego de 200 globos en el Parque Ecológico Metropolitano de la ciudad. Hay posibilidades de ser tripulante y convivir con pilotos provenientes de todo el mundo con unos simples requisitos que se pueden consultar en la página oficial del evento.

Ala delta. Es un aparato construido para realizar vuelos sin motor, cuyo despegue y aterrizaje se efectúan a baja velocidad, realizados a pie. El punto de partida comienza en las orillas de una ladera, se planea siguiendo las corrientes de aire que permiten el ascenso y posterior aterrizaje cerca del lago de Valle de Bravo, un pueblo mágico en el Estado de México rodeado de montañas y un clima templado la mayor parte del año. Se puede practicar acompañado de un piloto debidamente entrenado que en todo momento está atento a las fuerzas del viento y la altitud con el apoyo de instrumentos como el barómetro, un GPS y paracaídas de emergencia. En este lugar se puede practicar en el club fundado por Rudy Gotés, campeón internacional, donde se garantiza una experiencia inolvidable.

 

 Por Marlene Diveinz 

 

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