Pesca deportiva en Sinaloa Catch and release

Aventura y Pesca en Mazatlán

En la pesca deportiva se mide voluntad y fuerza. Por un lado, la perseverancia del deportista; por el otro, la tenacidad del pez. Los invitamos vivir la emoción de esta actividad. Además, en Sinaloa tendrá oportunidad de pescar un ejemplar tan grande que no tendrá necesidad de mentirle a sus amigos.

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Esteban Raymundo González, Junio - Agosto 2014

Fotos: Geronimo Ceballos, Alan Dekk

Muy temprano por la mañana, abordamos nuestro transporte en la ciudad de Culiacán, capital de Sinaloa, y seguimos las antiguas vías del ferrocarril conocido como el Tacuarinero. En menos de una hora, llegamos a la Bahía de Altata, en el municipio de Navolato.

Durante el siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, Altata fue uno de los puertos de altura más importantes en el Pacífico. Ahora es un apacible poblado que ofrece a sus visitantes, entre otras actividades, pesca en estero y en mar abierto.

En Altata, como en otros destinos para pesca deportiva de Sinaloa, se practica el catch and release, es decir, captura y liberación. Esta modalidad utiliza técnicas de conservación como el anzuelo sin rebaba. Los peces son desenganchados con facilidad y se devuelven al agua antes que experimenten agotamiento o lesiones graves.

Después de un desayuno en el restaurante del Altata Bay Club Náutico, salimos en una embarcación para atravesar el estero, rodeado de abundantes manglares, y adentrarnos más de 10 millas náuticas, poco más de 20 kilómetros, en el océano. Nuestra meta es llegar a la zona de pesca del dorado, un guerrero corpulento de tonalidades anaranjadas, verdes y plateadas. Algunos ejemplares llegan a pesar 25 kilos y medir más de un metro.

Sobrevuelan las primeras aves migratorias de la temporada. Las aguas de la bahía son generosas todo el año si se trata de especies marinas como róbalo, pargo y corvina. Sin olvidar una extensa variedad de moluscos: callo de hacha, ostiones, almeja chocolata y almeja chiluda, exquisiteces que pueden degustarse recién salidas del mar.

Continuamos nuestro viaje hacia el inmenso azul. Nos acompañan juguetonas toninas, un género de delfín. Pasamos frente a Isla Cortés, importante desarrollo turístico e inmobiliario que cuenta con club de playa, marina para yates, botadero y hangares con todos los servicios.

Avanzamos a gran velocidad, dejando tras de nosotros una estela de blanca espuma. Salimos de la seguridad de la bahía, entramos a mar abierto. El cielo zafiro y el Pacífico convergen en un infinito horizonte. Enfrentamos el carácter indomable del océano.

El oleaje es tan fuerte que levanta la proa y mece de un lado a otro la nave. El capitán, hombre curtido por el viento marino, bromea con el constante vaivén y prepara las cañas. Arroja las líneas, señala un punto distante y nos cuenta sobre su fugaz encuentro con una ballena gris.

Especulamos con la fortuna, pues en este deporte predomina el azar. Ante las expectativas, resulta inevitable recordar una de las escenas de El Viejo y el Mar, del escritor estadounidense Ernest Hemingway: el gran pez salió del agua y Santiago, protagonista del relato, admiró el reflejo del sol sobre la cabeza del picudo, el lomo color púrpura con franjas azules y la espada tan grande como un bate de béisbol.

La brisa nos golpea el rostro. Una cerveza es bienvenida. De pronto un sorpresivo tirón. La caña se arquea, el cordel se desenrolla con rapidez. ¡Un dorado! Inicia el primer round de la pelea. Con el apoyo del arnés arrastramos a nuestro contrincante. El magnífico pez combate, jala el señuelo y salta. La euforia se desborda, acelera el ritmo cardíaco, un golpe de adrenalina sacude los sentidos. Tiramos línea, colocamos el pulgar sobre el cordel y giramos la manivela del carrete. Tras una larga resistencia, conseguimos someter al dorado. En cubierta, extraemos el anzuelo y lo tomamos por el vientre para no dañar sus agallas. Medido y pesado, después de una fotografía, liberamos al rudo peleador. Excitados por la experiencia, regresamos al muelle de Altata.

Un dorado es un rival de respeto, sobre todo para principiantes como nosotros, pero capturar un picudo es una verdadera hazaña. Para este tipo de proezas, los deportistas experimentados prefieren Mazatlán, puerto conocido como la Perla del Pacífico y Capital Mundial del Marlín.

Mazatlán es el destino perfecto para la pesca de marlín, pez vela, atún, dorado y lobina, entre otras especies. En el club de yates de El Cid Resorts encontramos todas las facilidades para aventurarnos mar adentro, más de 20 millas náuticas, y desafiar potentes rivales: el marlín puede pesar más de 600 kilos y desplazarse a 80 km/h, y el pez vela alcanza los 100 kilos y nadar a más de 100 km/h.

La estrategia para capturar un marlín, aconseja uno de nuestros acompañantes, es obligarlo a morder la carnada y enfrentar con coraje la carrera, momento preciso en que el pez exhibe todo su poder y energía. Al sentirse atrapado, el marlín arrastra, salta del agua y sacude con fuerza la cabeza. Además de aparejos resistentes, nada más recomendable que una línea entre las 750 y 800 yardas, unos 685 o 781 metros para maniobrar.

Pelear con un marlín es un combate que puede durar varias horas, no exento de vicisitudes. En realidad son contados los que consiguen vencer a uno de los adversarios más apreciados en este deporte. El marlín capturado es jalado hasta la lancha. Con precaución se le toma por el pico, se desengancha y es liberado.

Un papel importante lo desempeña el operador del navío, pues debe contar con la pericia suficiente para controlar la marcha y velocidad, acorralar, tensar la línea, perseguir y cansar al pez. La comunicación entre el deportista y el capitán es imprescindible para lograr el éxito.

La pesca deportiva es una actividad recreativa que puede disfrutarse en un ambiente más relajado. Una opción son los campamentos como el Anglers Inn, instalado en la presa El Salto, en el municipio de San Ignacio.

Anglers Inn se distingue por la pesca de lobina variedad florida, introducida en la región. Este desarrollo turístico ofrece hospedaje, atención personal, servicio de restaurante, tienda especializada, embarcaciones y operadores.

En esta ocasión, después de embarcarnos, descubrimos paisajes contrastantes en un espacio tranquilo y silencioso. Muchos consideran este sitio como la Meca en México para la pesca de lobina florida, ya que pueden capturarse ejemplares de hasta 10 libras, poco más de 4 kilogramos. Esta especie se caracteriza por su temperamento territorial y agresivo. Es un pez de cuerpo robusto con grecas y listones a los costados que bien pueden ser negros o verdes.

La naturaleza belicosa de la lobina florida resulta atractiva para los deportistas. Uno de los momentos más emocionantes es cuando muerde el señuelo, tira con fuerza de la línea y brinca casi un metro fuera del agua. Al igual que en Altata y Mazatlán, en El Salto se practica el catch and release para mantener la población de lobina. Una experiencia recomendable para padres e hijos.

En la pesca deportiva se mide voluntad y fuerza. Por un lado, la perseverancia del deportista; por el otro, la tenacidad del pez. Los invitamos vivir la emoción de esta actividad. Además, en Sinaloa tendrá oportunidad de pescar un ejemplar tan grande que no tendrá necesidad de mentirle a sus amigos.

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